Francisco Lemus
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El riesgoso oficio de informar
Miércoles 17 de Mayo de 2017
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Descontando a los países en guerra, México es el lugar más peligroso para ejercer el periodismo pues en lo que va del año han sido asesinados tres periodistas. En 2016 fueron asesinados nueve, sólo uno menos que en Afganistán; el país más peligroso en ese año fue Siria, donde asesinaron en total a 19 comunicadores.

Aspecto de la marcha realizada por periodistas en la ciudad de Morelia
Aspecto de la marcha realizada por periodistas en la ciudad de Morelia
(Foto: Héctor Sánchez)

El dato de 2017 corresponde a Reporteros sin Fronteras, pero hay quienes señalan que ya son siete los periodistas asesinados en México. Sea cual sea la cifra, ser periodista es un oficio riesgoso en un país donde la inseguridad es generalizada, además que el Estado y grupos de poder suelen sentirse incómodos ante los cuestionamientos que el periodismo genera.

Existen muchos periodismos, desde el que se dedica a alabar al poder o hacer su trabajo sucio cuando es necesario, o el que es militante y por tanto comprometido con una causa determinada.

No existe un periodismo objetivo y neutro per sé, pero sí un periodismo crítico de las diversas posturas, cuya labor es exponer hechos y permitir que el lector utilice su criterio. Ese periodismo crítico suele ser incómodo para actores más allá de los gobiernos, lo es para los grupos criminales y también para las posturas autoritarias de la oposición.

Independientemente de las afinidades de cada quien, tener acceso a información fidedigna es una herramienta básica para la acción social, pero la información por sí misma no hace los cambios; dependerá del poder de los actores que esa información sirva o pase simplemente como un escándalo más, de esos a los que la opinión pública mexicana ya está más que acostumbrada.

Para los grupos de poder no es tan importante que haya periodismo real, la información la usan para chantajear o destruir a los adversarios, y si la información no existe ellos la pueden inventar. Quienes carecen de poder económico deben echar mano de la organización para tener acceso a la interlocución, sin esa organización esos actores son irrelevantes.

La mayoría de los mexicanos carecen de ese poder, es necesario en ese caso que haya organización para que la información pueda verdaderamente convertirse en un arma, pero tras años de que las organizaciones –ya sean partidos políticos, sindicatos o cualquier otra– se encuentren bajo constante ataque, no es de sorprender que hayamos llegado a esta situación.

Aunque haya respuestas de indignación de parte de los periodistas esto tampoco se equipara a la organización en aras de la protección del gremio. También aquí la doctrina neoliberal del “cada quien que se rasque con sus propias uñas”, ha hecho bastante mella con la principal consecuencia de estar desempeñando un trabajo de gran riesgo para que éste caiga al vacío de la sociedad desorganizada.

Esta para nada es una invitación al cinismo, sino a reflexionar sobre la relación que debe existir entre los periodistas y la sociedad, donde cada una de las partes le pueda exigir a la otra comprometerse. Por una parte, el compromiso de informar, por otra el de hacer valer esa información y honrar el trabajo periodístico en una época de gran riesgo para el oficio.

Sobre el autor
Francisco Javier Lemus Yáñez Es doctorante en Ciencias de la Sostenibilidad por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), maestro en Estudios Políticos y Sociales por esta misma universidad, y Licenciado en Economía por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). En 2010 inició sus labores como reportero de economía en Cambio de Michoacán, desde 2011 colabora con el segmento Visor en el cual trata temas de economía, política y sociedad. Es profesor de asignatura en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
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