Ramón Guzmán Ramos
Por la candidatura presidencial
Sábado 10 de Junio de 2017
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En medio de esta crisis de legitimidad que padecemos en México, agudizada por el modo como los partidos siguen ensuciando y degradando los procesos electorales, el gobernador de Michoacán ha anunciado abiertamente que será en octubre o noviembre de este año cuando decida solicitar licencia para dejar su cargo y meterse de lleno a la contienda interna de su partido para conseguir la candidatura a la Presidencia de la República. En esta época de pragmatismo político acendrado, Silvano Aureoles Conejo no tendría empacho en hacer una alianza con el PAN o incluso con el PRI, aunque con este partido lo vería más difícil, según declaró en días recientes. Una alianza para 2018 no tendría por qué ser con las izquierdas, añadió, y menos con Morena y su líder Andrés Manuel López Obrador. Ningún reportero le preguntó dónde queda entonces la definición ideológica y las razones que le dieron origen a su partido, del cual, por cierto, fue también fundador.

¿Cuáles son las posibilidades reales que tendría Silvano Aureoles de lograr la candidatura de su partido y, eventualmente, ser el candidato de esa alianza que estaría promoviendo con el PAN o con el PRI?
¿Cuáles son las posibilidades reales que tendría Silvano Aureoles de lograr la candidatura de su partido y, eventualmente, ser el candidato de esa alianza que estaría promoviendo con el PAN o con el PRI?
(Foto: TAVO)


¿Cuáles son las posibilidades reales que tendría Silvano Aureoles de lograr la candidatura de su partido y, eventualmente, ser el candidato de esa alianza que estaría promoviendo con el PAN o con el PRI? Hay que recordar que las figuras históricas más importantes abandonaron el PRD cuando comprobaron que éste se desviaba de su trayectoria original y renunciaba a ser el partido de oposición crítica y con proyecto propio de gobierno que alguna vez había sido. Esta es la causa de que su comportamiento errático ante los retos que la realidad le impone a cada momento. No hay un timón firme y con claridad de horizonte que lo mantenga en el rumbo correcto. El PRD ha hecho alianzas con el PAN en elecciones locales. Alejandra Barrales comparte una mesa con Ricardo Anaya para anunciar, en plena contienda por el gobierno del Estado de México, que los partidos que presiden estarían dispuestos a formar un gran frente opositor rumbo a 2018. Pero luego muestra sus dudas y dice que no descarta una alianza con Morena. Quizá sea por ello que Silvano Aureoles habla de no rogarle más a López Obrador.

El hecho de que en el PRD hayan desaparecido las figuras y los dirigentes históricos le deja un hueco al partido que no ha sido posible llenar. No hay en la actualidad una figura en el PRD con suficiente peso y presencia nacional como para enfrentar por su cuenta el gran desafío que representa la sucesión presidencial de 2018. Esto explicaría el hecho de que en la cúpula del PRD se esté pensando en una alianza en la que no pondrían la candidatura por delante. En una situación así no le quedaría sino negociar alguna parte del programa y, sobre todo, posiciones de gobierno. De manera que la candidatura perredista sería sacrificable. Sabemos que entre la clase política se tiene el principio de participar aunque se pierda, porque a veces perdiendo se gana. De seguro que habría un jugoso premio de consolación para el candidato perredista que aceptara sacrificarse. Pero incluso en esta hipótesis el gobernador de Michoacán tiene escasas posibilidades. Tendría que competir en lo interno con una figura políticamente mayor como la de Miguel Ángel Mancera, actual jefe de Gobierno de la Ciudad de México, quien tampoco descarta la política de alianzas.

El problema con Morena es que ya cuenta de hecho con su candidato a la Presidencia de la República: Andrés Manuel López Obrador. Esto le cierra a cualquiera que desee participar en una alianza con Morena la posibilidad de poner sobre la mesa un aspirante propio. La condición tácita para aliarse con Morena es que se acepte de antemano la candidatura de AMLO. Es por ello que, sobre todo en una parte considerable del PRD, hay resistencia a dirigir la política de alianzas hacia la organización que encabeza AMLO. Aquí también el aspirante perredista sería sacrificable. De este tamaño es el embrollo. López Obrador tendría que convocar a una alianza con las izquierdas poniendo su candidatura sobre la mesa, la cual se decidiría en una gran convención de todas las fuerzas que aceptaran aliarse con este propósito.

Pero hay otra dificultad a la que debe enfrentarse Silvano Aureoles. Una parte nada despreciable del PRD se inclina por hacer una alianza con Morena y apoyar de lleno la candidatura de López Obrador. No sería de extrañar que en su momento, si la cúpula nacional del PRD termina por aliarse con la derecha, se produzca una desbandada de las bases hacia Morena, incluyendo funcionarios estatales y municipales, dirigentes y legisladores. Algo así debilitaría al PRD al grado de que, como se ha dicho, se convertiría en un partido satélite, como lo es el PVEM con respecto al PRI. Esta dificultad se expresa incluso en la postura que al respecto tiene la dirigencia estatal del PRD. Ante las declaraciones de Silvano Aureoles, Carlos Torres piña, presidente estatal de este partido, declaró de inmediato que buscar una alianza con el PRI sería un error, que uno de los objetivos del PRD es sacar al PRI de Los Pinos. La postura de Silvano Aureoles es sólo una entre muchas que hay en el PRD, aseguró. La decisión final con respecto a la candidatura tendrá que ser del Consejo Nacional. Pero el PRD tendría que buscar aliarse con las expresiones de izquierda, con las que existe una identificación natural de principios y objetivos.

Y puso énfasis en algo que de inmediato pensamos todos los michoacanos. En efecto, Silvano Aureoles tiene todo el derecho de buscar la candidatura a la Presidencia de la República. Pero al hacerlo estaría abandonando la responsabilidad que adquirió para con el estado que ahora gobierna. Hay que recordar que Michoacán tuvo su propia crisis de gobernabilidad durante la gestión –accidentada y fraccionada– de Fausto Vallejo Figueroa, quien tuvo dos ausencias graves, la segunda definitiva; de igual manera, con el escándalo de corrupción y vinculación con el crimen organizado de quien lo sustituyó como gobernador interino, Jesús Reyna García, aún en la cárcel. Con la llegada de Silvano Aureoles se creyó que sería por los seis años que le corresponden, de manera que Michoacán pudiera entrar por fin al camino de la recuperación de la gobernabilidad. Al irse deja al estado metido en problemas graves que no se han podido resolver, uno de ellos es la quiebra de las finanzas públicas y la incapacidad para pagar los compromisos que se tienen con los trabajadores y demás acreedores en el estado.

¿Vale la pena, señor gobernador?

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