Julio Santoyo Guerrero
Desafío al Estado
Lunes 15 de Mayo de 2017
A- A A+

No se equivocó quien en el siglo XIX utilizó la palabra "fiebre" para designar la ambición enfermiza de quienes en el Oeste estadounidense buscaban oro en tropel a pesar de la improbabilidad de encontrarlo. Y ha ocurrido así en diversos momentos de la historia de la humanidad. Hubo una fiebre del caucho, también la hubo del henequén, del algodón, de las maderas preciosas, de las pieles, y también la hubo del mercado de esclavos. La codicia de acumular el máximo de riqueza monetaria en el mínimo de tiempo sin importar los medios y las consecuencias sociales y ecológicas ha sido su rasgo distintivo.

La protección del medio ambiente es un asunto del Estado, y no podría ser de otra manera porque la vida humana depende de él
La protección del medio ambiente es un asunto del Estado, y no podría ser de otra manera porque la vida humana depende de él
(Foto: TAVO)

La "fiebre aguacatera", estimulada por el constante crecimiento de la demanda en los mercados internacionales y nacional, es la enfermedad que tiene en vilo la prudencia mental de algunos agrocapitalistas locales y arrasa en su realización miles de hectáreas de bosques y está contribuyendo a la tragedia ambiental que desde hace años se viene acumulando en la entidad. De acuerdo con recientes datos de la Conafor, en 20 años Michoacán ha perdido mil 200 millones de hectáreas de sus bosques, es decir, una tragedia por donde quiera que se le busque mirar.

Así como la irracional y debocada fiebre del caucho, el carbón, el henequén o el algodón propiciaron la devastación y extinción de vitales áreas naturales del planeta y ocasionaron severos conflictos sociales y revueltas que si bien modificaron el trayecto político de las naciones, en el plano medio ambiental el daño fue irreparable y las consecuencias negativas las seguimos viviendo globalmente, la "fiebre del aguacate", presentada idílicamente al mundo como una actividad frutícola inocua y productiva, esconde su rostro monstruoso: la muerte de los bosques y las aguas cuando se instalan fuera de los umbrales de la sostenibilidad y al margen de las regulaciones legales; oculta la afectación a millones de pobladores que tarde o temprano terminarán expresándolo como conflicto social y político.

La protección del medio ambiente es un asunto del Estado, y no podría ser de otra manera porque la vida humana depende de él. El daño que se le ocasiona al medio ambiente significa un atentado a la vida de las personas. Desafortunadamente las regulaciones que la legislación mexicana ha hecho aprobar para que las instituciones ejerzan la protección son aún insuficientes y no alcanzan para frenar en el acto las depredaciones que los enfermos de codicia realizan para convertir en dinero la destrucción de nuestra biosfera.

No obstante, los preceptos jurídicos que el Estado mexicano ha adoptado son más que claros en la obligación que este tiene para proteger al medio ambiente y para sancionar a quienes lo destruyen. De tal suerte que todos sabemos que cortar un árbol sin permiso es un delito, que hacer cambio de uso de suelo también lo es, que contaminar está sancionado, lo mismo que destruir ecosistemas, y un largo etcétera. Pero cuando vemos actuar al poder del dinero quemando, deforestando y cambiando el uso de suelo en decenas o centenas de hectáreas a pesar de los operativos del Estado para frenar tales ilegalidades, lo único que podemos expresar con claridad es que están desafiando al Estado.

La voracidad de algunos huerteros, fundamentalmente aguacateros, que están viviendo con intensidad su enfermiza fiebre de codicia, los ha llevado a desafiar diariamente al Estado y a la sociedad, y sin descanso incendian y deforestan para luego intentar doblegar a las instituciones con el argumento de que los mueve la productividad y el progreso. Y para detener los operativos que por ley debe hacer el gobierno para desinstalar las huertas ilegales, han recurrido al vil engaño y aparentemente rendidos han ofrecido firmar acuerdos para resarcir daños ambientales y no hacer cambios de uso de suelo. En días pasados, huerteros de Villa Madero, Acuitzio y Tzitzio estamparon su firma con ese propósito pero sólo les importó un punto: detener los operativos. Pero el cambio de uso de suelo, la quema y la tala continuaron con el mismo vigor de siempre. Para ello es suficiente la fotografía que ilustra este texto y que da testimonio del cambio de uso de suelo en un predio de uno de los principales signatarios del acuerdo del 8 de mayo, predio localizado justo a un lado de otro extenso terreno en San Pedro, del municipio de Madero, que fue intervenido hace apenas tres semanas.

La devastación debe parar, el desafío al Estado debe ser contestado, las instituciones del gobierno tienen que reforzar sus actuaciones legales contra los delitos ambientales. Es vital que en todas las huertas ilegales se proceda a la clausura y cierre físico de las gigantescas hoyas y se obligue, con seguimiento público, a la reforestación de las hectáreas quemadas y taladas; es preciso que se publiquen los predios y los propietarios que han sido sancionados y que tienen la obligación de cerrar hoyas y reforestar.

La sociedad michoacana no puede aceptar el desafío y reto que hacen quienes están destruyendo el medio ambiente que sustenta la vida de todos nosotros. Es obligación del gobierno actuar y hacerlo con rigor. El desafío debe ser vencido.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
Comentarios
Columnas recientes

Culiacán, el síndrome

¿También las universidades?

