Ignacio Hurtado Gómez
Lo de hoy es ser anti establishment
Jueves 4 de Mayo de 2017
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No cabe de duda de que lo de hoy, lo de moda, incluso tal vez lo más rentable o al menos lo más estratégico, políticamente hablando, es ser anti establishment, independientemente de la ideología que se profese, pues se puede ser anti sistema desde la derecha o desde la izquierda, desde los partidos o desde la ciudanía independiente.

En todo caso lo importante es ir en contra del sistema, o lo que representa éste, o por lo menos socializar que no se forma parte del mismo; se trata, pues, de ser disidente. Varias y variadas son las razones que acompañan estas afirmaciones.

En primer lugar se recordará el Brexit inglés, donde precisamente una de las muchas lecturas que se dieron es que los ingleses votaron en contra de que las élites siguieran determinando el rumbo del país
En primer lugar se recordará el Brexit inglés, donde precisamente una de las muchas lecturas que se dieron es que los ingleses votaron en contra de que las élites siguieran determinando el rumbo del país
(Foto: Especial)

En primer lugar se debe tener presente que en un plano informal el establishment representa a los grupos dominantes, a las élites políticas, bien pueden ser los poderes fácticos, o bien los institucionalizados como los partidos políticos –recuérdese la Ley de Hierro de la Oligarquía de Robert Michels– y que tratan de mantener el orden establecido. Algunos dirán que es más de lo mismo y de los mismos.

¿Por qué es malo el establishment o pertenecer a él?



En sentido estricto, tal vez no sea tanto el establishment, sino lo que representa en sí mismo, pues ya lo hemos dicho en otro momento. Aquí y acullá, tanto la democracia como forma de gobierno, como los partidos políticos en cuanto instituciones políticas y los mismos gobiernos se encuentran en crisis por diversas razones.

Ya incluso –como un dato no menor– habíamos hablado en otra entrega de aquellas falsas promesas que la democracia nos quedaba a deber en términos del pensamiento de Norberto Bobbio, y que a la fecha, ante la realidad que respiramos adquieren una dimensión nada desdeñable, por ejemplo, el que en muchos casos por el pluralismo que vivimos tenemos muchos centros de poder; que en otros casos tenemos una deficitaria representación política real muchas veces desviándose a una representación de intereses; que en otros más, las oligarquías siguen dominante en lo político y en lo económico; que en unos más, el espacio de la democracia y de la política se ha limitado para que el ciudadano participe en la toma de decisiones; que los poderes invisibles, en otros casos, siguen más que visibles y actuantes, y que por último, la educación de la ciudadanía y con ello el reino de la virtud nomás por ningún lado.

Sin duda palabras proféticas las de Bobbio en cuanto al desplazamiento del poder político por la economía de mercado, así como el escaso rendimiento del sistema democrático que se ha traducido en ingobernabilidad frente a las innumerables demandas de la sociedad civil, lo cual va de la mano con el desmantelamiento gradual del Estado de bienestar y la incapacidad de los gobiernos a responder, bien por burocracia, o bien por excesos.

Pero además tenemos que las crisis ideológicas de los partidos no son ajenas a estos tiempos, y bien se puede hablar de los mexicanos, también podemos traer a cuentas a los partidos políticos franceses que, por ejemplo, en la elección de hace una semana fueron prácticamente borrados del mapa político.

Tal vez otro factor que habría que considerar es el tema de la comunicación política, y particularmente el papel que hoy juegan las redes sociales en la construcción de una ciudadanía más activa.

Así pues, es evidente que las cosas, en muchas partes del mundo, no caminan como se espera, como debieran o como se desea, y esos y otros factores son los que provocan un rechazo al sistema, a lo establecido, a lo de siempre, independientemente que sea de un color o de otro. Aquí y en el imaginario social muchas veces nadie se salva.

Como sea, es un hecho que el establishment se ha levantado sobre realidades que de alguna y otra forma se van presentando en diversos lugares con tonalidades e intensidades distintas, pero que al final encierran una esencia que requiere un análisis mucho más detallado de lo que aquí se pretende.

Sin embargo, insisto: lo de hoy es ir contra el sistema, es autoadscribirse ideológicamente hablando como anti establishment.

¿Cómo se comprueba lo anterior? Vayamos a ejemplos rápidos y solamente en la parte que nos interesa.

En primer lugar se recordará el Brexit inglés, donde precisamente una de las muchas lecturas que se dieron es que los ingleses votaron en contra de que las élites siguieran determinando el rumbo del país, particularmente en su relación con la Unión Europea, o que las decisiones importantes se estuvieran tomando fuera de Inglaterra. Fue una decisión en contra del sistema.

Luego vino el “no” de Colombia, donde sustancialmente los colombianos fueron en contra de los llamados acuerdos de paz, en que para la mayoría no prevalecía la justicia en la medida de que muchos años de miedo no podían quedar en el olvido tan fácil y generando en automático privilegios al grupo armado.

Luego llegó la elección norteamericana, en la que Trump se alzó con el triunfo principalmente con un discurso antisistema, en contra de una candidata que precisamente su principal debilidad era representar al sistema, aunque curiosamente ahora es precisamente el propio sistema quien viene acotando lo que parecieran algunos excesos de su parte.

Y por último, el ejemplo más fresco es la elección francesa, donde el principal derrotado fueron los partidos políticos tradicionales que representaban al sistema, los liberales y los conservadores, y en la que dos discursos antisistema, el de Le Pen y el de Macron, fueron los dominantes y los que pasaron a la segunda vuelta, una con tendencia anti europea y otro en favor de fortalecer la Unión Europea, pero al final, antisistemas.

Así pues, insisto: lo de hoy es ser antisistema. Habrá que ver en los siguientes meses quién de todos nuestros aspirantes –con o sin populismo de por medio– se ubica en esa posición del espectro político, y quién de ellos termina vendiendo de mejor manera esa idea y esa imagen anti establishment. Al tiempo.

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