Ramón Guzmán Ramos
Un fantasma recorre México
Sábado 17 de Junio de 2017
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Desde que dio inicio a esta lucha intransigente por llegar a la Presidencia de la República por medio del voto, hubo quienes decidieron que eso no pasaría.
Desde que dio inicio a esta lucha intransigente por llegar a la Presidencia de la República por medio del voto, hubo quienes decidieron que eso no pasaría.
(Foto: TAVO)

Un fantasma recorre México, es el fantasma de Andrés Manuel López Obrador. Desde que dio inicio a esta lucha intransigente por llegar a la Presidencia de la República por medio del voto, hubo quienes decidieron que eso no pasaría. Lo graban no para cumplir con la función periodística de dar a conocer todas las propuestas, todas las posturas que se debaten en una contienda electoral, sino para registrar cualquier error, por mínimo que sea, y magnificarlo hasta el absurdo en las pantallas de televisión o en los micrófonos de la radio.

Lo llaman a entrevistas para dar la apariencia de que son medios plurales, que le dan espacio a todas las voces, y le preparan la emboscada. Se proponen hacerlo caer en contradicciones, que pierda el control de sí mismo y se deje ganar por la irritación, por la cólera y la frustración. Le exigen que reconozca de antemano su derrota y que se comprometa a no hacer nada, no mover a las masas, no provocar una insurrección cívica, aunque él siempre se ha definido por la lucha pacífica. Si la entrevista termina en ruptura, en confrontación verbal, en el rompimiento abrupto de las formas, mucho mejor. Así tendrán material para continuar con la inmolación en otros espacios, en las mesas de analistas políticos, por ejemplo, que esgrimen sus argumentos como si se basaran todos en el mismo guion.

Pero esto que vemos y escuchamos en los grandes medios es apenas lo que se muestra en la superficie para justificar la otra emboscada, la que se prepara y ejecuta entre sombras, allí donde sólo los brujos y los prestidigitadores tienen acceso. Hay que hacer que las urnas odien también a este fantasma que parece no tener reposo, resignación; que se vuelvan en su contra para que sus votos se conviertan en humo y, en cambio, se multipliquen los que han de garantizar la continuidad, la supervivencia del sistema. Y hay que quebrantar las leyes que rigen la vida de los números para que los resultados le muestren siempre a la gente que este fantasma es un perdedor por derecho propio. El plan maestro de los perpetradores contempla también el control de los órganos de apelación, del árbitro mismo que se hace el desentendido. Muchos ciudadanos acá abajo se preguntan por qué temen tanto que alguien como AMLO llegue al poder. Lo han convertido en un fantasma maligno que le haría un daño apocalíptico a México. No por nada le han endilgado el sambenito de populista y de mesías, sin que nadie le aclare al pueblo lo que eso realmente quiere decir.

Será que el temor es por la amenaza real de cambio que el fantasma propone, un cambio para que los brujos y prestidigitadores nunca más se vuelvan a adueñar de nuestras vidas y nuestras conciencias.

Lo malo de todo esto es que ahora AMLO les está ayudando. La lección más importante que dejaron los comicios recientes en el Estado de México es que si Morena y el PRD hubieran participado en alianza las cosas habrían sido totalmente diferentes. Muchos aseguran que el “hubiera” no existe. Pero es necesario plantearlo para que se convierta en un espacio a llenar en una posibilidad que se pueda concretizar en el futuro. El “hubiera” nos ayuda a reconocer el hueco que dejamos, lo que no hicimos en el pasado, la perspectiva a la que no se atendió. Es verdad que en este caso fue el PRD el que se negó rotundamente.
Su presidenta nacional, Alejandra Barrales, se dedicó a coquetear con la posibilidad de amarrar una alianza con el dirigente del PAN, Ricardo Anaya. López Obrador amagó al PRD en el sentido de que si su candidato no declinaba en favor de la candidata de Morena, se cerraría la posibilidad de hacer una alianza para las elecciones de 2018. Y se lo está cumpliendo. Durante el Congreso Nacional de Morena dio a conocer la sentencia. Un error que sus enemigos están utilizando ahora para anticipar su tercera derrota en los comicios del próximo año. De pronto sus críticos más acérrimos, algunos de ellos voceros y defensores a ultranza del gobierno en turno, se muestran “preocupados” por esta decisión a todas luces absurda del aspirante de Morena. Si AMLO va solo a la contienda por la Presidencia de la República, entonces su derrota está asegurada, y no habrá necesidad de justificar las maniobras de los brujos y prestidigitadores para volver a torcer las líneas.

AMLO, por otra parte, le está dando una concesión enorme a la cúpula que dirige al PRD. Alejandra Barrales insiste en que es necesario un frente amplio opositor para sacar al PRI de Los Pinos, y en este frente incluye desde luego al PAN. AMLO tendría que haber apelado a las bases y a esa parte importante de la estructura que está por un frente sólo de las izquierdas y con él de candidato.

¿Pero qué tan probable sería un frente de todas las izquierdas para 2018, incluyendo a las organizaciones con esta definición ideológica de la sociedad civil?, ¿bastaría con que López Obrador suavizara su postura con respecto al PRD y tendiera los puentes que se necesitan para empezar a trabajar la perspectiva de la alianza? Digamos que es la condición básica, necesaria, inmediata. Hay otra condición, sin embargo, a la que poca atención se le ha puesto. Hasta ahora todo ha girado alrededor del poder. El objetivo central sería desplazar al PRI de Los Pinos y hacerse del poder. Ha hecho falta plantear y definir con mayor claridad y precisión la cuestión del poder. ¿El poder para qué? Entre la clase política y la sociedad se ha producido una separación que la primera ha intentado subsanar con diversos mecanismos de control y engaño. La izquierda electoral tampoco ha hecho gran cosa por insertarse orgánicamente entre las clases agraviadas de la población. López Obrador ha interpretado una parte de los padecimientos y urgencias que aquejan a la sociedad, pero también se ha olvidado de incorporar otras demandas que los movimientos sociales, por sí mismos, reivindican y han convertido en su bandera de lucha. Es verdad que algunos de estos movimientos no creen en la vía electoral, otros ni siquiera se plantean la cuestión del poder, y los hay que no han abandonado sus esquemas antiguos; pero también lo es que de parte de AMLO no se ha mostrado la disposición para construir un programa que incorpore las necesidades y aspiraciones fundamentales de la población. Los sectores más golpeados de la sociedad han tenido que organizarse y asumir por su cuenta la defensa de sus derechos fundamentales, lo cual es correcto, pero sin el respaldo directo y comprometido de las expresiones electorales de la izquierda institucional.

Los enemigos de López Obrador no cesan en buscar elementos para acusarlo y presentarlo como la posibilidad indeseable para 2018. Hay que decir que en algunas cosas tienen razón. Ellos lo hacen para destruirlo. AMLO y sus seguidores tendrían que reconocerlo para corregir y enderezar el camino. Hay algo de soberbia y caudillismo en el comportamiento político de AMLO. Sabemos que lo contrario de la soberbia es la sencillez, y que la sencillez es lo que muestra la grandeza de espíritu de la gente. Es este tipo de grandeza lo que le está haciendo falta a nuestro país.