Ramón Guzmán Ramos
Una utopía menor
Sábado 3 de Junio de 2017
A- A A+

Nos hace falta un tipo de encuestas que pudieran mostrarnos la impresión que queda en los ciudadanos una vez concluidas las campañas. En esta ocasión los partidos y candidatos que participan en la contienda por la gubernatura del Estado de México, que ha sido la más monitoreada y controversial de las cuatro que tendrán lugar mañana domingo en distintas entidades del país, han cumplido cabalmente con lo que se esperaba de ellos. Como pudieron presenciar en primer plano los propios mexiquenses, principales afectados de este fenómeno que parece escalar a niveles cada vez más cruentos y decepcionantes, y como pudimos atestiguar los ciudadanos atentos del resto del país, los contendientes se olvidaron irresponsablemente de los problemas que a ras de piso enfrentan cotidianamente sus potenciales electores y se metieron en una guerra sucia, sin principios, donde lo único que importa es demostrar como sea, aunque sean demostraciones artificiosas y falsas, que el otro es más corrupto que el que acusa.

En caso de ganar, Delfina Gómez tendría que demostrar que, en efecto, ella y su partido representan una opción distinta a la que nos tienen acostumbrados los partidos tradicionales.
En caso de ganar, Delfina Gómez tendría que demostrar que, en efecto, ella y su partido representan una opción distinta a la que nos tienen acostumbrados los partidos tradicionales.
(Foto: Cuartoscuro)



Una encuesta de esta naturaleza mostraría el grado de hartazgo y la náusea que provocan en los ciudadanos quienes se proponen gobernar el estado que tiene el 13.26 por ciento del total del padrón electoral a nivel nacional, y que precisamente por ello, aunque también por ser el bastión de la dinastía que desde siempre ha gobernado ese reino a través de PRI, lo convirtieron en una batalla donde se estaría definiendo el camino hacia la Presidencia de la República. La principal lección que han dado los candidatos –y las fuerzas políticas que están tras ellos– es que todo se vale, aún los recursos y las acciones más viles y degradantes, con tal de descalificar al adversario y arrojarlo a la zaga. Es una actitud que muestra, al mismo tiempo, que una vez en el gobierno mantendrán la postura de recurrir a cualquier medio, por muy perverso y sucio que sea, para lograr sus fines. Los intereses que han defendido con tal obcecación durante la confrontación electoral no son en realidad los de la gente, sino los propios, los de sus partidos y corporaciones que casi nunca están a la vista.

En esta ocasión una fuerza política nueva irrumpió en la arena con Delfina Gómez como aspirante a gobernadora. Quien es maestra y ha sido presidenta municipal de Texcoco y diputada federal por Morena, ha tenido que navegar a contracorriente, enfrentándose a un poder enorme que dispone de recursos inagotables. Su candidatura ha logrado atraer el descontento y la indignación que considerables franjas de la sociedad sienten a causa de las calamidades que les han caído encima y por la incapacidad del gobierno para brindar condiciones de bienestar y seguridad para todos. Su principal adversario, Alfredo del Mazo Maza, hijo y nieto de ex gobernadores y primo del presidente Enrique Peña Nieto, es en estos momentos el representante de esa dinastía que se ha propuesto defender su territorio y su poderío a costa de lo que sea. Varios secretarios del gabinete federal, por ejemplo, han sido asignados para dirigir en demarcaciones específicas del Estado de México los operativos que forman parte de esta estrategia de guerra total. Los ataques sistemáticos contra Delfina Gómez, además, han sido dirigidos también contra el presidente de Morena y quien lleva la delantera en la carrera anticipada por la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador.

Delfina Gómez representa una perspectiva distinta en esta circunstancia nefanda. No está en su programa ni en sus intenciones, seguramente que tampoco en sus facultades, llevar a cabo una transformación radical –desde el Estado de México– del sistema político y económico vigente. Nadie esperaría una empresa de tal envergadura. Habría que esperar a que las condiciones a nivel nacional le abran una coyuntura favorable a una posibilidad así. Por eso su candidatura se ha ligado necesariamente a la candidatura de López Obrador. Pero lo que sí puede hacer desde la posición de gobernadora es demostrar una forma radicalmente diferente de gobernar. No se puede permitir caer en las incongruencias a que han quedado acostumbrados los que gobiernan entidades y alcaldías a nombre del PRD, que en algún momento de su historia se reivindicaba de izquierda. En caso de ganar, Delfina Gómez tendría que demostrar que, en efecto, ella y su partido representan una opción distinta a la que nos tienen acostumbrados los partidos tradicionales.

