Jerjes Aguirre Avellaneda
PERSPECTIVAS PARA 2018
¿Frente anti PRI o anti López Orador?
Viernes 26 de Mayo de 2017

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El “frente” anunciado recientemente por el PAN y el PRD como parte de los preparativos para las elecciones de 2018 vuelve a poner de manifiesto las formas y los contenidos con que se hace política en México, en el marco de una democracia donde los partidos y los políticos son objeto de dudas, desprestigio y aún desprecio por parte de los ciudadanos, en tanto que los procesos electorales son simplemente considerados como un “mal necesario”.

El hecho de que dos partidos políticos contrapuestos en lo que representan y proponen acuerden alianzas al margen de su identidad ideológica, muestra cómo la política ha quedado vacía de ideas, de principios, de valores, del “rollo ideológico”, como algunos expresan, hasta convertirla simplemente en medio de negociación en las “cúpulas”, al margen de objetivos compartidos por las militancias y los ciudadanos.

Los anuncios del PAN y el PRD para pactar y aliarse están provocando distintas reacciones y la probabilidad estadística consiste en que este solo hecho signifique la salida de muchos perredistas y su incorporación a Morena, o bien, en los hechos, otorgar
Los anuncios del PAN y el PRD para pactar y aliarse están provocando distintas reacciones y la probabilidad estadística consiste en que este solo hecho signifique la salida de muchos perredistas y su incorporación a Morena, o bien, en los hechos, otorgar
(Foto: Cuartoscuro)



En su Declaración de Principios, el PRD hace suyos “los aspectos más destacados” de la historia de México, así como las luchas del pueblo mexicano para construir “una nación libre, igualitaria, plenamente democrática, republicana e independiente”, en tanto que el PAN proclama su concepto de nación como “comunidad de comunidades” unidas por origen y destino, conciencia de pertenencia y afirmación de que la “persona humana” es la protagonista y destinataria definitiva de la acción política. No se sabe en consecuencia cuáles son las coincidencias de ese “rollo ideológico”, puesto que lo importante son los intereses “concretos” y “pragmáticos” de los “actores políticos”.

Sin ideas definitorias, sin pensamiento propio, la política se deforma, la democracia pierde todo sentido desconociendo la diversidad, sin distinguir entre “izquierda”, “derecha” o “centro”. La política se hace de corto plazo y las finalidades se acotan a la probabilidad de ganar en las urnas. Luciano Concheiro escribió recientemente que ahora “el buen político es aquel que tiene ideales moldeables (toda vez que) “los principios rígidos son un lastre. El compromiso político corresponde a otra época…”

En el presente las buenas prácticas de la democracia se identifican con la negociación para llegar a acuerdos, así se trate de viejos adversarios y aún enemigos. Pragmáticamente son ahora viables las alianzas entre el ateo y el creyente, entre Dios y el Diablo, o como se decía en los tiempos de Ronald Reagan, entre el bien y el mal. Hoy el objetivo del frente y la alianza, afirman sus protagonistas, consiste en “sacar al PRI de Los Pinos”. Sin embargo, dada la correlación de fuerzas en México, el objetivo real pareciera estar referido a impedir a toda costa el triunfo de Morena en las elecciones para la Presidencia de la República.

Todos contra López Obrador, parece formulada la consigna. Esa izquierda de Morena es un peligro para México, parecen decir los priistas, los panistas y los perredistas. Pero Morena es de izquierda y el PRD también. Bueno, podría conjeturarse, alguno de los dos no es precisamente de izquierda y está cumpliendo el papel de “esquirol” y tal vez de traidor.

Los anuncios del PAN y el PRD para pactar y aliarse están provocando distintas reacciones y la probabilidad estadística consiste en que este solo hecho signifique la salida de muchos perredistas y su incorporación a Morena, o bien, en los hechos, otorgar el voto en favor de López Obrador. Ni los militantes ni los ciudadanos de hoy procesan igual los acontecimientos en comparación con los procesos de hace seis o doce años. Los hartazgos son ahora mayúsculos.

Las elecciones de 2018 pueden significar el inicio de una nueva etapa de la democracia mexicana, y si bien habrá que esperar la propuesta del PAN y el PRD como programa del frente que se proponen formar, es indispensable por parte de los ciudadanos, que son y serán el factor esencial de cuanto ocurra el año que viene, atender cabalmente al menos tres exigencias fundamentales:

Primera. Iniciar un proceso de crítica y debate convirtiendo a la crítica en un valor fundamental, social y político, con capacidad para aportar soluciones alternativas a los grandes problemas del presente y construcción del futuro, fortaleciendo el ejercicio de la libertad, la tolerancia y el respeto a los diferentes, como contenidos esenciales de la democracia. Toda la sociedad tiene que volverse crítica y debatir sus futuros deseados y posibles.

Segundo. Los grandes vacíos y la dispersión social tienen que llenarse con nuevas formas de organización y participación de la gente, de los ciudadanos, de la sociedad civil, encontrando coincidencias existentes en la pluralidad para dejar objetivos comunes en torno a los cuales haya cohesión, conciencia y capacidad para cambiar cuanto sea necesario.

Tercero. Hay que corregir a los partidos políticos, el costo de la democracia, los procedimientos electorales, para hacer obligatoria la propuesta pragmática de los candidatos, su competencia profesional para los distintos cargos, la eliminación de las decisiones discrecionales y la transformación profunda del sistema político mexicano desde la división de poderes hasta el conjunto de la República federal.
Habrá que liberar a México de sus grandes vacíos, de sus grandes miedos y de su futuro incierto.

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