Salvador Molina Navarro
Derecho a qué…
Gracias, pero no es una concesión, ¡es un derecho!
Martes 20 de Junio de 2017

Una completa igualdad significa más que un logro de objetivos estadísticos, debe cambiar la cultura.

Kofi Annan.

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Mucho se ha discutido el tema de las candidaturas para el sector femenino en la política nacional, todos los partidos quieren su raja política, venden su discurso donde pretenden hacerse pasar como personas comprometidas con el empoderamiento de la mujer, en pro de la igualdad y la equidad, en favor de la defensa de la dignidad humana y en contra de violencia de género… Esa es la idea, esa es la intención, al final estructuran su lenguaje del único modo que han conocido y como nos han hablado desde hace varios lustros, sí. La clase política, incluyendo a una parte del sector femenil, no entiende el significado de la igualdad y la equidad en favor de la mujer, no encuentran el significado de las palabras, no logran impulsar la verdadera intención del tema de la igualdad de la mujer, de la equidad en espacios públicos, del empoderamiento femenino, sólo ven frases, discursos, falacias, protagonismo, sólo saben utilizar los temas pensando en las próximas elecciones y en el impacto mundano, no piensan ni entienden que es necesaria una profunda transformación, un cambio de paradigma, una nueva visión, una nueva estructura, un nuevo lenguaje, una nueva forma de ser y de hacer la política.

La senadora de Coahuila, Hilda Flores Escalera, rindió protesta como nueva presidenta del Organismo Nacional de Mujeres Priistas
La senadora de Coahuila, Hilda Flores Escalera, rindió protesta como nueva presidenta del Organismo Nacional de Mujeres Priistas
(Foto: Cuartoscuro)

En este sentido, el líder estatal del PRI, que también es diputado federal, Víctor Silva Tejeda, declaró que las mujeres priistas tendrán por lo menos el 50 por ciento de las candidaturas, anunciando esta concesión como una gracia del PRI a sus mujeres militantes. Discurso, sólo discurso, el porcentaje de candidaturas está contemplado dentro de la reforma electoral que el Congreso local sacó en días pasados, asegurando, claro está, los intereses de la clase política, introduciendo temas como la igualdad de las mujeres en la participación electoral, para de ahí tejer noticias y eventos como los que el PRI, en días pasados, engalanó con esta frase.

Sin embargo, ¿qué ganan las mujeres priistas con una promesa del 50 por ciento de las candidaturas, cuando siempre vemos los mismos rostros? Para muestra un botón: las dos anteriores líderes de las mujeres priistas permanecieron en su encargo por un periodo, por mucho, superior al señalado en sus propios estatutos, violentando no solamente los estatutos del propio Onmpri, sino que impidieron que las demás agremiadas gozaran de sus derechos como militantes. ¿Qué gana una mujer priista con la promesa de empoderamiento cuando para renovar la dirigencia estatal del Onmpri se abre una convocatoria en lo oscurito, que se publica sólo por el espacio de una hora y se impone de esta forma ilegal a la actual líder, que además es senadora y no aporta nada novedoso al organismo?, ¿por qué no permitir que las mujeres crezcan?, ¿por qué hacer que el resto de las mujeres priistas tengan que esperar más de doce años para poder aspirar a dirigir su organismo si no les imponen a otra dirigente? Por eso pregunto qué ganan las mujeres priistas, o de cualquier partido político, si quienes ostentan cargos públicos también ocupan direcciones partidistas. Es una práctica común que no abona en nada al partido político de que se trate, ¿o acaso se tiene el tiempo suficiente para poder estructurar propuestas al interior del partido en Morelia y también para estudiar, proponer, analizar, revisar y en fin, todo el trabajo del Senado en la Ciudad de México? Por simple lógica no es posible realizar ambas actividades, al menos con calidad en el servicio y el compromiso adquirido, ¿qué gana una mujer priista a la que se le ilusionan con la oportunidad de ser candidata o suplente si ya vienen todas designadas como se estila?, ¿qué impide a los políticos abrir espacios a nuevas ideas, nuevos rostros, nuevas formas de hacer política, nueva imagen, nuevo lenguaje, si no es el temor de perder su modus vivendi?
Estoy seguro de que no es importante que se garantice cierto número de candidaturas a las mujeres, o tal número de espacios en la estructura partidista, o espacios en la función pública; no, por sí solo eso no soluciona nada el problema de violencia en contra de la mujer y la desigualdad política. Esa forma de ver las cosas, de pensar y de analizar sólo generan discursos en prensa, sólo garantizan espacios mal repartidos o designados para pagar cuotas de poder, ¿por qué siempre, casualmente, las mejores posicionadas son los mismos rostros, quienes ya fueron desde hace años funcionarias? El verdadero espíritu de la reforma electoral en este sentido es que se garantice a la mujer el crecimiento político y profesional, que se abran espacios, que se den y aseguren oportunidades a las mujeres que han estado participando por años sin que tengan acceso a nada, es quitar los obstáculos que tanto mujeres como hombres han puesto en el camino de quienes pretenden hacer las cosas diferentes, es garantizar que ese 50 por ciento de candidaturas va a generar un reconocimiento a aquella mujer limpia, honrada, que tiene ideología, que tiene propuestas, que genera confianza, que no está quemada, que no ha podido concretar sus metas por no querer acceder a favores sexuales, por no ceder a la corrupción, por no permitir ser humillada, por resistirse a cambiar sus ideales, pero que en cambio ofrece trabajo, acciones en favor de la ciudadanía, ideas, dignidad, igualdad a las compañeras. Cuando el discurso y el hecho sean congruentes y se dé la oportunidad a las mujeres para que sean ahora ellas, no las mismas, ellas, las nuevas, las que no han podido figurar, las que se han atrevido a sostener sus ideales, que ellas sean las candidatas, que cuenten con el apoyo económico y político de su partido y sus dirigentes, cuando veamos a este tipo de mujeres como candidatas en sectores donde el partido que las impulse es fuerte y tiene posibilidades de triunfo, entonces sabremos que ahora sí nuestros políticos se han atrevido a dar un paso firme en favor de la igualdad de la mujer. La ONU ha sostenido que si se facilita a las mujeres y niñas la igualdad en el acceso a la educación, atención médica, un trabajo decente y representación en los procesos de adopción de decisiones políticas y económicas, se impulsarán las economías sostenibles y se beneficiará a las sociedades y a la humanidad en su conjunto, por eso los partidos políticos deben garantizar acciones que generen un cambio cultural, un cambio en su estructura, en su toma de decisiones, y no preocuparse por lo que les impone la ley como obligación. Cuando el discurso del dirigente se relacione con informar nuevas dinámicas para garantizar el crecimiento político de toda mujer, con quitar los obstáculos que una mujer ha enfrentado y enfrenta en un sistema político como el mexicano, cuando se transparente la elección en las direcciones partidistas, cuando se hagan respetar los estatutos, cuando se asegure que toda mujer agremiada tiene las mismas posibilidades de ser dirigente y candidata, entonces podremos ver que los partidos políticos generan acciones estructurales para cambiar la cultura al interior de su partido y no se preocupan por generar logros estadísticos, como repartir el 50 por ciento de candidaturas, que es obligación por ley; entonces seguramente las mujeres priistas podrán alzar la voz y decir “¡gracias!”, mientras tanto, seguras están de que ofrecer un mínimo del 50 por ciento de las candidaturas es un derecho, no una concesión partidista.


FB. Salvador Molina
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