Aquiles Gaitán
Día del padre
Martes 20 de Junio de 2017
A- A A+

La innovación se asocia con la juventud, eso es incuestionable; cambiar el mundo, el orden social, revolucionar el Estado, tomar el poder, inventar nuevos ingenios. La era digital es una muestra de ello, nadie se preocupa por inventar otra vez la rueda o el agua tibia o el hilo negro. Desde la libertad de ser o no ser, desde la universidad o el Tecnológico, los jóvenes intentan desarrollar su talento, su ingenio, sus habilidades, pero cuando se plantean su inserción dentro de los procesos productivos, se enfrentan a la realidad que los aplasta. Ahí las oportunidades ya no son para los mejores, sino para los excelentes y de esos, hay pocos.
Para los demás está la competencia del vivaz, del vivillo, del arrastrado, del convenenciero, del ventajoso, del envidioso, del traicionero, del cobarde, del calumniador; es decir, la naturaleza humana, con su rostro verdadero, es la competencia en su faceta más cruda, pero habrá que enfrentarla con entereza, preparación constante y trabajo, el problema es empezar la constante evolución de la vida. Mientras eso sucede habrá que templarse el carácter con la fortaleza interna que solamente la dan los ideales o las creencias, la cultura y el amor en todas las formas imaginables. ¡Qué más quisiera un padre! Dar a sus hijos un empleo digno, un oficio noble que los mantenga integrados a una fuente familiar de riqueza, pero no todos podemos y vemos cómo parten los hijos de la casa en busca de opciones que satisfagan sus aspiraciones, o al menos puedan ser independientes, en la casa no caben, quieren ser ellos.

De mi padre guardo el mejor abrazo, su orgullo todo y la rodilla limpia, el recuerdo de una vida de honestidad y decoro, amigo de sus amigos, hijo a carta cabal y padre inmenso
De mi padre guardo el mejor abrazo, su orgullo todo y la rodilla limpia, el recuerdo de una vida de honestidad y decoro, amigo de sus amigos, hijo a carta cabal y padre inmenso
(Foto: TAVO)

Antes, durante las vacaciones o el tiempo libre de la escuela, los niños y los adolescentes acudían a los talleres o centros de trabajo para aprender un oficio, a la carpintería, a la panadería, la zapatería, la talabartería, la curtiduría, la imprenta, la tienda, la fragua, la carnicería, el abasto, etcétera; hoy no, a nadie le interesan los oficios, que si bien no desaparecen y son necesarios, nadie los ve como la mejor opción, pero finalmente pueden ser un destino o una oportunidad de negocio para los que los aprenden pues no todos tienen la oportunidad de tener una profesión y ejercerla. La sociedad es incluyente y tiene opciones para todos, habrá que buscar en fábricas y talleres, oficinas, hospitales, huertas, campos, minas, barcos, transportes, ferrocarriles, etcétera, y no rendirse por ningún motivo y menos dejarse llevar por la depresión, la holganza o el vicio del humo, del alcohol o las sustancias químicas que aniquilan y matan lentamente al joven y a sus padres. La perseverancia y la determinación son factores decisivos para encontrar el camino, cuando uno se extravía no debe perder la esperanza de llegar a encontrar una casa en el bosque que nos dé cobijo, un arroyo cristalino para tomar agua y seguir su cauce con valor y coraje para salvar la circunstancia y la vida, un rancho en la serranía, una luz que nos oriente, una mano que tendida nos dé el apoyo añorado.

En este Día del Padre pienso en los hijos, no sólo los míos, en los de todos, como tal vez mi padre pensó en sus hijos, como todos los padres que quieren a sus hijos y quieren para ellos el mejor de los destinos. El orgullo de un padre es que sus hijos lo quieran, que no se avergüencen de él, sino todo lo contrario, y que cuando sea necesario no lo dejen solo, que la soledad es muerte en vida, y cuando el final llegue, sean ellos los que estén ahí, en la última despedida. Hay padres que pierden a sus hijos, que les toca a ellos despedirlos para siempre por cosas del destino, para ellos, para esos padres un abrazo solidario ente el dolor infinito de lo irreparable.

La brevedad de la vida nos hace pensar en aquella sentencia pueblerina: “El gallo que a los 20 no es valiente, a los 30 no casado y a los 40 no rico, ese gallo colgó el pico”. Habrá que actualizar los tiempos porque hoy hay muchos que no se casan a los 30 ni son ricos a los 40, la vida es otra y hay que entenderla y vivirla cada quien a su manera de acuerdo con su circunstancia y capacidad.

