Aquiles Gaitán
¡Soñemos muchachos!
Martes 5 de Abril de 2016
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Hoy me entero que hay un día en que se celebra, así como el Día del Niño, del Árbol, del Agua, de la Sal, del Viento, el Día del Joven Revolucionario. Regis Debray en los años 70 del siglo XX dejaba su frase inmortal para la humanidad “ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”, Rainer Maria Rilke, escribió Cartas a un joven poeta, libro motivante de indispensable lectura para la juventud; Ocaranza decía “los poetas revolucionarios tienen la obligación de estar dotados por las mejores armas de la cultura y la técnica. Porque es infinitamente triste ser un revolucionario retrasado. “En su conciencia va madurando una revolución de la poesía que será, sin duda, la poesía de la revolución”.

Hoy podemos exclamar ¡Ay revolución! ¿Dónde te has metido? ¿Qué podemos decirles a los jóvenes frente al siglo XXI? Tal vez que las oportunidades ya no son para los mejores, sino para los excelentes, que no pueden ser revolucionarios si no están preparados en las disciplinas que hayan escogido para su justificación social en este mundo; porque hay que trabajar, aun los herederos de la riqueza, aun los afortunados de la vida, tienen que trabajar; más los que alquilan su fuerza de trabajo “a dónde va el buey que no are”, reza la sentencia popular. El problema radica en que aunque quieran, no encuentran lugar de trabajo ¿y por qué no lo encuentran? ¡Esa sí es una incógnita! Más complicada que despejar una incógnita de las operaciones matemáticas de las integrales más intrincadas de la Charms.

Los ninis serán bueyes en engorda, pero no van a trabajar, pues no están preparados para trabajar, ni quieren trabajar, son los famosos holgazanes que existen en todas las sociedades humanas. Tal vez un psicólogo pueda darnos un perfil de este tipo de individuos en permanente depresión, que ven pasar la vida desde la profunda soledad del pozo de su mente, donde están metidos. Así como las estadísticas del delito, nos dicen que ya casi no hay, las estadísticas del empleo nos dicen que jóvenes desempleados, ya casi no hay, que estamos por obra y gracia de haber comenzado nuevamente, en franco desarrollo y crecimiento. Los miles de jóvenes trabajando de cortadores de limón, aguacate, de toronja, de mango, de caña de azúcar, ¿a qué le tiran? Ganarán su jornal con el sudor de su frente y de todo el cuerpo, pero apenas sacan para sus gastos elementales, su sueldo se gasta en artículos de primera necesidad; son jornaleros no campesinos; los dueños de la tierra, son capitalistas bajo la óptica de la riqueza, pero los que no tienen nada, los que piensan en comer o no comer ¿Cómo pueden ser revolucionarios? ¿Cuáles podrían ser sus razones y motivos?

Pueden soñar como todos, que los de abajo lleguen arriba y los de arriba ¡abajo! Pero la realidad es otra, el siglo XX formó sin duda la conciencia revolucionaria de muchos jóvenes, desde sus inicios en el derrocamiento del porfiriato y la lucha fratricida por el poder, conocida como la Revolución Mexicana, que desembocó en la Constitución General de la República en 1917, de los logros cardenistas y el ejemplo de coherencia del General Lázaro Cárdenas, la Revolución Cubana, el triunfo de Salvador Allende en Chile, el sandinismo, la lucha del pueblo vietnamita, y Ho Chi Ming, la caída del bloque socialista y sus vergüenzas del Gulag. El movimiento del 63 y del 66 en Morelia y del 68 en el mundo entero, nos dieron la palabra y la acción, el faro que guía las ideas que iluminan al mundo sobre el concepto nunca suficientemente entendido, llamado democracia. Cualquier burgués se dice demócrata, con la misma pasión que un campesino heredero del Máuser de sus abuelos, que guarda en el ropero como una reliquia más de la familia.

Quién y dónde, sino en la familia, se enseña a los jóvenes a ser honestos, las escuelas, las aberrantes escuelas del gobierno están en manos de mercenarios que únicamente ven sus intereses económicos, desde la extorsión de la inscripción, hasta las sistemáticas coperachas y los negocios de las disque cooperativas escolares, hasta las luchas sindicales que vuelven a los niños y jóvenes por razón natural, desobligados, flojos, desmotivados, ¿de dónde saldrán los revolucionarios? ¿De las escuelas particulares? ¡Por favor!, ellos van a las vallas del Papa, a las misiones, a las conferencias empresariales, para ellos no existe ni el hambre, ni la historia patria, ni la explotación del hombre por el hombre, están preparados para ser ricos, si no lo logran, serán un frustrado más de las multitudes que no lo logran; existirán algunos que no serán revolucionarios en el sentido social, lo serán en las empresas que emprenden ajustándose a los nichos de mercado que la suerte les ofrezca; si acaso llegan a través de los partidos políticos al poder, el ejemplo de Fox y el paisano Calderón son más que suficientes, ahora coronados por el esfuerzo extraordinario de Peña Nieto para superarlos.

El nacionalismo revolucionario está enterrado. México está abierto, tal vez destazado con las entrañas al viento, al mejor postor. La desorganización social es evidente, la juventud tiene otros valores, no quieren ser cultos, sino ricos; piensan en el yo egoísta, no en el nosotros de la comunidad, de la colectividad, de la sociedad; ven con éxtasis el triunfo fácil de los nuevos ricos; en los pueblos y zonas rurales, la cultura del narcocorrido es la apologética del éxito, junto con toda la fauna de acompañamiento, los que lavan el dinero, los que les hacen las casas, los que les venden los coches, los que les cuidan las huertas, los abogadillos fanfarrones a su servicio, los que les sirven pues, en su corta vida de opulencia y ruindad.

¿De dónde van a salir los jóvenes revolucionarios? ¿De la Universidad Michoacana? ¿Qué pues? ¡Bueno! Tal vez de las nueva carrera de licenciados en seguridad pública; el colmo de los colmos, colmado de colmedad, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo a punto de establecer una fábrica de policías; un alto por favor, para deponer el estómago. ¡Gracias!

No soy apóstata de ninguna religión, ni partido, ni ideología, únicamente concibo la libertad de pensamiento, palabra y obra, y dentro de la libertad, puedo decirles a los jóvenes de hoy, lo que piensa un joven de ayer. Los profetas no existen, no es posible prometer una sociedad sin hambre, sin amor, sin odios, eso tampoco es posible, somos humanos, por consiguiente seamos realistas, las utopías hoy, son rutas turísticas, hoy vemos crecer y fortalecerse las fuerzas represivas del gobierno que no puede vivir sin policías ni soldados, en sus manos está concebir un mundo diferente, un México diferente, un Michoacán diferente, lejos de la rapiña y el hurto; así como le quitaron tres ceros al peso, como han modificado la Constitución ¿se puede abolir la propiedad privada?

¡Ese sí sería un mundo diferente! A nosotros no nos tocará verlo, pero al menos pensemos que una chispa incendia la pradera, o la mecha que vuela una montaña. ¡Soñemos muchachos! Pensemos que las oligarquías no son eternas y que el conocimiento y la ciencia nos dará la fortaleza y la sencillez, para entender la sociedad en que vivimos, en que nacimos y vamos a morir, entenderla desde sus entrañas, desde los trabajadores del campo, las fábricas, los empleados, los ignorantes y los letrados, los ricos y pobres y desde ahí, ¡soñemos muchachos!

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