Ramón Guzmán Ramos
Estado de excepción
Sábado 2 de Abril de 2016
A- A A+

Alguna vez se habló en nuestro país de un fenómeno social inédito llamado “transición a la democracia”. Recuerdo que se decía que antes de esa etapa la democracia había sido una aspiración legítima de la sociedad mexicana, la cual, por cierto, se había postergado una y otra vez. Habíamos padecido durante décadas la dominación absoluta de un solo partido. Hasta que de ese mismo partido se produjo un desprendimiento que enarboló la democracia como su objetivo central. Diversas fuerzas de izquierda y progresistas, que habían estado luchando desde mucho antes por lo mismo, se unieron al llamado. Surgió así un movimiento de insurgencia cívica que obligó al régimen a abrirse y dar paso a la democracia. Pero fue una democracia que se quedó en el ámbito estrictamente electoral. Una democracia formal, no sustantiva, para beneficio exclusivo de los partidos. Una democracia que terminó por crear una clase política llena de privilegios, homogénea, que actúa sólo en función de su propio interés y en interés de otras clases pudientes del país. Es la clase que se encarga ahora de ejercer el dominio político y la opresión económica sobre la inmensa mayoría de la sociedad.

Y recuerdo que luego se dijo que la democracia, de ser una aspiración legítima de la sociedad, se nos había convertido en un gran problema. No había controles sobre las fuerzas que aparecían y se disputaban, casi siempre encarnizadamente, las distintas posiciones de poder. Así que el nuevo orden jurídico que se estaba creando, donde conceptos como la pluralidad, la alternancia, la tolerancia, el diálogo, la participación ciudadana, etcétera, fueron sustituidos descaradamente por un nuevo fenómeno que se conoció como la “concertacesión”, que se basaba en hacer un reparto a discreción de las posiciones del poder en disputa con base en negociaciones que se hacían por encima de la voluntad que los votantes habían expresado en las urnas. Fue el principio de la descomposición de este nuevo sistema político que se quiso identificar con la democracia. Quienes llegaron a encabezar aquel movimiento de insurgencia social fueron abandonando paulatinamente su perfil de alternativa auténtica y terminaron por dejarse absorber por el nuevo sistema, que es un sistema de dominio casi absoluto de los partidos con registro, la llamada partidocracia, donde la sociedad no sólo ha quedado excluida, sino que la han convertido en la víctima recurrente.

Habría que preguntarse en qué momento quedó clausurada esa etapa de nuestra historia reciente a la que bautizaron como de transición democrática. Y preguntarnos también qué tipo de régimen se instaura en ausencia de la verdadera democracia. La alternancia en el gobierno, que se dio en favor de la derecha durante dos sexenios consecutivos, y que debió haber servido para darle forma y contenido al nuevo régimen democrático que todos deseábamos, no hizo sino provocar el caos y la violencia en el país, creando así las condiciones para el retorno al poder del partido que se había probado en los controles hegemónicos y autoritarios durante tanto tiempo. Con el PRI de regreso, los demás partidos se alinearon al nuevo sistema. No era posible esperar que el viejo partido mostrara una nueva vocación por la democracia. Su naturaleza proviene del autoritarismo más acendrado. De manera que está en lo suyo. Las reformas estructurales que nos ha impuesto, con la participación entusiasta y la complicidad de los otros partidos, sobre todo del PAN y el PRD, son la herramienta para la restauración autoritaria y la entrega de nuestra soberanía nacional.

La crisis de derechos humanos que padecemos ha llegado al nivel de crisis humanitaria. Hemos sido despojados paulatinamente y en los hechos de nuestros derechos más elementales. El derecho a la vida, a la seguridad, a la salud, al trabajo, a la educación, a una vivienda digna, a la igualdad de oportunidades, a contar con un entorno limpio y libre de violencia, etcétera, se han esfumado de la vida nacional.

Cualquiera que venga a visitarnos del extranjero se iría con la impresión de que México se encuentra bajo un Estado de excepción permanente, donde se han suspendido las garantías constitucionales y sólo impera el abuso de autoridad, la impunidad y la violencia contra la población. Un Estado de excepción de facto, donde no hay seguridad para quienes ejercen el periodismo con criterio independiente, tampoco para quienes tienen que salir a la calle a exigir justicia y protestar por los atropellos u omisiones de que son objeto por parte de la autoridad; donde no existe respeto ni justicia para las mujeres que son violentadas y revictimizadas una y otra vez.