Tal vez en estos tiempos no sea prudente esperar de los hijos el mismo trato que les dimos a nuestros padres, la obediencia y el respeto; hoy la relación es más de camaradería, el afecto es otro, pero el amor filial subsiste por sobre todas las cosas, el abrazo sigue siendo el abrazo que reconforta y fortalece, que alimenta el alma, finalmente “cada quién es el arquitecto de su propio destino”. Los hay que se labran solos el porvenir, aún contra los padres que no hacen nada por educarlos, o no saben, o no pueden, o no quieren o son gachos; para ellos, que la luz les acompañe y vivan una vida feliz a pesar de todo y les puedan dar en su momento a sus hijos lo que a ellos no les dieron, es decir, el amor puro y franco de un padre para sus hijos.

De mi padre guardo el mejor abrazo, su orgullo todo y la rodilla limpia, el recuerdo de una vida de honestidad y decoro, amigo de sus amigos, hijo a carta cabal y padre inmenso, que vivió su vida en el pueblo de Ario.
“Los mejores anhelos fueron siempre los anhelos mejores de su pueblo”, así reza su epitafio, así le recuerdo con la sonrisa franca y la alegría en sus ojos, nunca un adiós, siempre ¡hasta luego!

El futuro es hoy, muchachos, ni pierdan el tiempo ni malgasten su dinero, busquen hasta encontrar lo que buscan con talento e ingenio, nunca se rajen y aprovechen la oportunidad de vivir, cumplan consigo mismos y quieran a sus padres como quisieran que sus hijos los quisieran a ustedes, sólo así encontrarán los momentos felices de la vida.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

El pájaro

El sol de la mañana

La catrina

Nuestra cultura

El abismo

Recuerdos a la luz de la luna

El ensueño

El castillo

¡Viva la farsa!

¡Viva la farsa!

Los espejos

A los pobres

¿Dónde estás, confianza?

El reverso del júbilo

¿Dónde está la Patria?

Auditoría forense

El Manos

La nada

El caballo de Atila

En manos de 113

Reina por una noche

Día del padre

Para que no se olvide

La manzana

Los pasos perdidos

El atole con el dedo

Foco rojo

La organización

Mayo florido

¿Cómo quieres que te quiera?

Nada ha cambiado

Las conciencias

La primavera

La ilusión

A nadie le importa

Pan y circo

El buey

Los rostros verdaderos

Los mercaderes

Las palabras

¡Viva la farsa!

Las manos temblorosas

El corral de la patria

Los mansos corderos

Las pedradas a la luna

Un abrazo amoroso

¡Viva mi desgracia!

¡Aquí nadie se raja!

La leve sonrisa

Desarrollo con justicia social

El rapazuelo triste

El cambio de Michoacán

El arca de Noé

Día de Muertos

Dialéctica social

La luna de octubre

En el desierto

¿Entierro o incineración?

Derroche de optimismo

El elefante

Los atenazados

La tetilla izquierda

Hasta el copete

Los cuervos

Las nubes

La imaginación

El último recurso

El principio y el fin

Las calenturas ajenas

Un nuevo país

¡Esta es su casa!

Nacionalismo como alternativa

La inquisición

Sin remedio

La última palabra

Bajo el palio

Los miserables

El tañer de la campana

La libertad del llano y la historia mentirosa

A 400 años, recordando a Cervantes

Los buenos deseos

El Caos

¡Soñemos muchachos!

Eternamente agradecidos

El nuevo evangelio

¿Por dónde comenzamos?

Entre el llanto y la risa

Los cascabeles

Los factores del poder

Desde el corazón

La espiga solitaria

El galope despiadado

La tierra de nadie

La catástrofe

El manantial

Carta a los Santos Reyes

Amor y odio

¡Feliz Navidad!

Los ojos cerrados

El enigma

El granito de arena

Los elegidos

El cariño y el rigor

Una canción desesperada

El disentimiento

El abrazo amoroso

La reencarnación

Ramón Méndez

La rebanada de pastel

El gallo muerto

El soñador

¡Viva la libertad!

El cuarto vacío

El primer día

A mi manera

El ocaso

La farsa

Aquí no hay quien piense distinto

La Luna de queso

¡Arriba Apatzingán!

Las fumarolas

Los “vurros”

El tesoro

El único camino

Los dioses vivientes

Compañeros nicolaitas

El día de la verdad

Nota de viaje

La vaca sin leche

Nosotros mismos

Nosotros mismos

¡Desde arriba, hasta abajo!

La locura

Los pescadores

La divina comedia

Vasco de Quiroga, ni mártir, ni héroe

La primavera

Honor a quien honor merece

El modelo deseado

Carta abierta a mi tierra

Metamorfosis

A mi manera

La movilidad social

Felices para siempre

Levantando bandera

¡Feliz Navidad!

El Titanic

La felicidad

El caballo brioso

La revolución michoacana