Francisco Lemus
Visor
Culpemos al cambio climático
Miércoles 14 de Junio de 2017
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Es innegable que existen consecuencias por las actividades humanas de intensa industrialización de los últimos dos siglos. Aunque algunos lo nieguen, el clima del planeta se ha modificado a causa de ello, pero junto a los problemas que genera el cambio climático deben considerarse aquellos que son consecuencia de acciones puntuales, como los de urbanización.

Obras en el túnel del Ramal Camelinas
Obras en el túnel del Ramal Camelinas
(Foto: Héctor Sánchez)

Morelia históricamente ha sufrido problemas de inundaciones, es una consecuencia de haber construido en zonas de riesgo como humedales, lo que sigue haciéndose hasta la fecha sin importar las consecuencias ambientales y sociales que ello generará.

A eso hay que sumar que al sellar el suelo con asfalto o simplemente al dejarlo descubierto (sin árboles o pastizales) se genera erosión y cada vez menos agua es absorbida por el drenaje natural del suelo.

Esa agua deberá ir a algún lugar, bien puede llegar a un cuerpo de agua, arrastrando todo a su paso, generando azolves que luego será costoso limpiar; o bien puede llegar hasta una zona baja donde fácilmente podría provocar una inundación, tal vez porque en otros tiempos ese lugar era un humedal o un río solía pasar ahí, el agua siempre busca las rutas más convenientes.

Por otra parte, al no llegar esta agua al subsuelo, su disponibilidad se reducirá sustancialmente en manantiales y ríos, y en tiempos de sequía la escasez de agua se recrudecerá con consecuencias ambientales y sociales igual de indeseables.

El cambio climático ya ha vuelto más extremos los fenómenos meteorológicos, pero las consecuencias que la sociedad pague pueden ser más o menos paliadas dependiendo de las acciones que se tomen en los espacios locales, como un manejo de cuenca adecuado, donde se procure conservar el suelo y con ello reducir los riesgos de desastres mal llamados “naturales”.

En el caso concreto de Morelia, la decisión de construir vialidades en zonas de recarga de agua, o desarrollos inmobiliarios sobre humedales y riberas de los ríos que históricamente se inundaban, va a traer como consecuencia más vulnerabilidad a los fenómenos meteorológicos extremos. Las pérdidas económicas seguro serán elevadas, los costos sociales pueden ser incalculables.

Priorizar los beneficios de unos cuantos desarrolladores inmobiliarios es algo que se le puede reprochar a los gobiernos local, estatal y federal, pero la indiferencia de la mayoría de la población moreliana también es imperdonable.

Hasta el día de hoy hay quienes acusan a organizaciones sociales como la que promueve la defensa de la Loma de Santa María de ser grupos de personas con intereses oscuros, retrogradas enemigos del progreso de Morelia o simples revoltosos, sin conocer siquiera los reclamos o el actuar ilegal de los tres niveles de gobierno de manera consuetudinaria.

Y como en cada situación de riesgo, por más democrática que sea la naturaleza al dejar sentir su fuerza, es un hecho que los privilegiados serán quienes menos sufran las consecuencias de estos fenómenos climatológicos, y aún si resultan afectados, los gobiernos buscarán la manera de indemnizarlos, mientras que el resto de la población recibirá el olvido de siempre.

Sobre el autor
Francisco Javier Lemus Yáñez Es doctorante en Ciencias de la Sostenibilidad por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), maestro en Estudios Políticos y Sociales por esta misma universidad, y Licenciado en Economía por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). En 2010 inició sus labores como reportero de economía en Cambio de Michoacán, desde 2011 colabora con el segmento Visor en el cual trata temas de economía, política y sociedad. Es profesor de asignatura en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
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