Aquiles Gaitán
Desde el corazón
Martes 16 de Febrero de 2016
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Hablar del amor siempre reconforta, es un sentimiento que busca lo bueno de uno para el otro, de uno para los otros. Es emoción, es pasión, es deseo, es un impulso que despierta lo mejor del ser humano, pero no sólo del ser humano, sino de todos los animales que se reproducen amorosamente. El amor nos acompaña desde el día en que nacemos hasta que dejamos de vivir, ¡bueno! Eso en teoría, es lo que todos quisiéramos que fuera, es nuestro modelo deseado; para lograr eso se requiere pensar en el amor y ver en nuestras esposas o novias, en su caso, la representación del amor por excelencia del propiamente dicho amor que se deriva inexplicablemente en besos y caricias, en trato amable y cariñoso, en tomarse de la mano y mirarse a los ojos para conectar los sueños.

Existen temas universales que son abordados por artistas, escritores y poetas, de todas las épocas de la humanidad, el amor es uno de ellos, es el lugar común de la literatura, nadie se sustrae al influjo de tocarlo cada quien a su manera; hablar con originalidad del amor es tan fácil como inventar otra forma de rueda o encontrar la fórmula del agua en polvo.

Hacer el amor es una cosa y deshacer el amor no es lo contrario, es otra cosa. Tal vez quisiéramos decir lo que es, es y lo que no, pues no. Abrir los brazos como abrir las alas para dejarse llevar por la emoción de un beso o del aire que eleva el vuelo, de un cuerpo sin cuerpo, que en ese momento es luminoso.

Los ojos se cierran, cada quien se concentra en las sensaciones propias del momento de dar y recibir con la misma intensidad pero en sentido contrario, es la ley de la causalidad aplicada al amor incuestionablemente.

El amor llega sin que nadie lo llame, inesperadamente, el tiempo y el espacio se vuelven convergencia de dos miradas, de dos sonrisas, de dos deseos, de dos fuerzas contrarias, que se atraen como se atraen los metales imantados, de dos llamas de lumbre que se vuelven llamarada, de dos espejos en que reflejan su rostro los amantes.

Es todo y nada, intempestivo y sereno, alegría y melancolía, limpio y sincero, hoy y aquí, quizá mañana si lo cuidas, si forma parte de tus pensamientos; ¿habrá música amorosa?, ¿será una expresión del amor?, el impulso amoroso se transforma en melodía, así como las palabras del poetas se vuelven un cántico interminable por todos los confines del mundo; el amor está ligado al destino del hombre, a sus orígenes, a su evolución, a su supremacía. Desde el amor podemos entender un mundo diferente hoy que las virtudes teologales se vuelven discurso; la fe, la esperanza, la caridad, agregue usted la misericordia, que nos hace tener compasión de los males ajenos y eventualmente perdonar a quien lo merezca, porque aunque estemos llenos de amor, habrá otros que sean todo lo contrario o que cometan actos contra la vida y contra la sociedad y para ellos desde el amor, mi más profundo desprecio, mi amorosa condena, ¡la justicia! Por sobre todas las cosas.

No y mil veces no, el amor no busca la paz, busca la justicia, ¿acaso el amor no es la base de la familia? ¿Acaso no es la familia la base del a sociedad? Queremos la paz, pero para que exista paz debe haber justicia, lo digo hoy en la feria de las admoniciones y el redescubrimiento de la desigualdad y la miseria, en este momento del revisionismo que propone reinvertir la pirámide y olvidarse de las oligarquías; ¿podemos desde el amor cambiar el mundo? Habrá que intentarlo empezando por nosotros mismos y eso está complicado, la sociedad de consumo del materialismo propiamente dicho, no del materialismo dialectico, nos tiene condicionados a dar vueltas a la noria, cada día, para sacar el agua del sustento, la casa y el vestido. La historia de la humanidad es una historia de amor y desamor, de heridas y cicatrices; estemos conscientes de que el amor no puede vivir ni de recuerdos ni viendo hacia el pasado, el amor es presente y coherente en el pensar, el decir y el hacer, es el diálogo interior, es nuestro mundo que nos permite concebir los instantes fugaces de la felicidad y la alegría.

Cuando dudamos del amor, éste termina, se deshace, pierde su luz, se hace ruina. Puede nacer otro, pero diferente, temeroso, desconfiado, con nuevos sonidos y colores, pero siempre será otro, ajeno al diáfano y puro amor que es verdadero y cierto, transparente como es la mirada de los enamorados que los convierte en seres diferentes, tocados por la gracia del encantamiento.

¡Que el amor esté contigo! Es el principio del proceso en el que el hombre o la mujer se transforman en algo tan subjetivo como son los enamorados, soy tuyo y soy tuya, somos uno solo, soy tu y soy yo, soy tu pensamiento, eres mi desvelo, somos beso y abrazo, somos el silencio que nos une en medio de la noche, el corazón flechado por cupido que nos convoca a ser nosotros mismos, a contemplar cada mañana los amaneceres como se contempla la vida por delante, sin ausencias, en la búsqueda incesante de los momentos felices.

Quien viva sin amor está perdido, necesita encontrarse, necesita encontrar la única razón en este mundo que nos permite encontrar nuestra voz para decir ¡te amo! Espontánea y libre como son las cosas que se dicen desde el corazón.

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