La democracia del volado

Hablar y hacer

Sin futuro

Exhorto desde la capitulación

Hubo una vez un ritual del informe

A la escuela, punto y aparte

La arrogancia de la libertad

Uruapan y los límites de la imaginación

El presidente y la expansión ilegal del aguacate

Los extravíos tienen permiso

El gabinete florero

El aguacate de narco bajo la lupa

El árbol y los intocables

La celebración de la fe

Sospecha de quien diga que es sencillo

Algo anda mal

Morir por el oro verde

Frente a frente... y en soledad

Temporada de cañones

De la ira ambiental a las soluciones

Demonios del ecocidio: ambición, estupidez e impunidad

Sea por el medio ambiente

Es peor, es la costumbre

Propaganda mañanera

Agroquímicos, discreto daño colateral.

La diplomacia del silencio indigno

Silencio sobre la condición crítica de bosques y aguas

Tanta popularidad... cuestionados resultados

Bajo el propio riesgo (Para vivir en Madero)

Huexca, más allá de la polaridad

La izquierda y sus desvaríos

Rectificación no es derrota

La caída de los buenos

Los consensos de la fe y la herejía de Tlahuelilpan

El problema es el modelo energético futuro.

Al diablo con el medio ambiente

¿El perdón de la tierra o el respeto al estado de derecho?

La 4a Tambientalismo incoherente

La adaptación

De la abdicación a la imprudencia

No avivemos la hoguera

¡No puede ser de otra manera!

Simplismo y eficacia

El gobierno de Fuente Ovejuna.

El sindicato de Elba Esther.

Protagonistas de piedra

Carta al gobernador Silvano Aureoles

La relatividad del cambio

¡Pero si ya son gobierno¡

La reforma educativa es con Gordillo

¿Derogación educativa o moderada reforma?

Matando la lluvia a cañonazos

Electricidad, el olvido de los pioneros.

El nuevo consenso

También son dueños del cielo

La familia y el árbol

El impulso

Que prevalezca la paz

La alianza que no fue.

Encuestas: falibles o simple manipulación

Alemán y los límites de la libertad

El olvido electoral del medio ambiente

Manual para vencer la credulidad y la falsedad electoral

El obsequio michoacano para AMLO

La prioridad

Democracia dinástica

El agua, ¿asunto de seguridad nacional?

A quien corresponda: SOS, prevaricación ambiental

Elecciones limpias o ganar a toda costa

El arte del engaño y el caso Anaya

Los trabajos de los justificadores

Desdén suicida

Ni ven ni escuchan

¿La peor elección?

El rito de la fantasía del cambio

Época de oportunismo, demagogia y espejismos

Votos y nada más

La mayoría imposible

¿Ya en serio... cómo le van a hacer?

Nos quedan los atajos de la política mágica

La tierra es plana, el cambio climático es una mentira

Una Presidencia desierta

Entonces, ¿otra vez se perdió la guerra?

¡El agua se teñirá de rojo!

No se pierde lo que no se tiene

Estas nuevas independencias

Sí, ¿pero cuál es la fórmula?

El boom de los independientes

Nieves y Umécuaro, donde vale más un aguacate que la vida de una familia

Desbordados de fraternidad

Desde Madero, construyendo un Área Natural Protegida

La política que tenemos... y que somos.

Inseguridad, esa letal costumbre

El precio político del proteccionismo de Trump

Juegos de fuerza

Cada loco con su guerra

Acuerdo para recuperar los bosques

Gratitud a los maderenses

Líderes "ejemplares"

Escépticos, desconfiados e indignados

Contrarreforma ambiental

Los ecocidas son genocidas

¿Ganaron los aguacateros talamontes?

Justicia en obra negra

Hoy comienza

Creer en la democracia

El aguacate del narco

Desafío al Estado

Piromanía y codicia

Los padrinos del ecocidio

¡Que se jodan los bosques y las aguas de los michoacanos!

La espléndida guerra de Trump

El consenso antisistémico

La carcajada del aguacate ilegal

El poder de los ciudadanos

Sin concesión al ecocidio

Delincuencia ambiental... ¡organizada!

La sucesión presidencial y de cultura cívica

No cualquier unidad nacional

La defensa de México

El futuro está en el pasado

Dios salve de Trump a Estados Unidos y al mundo

Y sin embargo cambiamos

Furia sin cabeza

2017, el año del enojo social

Candidez de los buenos

La sucesión de la incertidumbre

La política del neoproteccionismo

La caja de Pandora que abre Trump

Beneficios de la debilidad institucional

Cuestión de confianza

¿Y después del repudio a la política y los políticos, qué?

Lobos del planeta

La ordinaria inseguridad

Gobierno de consenso para lo que falta

El arrogante Trump y el pequeño Peña

Dos largos años aún

Decreto para la popularidad

¿Diálogo o garrote?

¡Siguen ahí!

El discreto gasolinazo del débil presidente

¿Es que nuestros bosques morirán?

¿Como caballeros o como lo que somos?

Pintaron su raya

No es el conflicto en turno, es la ruta del país

No es la flama, es que todo está seco

La sacrosanta corrupción

Actualidad de la oposición