Jerjes Aguirre Avellaneda
¡El Balsas se seca, la población también!
Viernes 9 de Junio de 2017
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Un grupo de académicos e investigadores pertenecientes a diferentes unidades de la Universidad Nacional y la Universidad Michoacana señalaron recientemente los grandes riesgos en los que se encuentra la región del Bajo Balsas como resultado de las sequías severas que se han registrado en el área, desde siempre pero con particular severidad a partir de 2015, hasta su prolongación hasta el presente.

La zona siniestrada por la sequía en el Bajo Balsas, según los académicos, comprende los municipios de Huetamo, Turicato, Tiquicheo de Nicolás Romero, Tuzantla, Nocupétaro, Carácuaro, Churumuco y San Lucas. En la práctica, la región del Bajo Balsas coincide con parte de la región de Tierra Caliente de Huetamo, que es la región Matlazinca, con historia y perfil cultural propio, que incluye parte de Guanajuato, el Estado de México y Guerrero.

La región Matlazinca ha sido históricamente una región pobre, con agricultura temporalera de subsistencia y una ganadería extensiva, floreciente en un tiempo y en crisis después, por el agotamiento de los recursos, como ha sucedido también con la minería. Por su parte, la zona del Bajo Balsas ha estado y está totalmente desprotegida contra las sequías recurrentes y progresivas, sin que después de 500 años, haya logrado revertirse el proceso incesante de empobrecimiento, tanto en sus recursos naturales, como en su población humana.

En la práctica, la región del Bajo Balsas coincide con parte de la región de Tierra Caliente de Huetamo, que es la región Matlazinca, con historia y perfil cultural propio, que incluye parte de Guanajuato, el Estado de México y Guerrero.
En la práctica, la región del Bajo Balsas coincide con parte de la región de Tierra Caliente de Huetamo, que es la región Matlazinca, con historia y perfil cultural propio, que incluye parte de Guanajuato, el Estado de México y Guerrero.
(Foto: Especial)



Debe agregarse que se trata de un territorio con baja densidad y dispersión de la población en pequeñas localidades, que agudizan las condiciones de pobreza, ante las dificultades para dotar de los servicios mínimos, a la vez que el 82 por ciento de su población ocupada gana hasta dos salarios mínimos, con grados de marginación muy altos, según cifras del Conapo.

Por otra parte, el escenario descrito por los investigadores universitarios es desolador. Dicen que en caso de prevalecer la sequía para este año habrá “deterioro económico insostenible, aumento de la migración, depresión, enfermedades, fallecimientos, divorcios y desarticulación familiar, precariedad hídrica y alimentaria extrema, pérdida completa del patrimonio campesino en las ganaderías, aumento de la cacería ilegal, extracción ilegal de productos bióticos, aparición de plagas sin control, ausencia gubernamental, agudización de conflictos locales, incremento de la delincuencia organizada y deterioro de los territorios comunitarios”.

Un cuadro económico y social como el descrito es totalmente opuesto al mundo de los agronegocios que tanto enorgullecen, mostrando el conjunto de componentes de un procesos en deterioro incesante, en sus causas y efectos, a partir del agotamiento de los recursos para las actividades primarias, en tanto que la industria es irrelevante o no existe y el sector de los servicios, está referido a la administración gubernamental, la educación y el comercio, principalmente. La población depende para subsistir, de las remesas migrantes de Estados Unidos junto a otras fuentes de ingreso vinculadas al crimen organizado y el narcotráfico.
La situación es comparable a la de los países africanos más pobres, o con Haití para mayor cercanía. Los méritos históricos de esa región en las luchas por la Independencia, contra la intervención extranjera y la gran Revolución Mexicana de 1910, en la ciencia, la tecnología y el arte, han carecido por completo de todo significado. El abandono ha sido brutal en medio de un mar de demagogia.

Ahora, además de la sequía de siempre, se suma la sequía del Río Balsas, que en el pasado era el emblema de la región, en su majestuosidad increíble de sus enormes avenidas de agua, las “norias” para el riego, los sembradíos en la “cuaresma” de hortalizas y de maíz, abundancia de bagre y caimanes, barcos de remos, venados, tigrillos, jabalíes y onzas, güilotas por millares, chachalacas, gavilanes, etcétera, etcétera, hasta terminar en que de eso, no queda más que un horizonte seco, con reses muertas y nadie o muy pocos, que puedan ofrecer un “sacual” de agua a quien tenga sed.

Michoacán ha carecido de estrategias de desarrollo que impidan las desigualdades regionales y la existencia de dos michoacanes, el de las áreas de Morelia, Uruapan, Zamora, La Piedad y Zitácuaro y todo lo demás. Las políticas públicas no han llegado con efectividad a las regiones, dejando que los gobernantes decidan con discrecionalidad las inversiones y apoyos dependiendo de sus estados de ánimo, las ocurrencias y los intereses electorales.

Inclusive, observadas las regionalizaciones existentes, destacan los criterios imprecisos y subjetivos para establecerlas. Se habla de regiones económicas en relación con su estructura productiva, o bien respecto de sus niveles de desarrollo, por sus características étnicas y culturales, por sus dinámicas demográficas y aún por sus comportamientos políticos. Se pierde de vista que una región es territorio donde se comparte la naturaleza, la que vive y la que está muerta, donde existe una sociedad adaptada a ese territorio, sobre el que ha construido su historia, su economía, su vida social y su cultura de manera original, que le otorga identidad propia.

Mucho menos se concibe el desarrollo regional como un desarrollo, no de un sector económico u de otro, sino como el desarrollo del conjunto del territorio, como desarrollo territorial. Por ello, para la región del Bajo Balsas, de esa parte extraordinaria del territorio matlazinca, ante sus enormes rezagos que empeoran cada día, es procedente la aplicación del concepto y el método del desarrollo territorial, como enfoque integral para formular su propio plan de desarrollo de compromisos múltiples.

Habrá que reconocer que este tipo de enfoque es un procedimiento apropiado para identificar lo que se es y lo que se puede ser, en el conocimiento causal de los problemas, las potencialidades y las prospectivas. Las simples sumas de acciones, las generalidades aplicables en este caso, pueden complicar en lugar de facilitar las soluciones y los avances en el desarrollo humano integral de una región que tiene méritos y posibilidades propias.

Finalmente, el compromiso de la UNAM y de la Universidad nicolaita, de sus académicos e investigadores, con una región en peligro de despoblarse por el abandono, merece, cabalmente, el mayor de los reconocimientos.

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