Con todo y que se trata de una empresa difícil, demasiado complicada, no es nada del otro mundo. Habría que volver a esta realidad que tanto en el Estado de México como en el resto del país se nos ha echado encima como una losa que nos aplasta con su peso. Lo que la sociedad demanda de sus gobernantes es que hagan lo que sea necesario, lo que les mandata la ley, lo que les dicta el sentido común, para acabar con la impunidad, para que nunca más nadie esté en condiciones de burlarse de la justicia. Esto significa gobernar con un sentido profundo de la ética, esto es, en correspondencia con los derechos fundamentales que tiene cada individuo y que se extienden a la sociedad como tal. El gobernante, que en una situación así lo es porque ha recibido el mandato de la mayoría, pero no para que se eleve por encima de la sociedad, ha de actuar en todo momento respondiendo a los lineamientos que se generan de abajo. Gobernar con la gente y entre la gente, he aquí la visión que debería guiar toda estrategia de gobierno.

Esta sería la primera premisa para emprender la ruta de recuperación de la tranquilidad y la armonía con las que tanto soñamos. Ningún gobierno de ningún nivel puede por sí solo resolver esta crisis sistémica que se nos ha convertido ya en una profunda tragedia nacional. Es necesario incorporar a las diversas expresiones organizadas de la sociedad de manera que todos, desde los espacios de convivencia y socialización que ya se tienen, sin excluir los que se puedan ir abriendo en el camino, participen en el análisis y la construcción de soluciones. Una ruta como esta pasa por recuperar los bienes públicos que le han sido enajenados a la sociedad, por evitar cualquier desvío, mucho menos a cuentas particulares, de los recursos públicos. Convocar a quienes pueden invertir recursos financieros y humanos para impulsar el desarrollo del estado y que éste se traduzca en bienestar para todos, en oportunidades reales para garantizar una fuente de vida digna y de realización colectiva y personal. Una consecuencia directa y positiva de algo así sería el aislamiento social del delito. Son la miseria, la marginación, la frustración crónica, la desesperación, el miedo, la zozobra, lo que vulnera a la sociedad y arroja a miles de jóvenes a los brazos de la delincuencia organizada. Ha hecho falta probar en serio una estrategia de recuperación de la paz social a través de la aplicación generalizada y sistemática de programas que toquen desde la base las condiciones de existencia de todos los mexicanos. Una vez abierta una ruta así sería factible hablar de otra etapa superior.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

Una dictadura disfrazada

En defensa propia

Normalistas

Por la candidatura presidencial

Una utopía menor

La hora de Comala

El segundo más violento

Conflicto en Bachilleres

Arantepacua en el corazón de Bachilleres

Opacidad

Ingenuidad

Bono de fin de año

Frente amplio electoral

El socialismo irreal

País en vilo

Del pasmo a la resistencia

CNTE: Un balance necesario

Ícaro y el arrebato del vuelo

Y retiemble en sus centros la Tierra

Gobernabilidad cuestionada

El hombre como un ser erróneo

Adolescentes embarazadas

Rechazados

La necia realidad

¿Cuántas veces última?

La vuelta a clases

El enfoque crítico en educación

El Diablo no anda en burro

La imaginación y la subversión de la realidad

Entre la incompetencia y la demagogia

Educación para la vida

Las trampas del diálogo

Diálogo

El profesor Filemón Solache Jiménez

La mujer es la esclava del mundo

Culpables, aunque demuestren lo contrario

Razón de Estado y Estado sin razón

La amenaza y la represión como oferta de diálogo

Albert Camus y el mito de Sísifo

Albert Camus y el mito de Sísifo

El oficio de escribir y la emergencia de la realidad

Los brazos de Sísifo

Ayotzinapa: Tiempo funeral

La cultura al último

Estado de excepción

Cherán y su rechazo al Mando Único

Sección XVIII: El congreso inconcluso

C e s a d o s

Reminiscencias

Sección XVIII de la CNTE: El poder que desgasta

El amor en la boca del silencio

El amor en la boca del silencio

Francisco superstar

Partir de cero y quedarse allí

Comisionados sindicales

Cómo distraer a un país

Que paguen los que siempre pagan

El debate por la cultura

Democracia sin oposiciones

Normalistas de Michoacán: Las otras tortugas

Colectivos pedagógicos

Evaluación con policías y leyes a conveniencia

La violencia nuestra de todos los días

La suerte de Renata

La piedra de Sísifo

Contra la imposición

Ícaro y el arrebato del vuelo

La culpa la tiene el pueblo

El fin de las utopías

Congreso Estatal Popular de Educación y Cultura

La era de Pandora

El otro debate

La estrategia del endurecimiento

Yo soy 132

Evaluar para sancionar

Célestin Freinet

En busca de Jorge Cuesta

Iniciación a la lectura

Cherán y su relación con los partidos

Deslinde

Encuentros

Una vida

Después de la oscuridad