A estas alturas nadie se acuerda ya de la llamada “transición a la democracia”. Estamos en medio de una tormenta que no cesa, desatada contra la población civil por esa clase política de nuevo cuño que se ha apoderado por completo de los destinos del país. Desde allí se ha dedicado a despojarnos de nuestros derechos históricos, de entregar los recursos de la nación a las empresas nacionales y extranjeras que no harán sino agudizar la pobreza y la marginación que nos ahoga. Hace unos días nos dieron otro golpe contundente: la Comisión de Gobernación de la Cámara de Diputados aprobó el dictamen por el que se reforma el artículo 29 de la Constitución, lo cual permitiría que, a petición del presidente de la República, el Congreso de la Unión apruebe la suspensión de garantías o un Estado de excepción en el país. Este dictamen se llevará al pleno de la Cámara Baja para someterlo a votación. Podemos adelantar que será un mero trámite. Con esta nueva reforma, se podrán suspender derechos fundamentales como el derecho a la manifestación, de asociación, de circulación, la libertad de expresión, patrimoniales, de crédito y de autor. Por lo pronto, el dictamen fue aprobado en la Comisión de Gobernación por el PRI, el PAN, el PRD, el PVEM, el PES y el Panal.

El dictamen estipula las situaciones en que los derechos humanos que garantiza la Constitución serán “sacrificados temporalmente”: en caso de sismos, tormentas, huracanes, epidemias, erupciones volcánicas; así como cuando haya revueltas internas de gran calado, incursiones de grupos armados internos, afectaciones graves a la paz o la estabilidad interna del propio Estado, eventos derivados de la intervención humana (casos fortuitos) como incendios y accidentes nucleares. Lo alarmante es que quieran utilizar este nuevo recurso para sofocar violentamente el descontento social que el propio régimen ha provocado, Y que se propongan darle legalidad a una situación que desde hace tiempo existe de facto.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

Independentistas

La naturaleza del poder

Marichuy

La revolución en su laberinto

La toma del cielo por asalto

Una dictadura disfrazada

En defensa propia

Normalistas

Por la candidatura presidencial

Una utopía menor

La hora de Comala

El segundo más violento

Conflicto en Bachilleres

Arantepacua en el corazón de Bachilleres

Opacidad

Ingenuidad

Bono de fin de año

Frente amplio electoral

El socialismo irreal

País en vilo

Del pasmo a la resistencia

CNTE: Un balance necesario

Ícaro y el arrebato del vuelo

Y retiemble en sus centros la Tierra

Gobernabilidad cuestionada

El hombre como un ser erróneo

Adolescentes embarazadas

Rechazados

La necia realidad

¿Cuántas veces última?

La vuelta a clases

El enfoque crítico en educación

El Diablo no anda en burro

La imaginación y la subversión de la realidad

Entre la incompetencia y la demagogia

Educación para la vida

Las trampas del diálogo

Diálogo

El profesor Filemón Solache Jiménez

La mujer es la esclava del mundo

Culpables, aunque demuestren lo contrario

Razón de Estado y Estado sin razón

La amenaza y la represión como oferta de diálogo

Albert Camus y el mito de Sísifo

Albert Camus y el mito de Sísifo

El oficio de escribir y la emergencia de la realidad

Los brazos de Sísifo

Ayotzinapa: Tiempo funeral

La cultura al último

Estado de excepción

Cherán y su rechazo al Mando Único

Sección XVIII: El congreso inconcluso

C e s a d o s

Reminiscencias

Sección XVIII de la CNTE: El poder que desgasta

El amor en la boca del silencio

El amor en la boca del silencio

Francisco superstar

Partir de cero y quedarse allí

Comisionados sindicales

Cómo distraer a un país

Que paguen los que siempre pagan

El debate por la cultura

Democracia sin oposiciones

Normalistas de Michoacán: Las otras tortugas

Colectivos pedagógicos

Evaluación con policías y leyes a conveniencia

La violencia nuestra de todos los días

La suerte de Renata

La piedra de Sísifo

Contra la imposición

Ícaro y el arrebato del vuelo

La culpa la tiene el pueblo

El fin de las utopías

Congreso Estatal Popular de Educación y Cultura

La era de Pandora

El otro debate

La estrategia del endurecimiento

Yo soy 132

Evaluar para sancionar

Célestin Freinet

En busca de Jorge Cuesta

Iniciación a la lectura

Cherán y su relación con los partidos

Deslinde

Encuentros

Una vida

Después de la oscuridad