Sábado 24 de Junio de 2017
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Lo especifica muy claramente la Ley General del Servicio Profesional Docente: la única vía para obtener una plaza como maestro en el sector público es con el examen de ingreso. La SEP da a conocer cada año una convocatoria para quienes deseen participar en la evaluación con este propósito. Hay que subrayar que las plazas y horas que obtienen quienes logran acreditar el examen con el puntaje requerido no son de base. Se les contrata por un año, sin ningún derecho sobre su trabajo, al término del cual tienen que volver a presentar un examen para permanecer o ser despedidos. No es requisito que los aspirantes hayan cursado alguna carrera relacionada con la educación. El contrato que hacen los “idóneos” –así les llama la SEP– está basado en una relación laboral de carácter individual entre la institución que contrata y el trabajador contratado. Es el modo como la Reforma Educativa elimina el Contrato Colectivo y la mediación del sindicato.

No es difícil deducir que los normalistas resultan directamente afectados. Ellos tenían asegurada una plaza de maestro al egresar de sus escuelas. Es un derecho que el Estado mexicano y el sistema económico que tenemos deberían garantizar a todos los jóvenes que terminan una carrera. Pero no sólo salen de las universidades y demás instituciones de educación superior a enfrentarse al fantasma del desempleo, sino que han de aceptar condiciones muy precarias e injustas de contratación, con sueldos magros que no corresponden a su perfil profesional. De los normalistas llegó a sostener la propaganda oficial que se trataba de un privilegio insostenible. Había que igualarlos a todos en la desgracia. Los normalistas, que en diferentes épocas de la historia han visto amenazadas sus escuelas, no han dejado de movilizarse para defender este derecho. Es cuando el Estado los orilla a adoptar posiciones cada vez más radicales para atizar la desaprobación social y justificar la represión. Hay que decir que ha logrado denigrar y desprestigiar a tal grado la imagen de los normalistas que ya no se preocupa de cuidar las formas, como la incursión violenta del pasado 21 de junio de la Policía Michoacán a las instalaciones de la Escuela Normal Rural Vasco de Quiroga, de Tiripetío.

En esta ocasión la Policía irrumpió en las instalaciones de la escuela y atacó con armas de fuego a los estudiantes. Uno de ellos, de nombre Gael Solorio, alumno de tercer grado, recibió un balazo en el cuello y mejilla y se encuentra hospitalizado, bajo coma inducido. Los normalistas realizaban acciones para demandar el pago de sus becas. Los gobiernos federal y del estado han recurrido a diversas tácticas para debilitar y desprestigiar a las Normales. Les han cortado los recursos que por derecho les corresponden y han obligado a los muchachos a realizar acciones por su cuenta para ejercer presión y resolver de otras maneras sus necesidades. Han promovido, asimismo, campañas de linchamiento para generar entre la sociedad rechazo y odio hacia ellos. Se trata de que los vean como vándalos y no como los jóvenes, muchos de ellos provenientes del medio rural e indígena, que ven en el normalismo una oportunidad, quizá la única con que pueden contar, para convertirse en maestros, mejorar la situación de sus familias, hasta donde esto es posible, y servir con el conocimiento a sus comunidades.

Las Normales se le convirtieron al gobierno en un serio obstáculo, sobre todo para la aplicación de la Reforma Educativa y la imposición de un enfoque en educación que desplaza la formación crítica, comprometida socialmente
Las Normales se le convirtieron al gobierno en un serio obstáculo, sobre todo para la aplicación de la Reforma Educativa y la imposición de un enfoque en educación que desplaza la formación crítica, comprometida socialmente
(Foto: TAVO)



Las Normales se le convirtieron al gobierno en un serio obstáculo, sobre todo para la aplicación de la Reforma Educativa y la imposición de un enfoque en educación que desplaza la formación crítica, comprometida socialmente, por un enfoque que se propone que los niños y jóvenes se adapten lo mejor que puedan a este mundo de violencia, desigualdad, injusticia y sofocamiento de las libertades fundamentales. Las Normales requieren, desde luego, de procesos intensos de revisión de su currículo para actualizarse y ponerse a la altura de los desafíos que nos presentan los tiempos actuales. Pero han de ser los propios normalistas quienes se encarguen de realizar una tarea de esta envergadura. Ésta ha sido, por cierto, una de sus demandas intransigentes en la lucha que mantienen por salvaguardar sus centros de formación. La decisión del gobierno ha sido, sin embargo, la eliminación total de estos espacios.

Hace unas semanas los normalistas estuvieron en Aguascalientes para apoyar la lucha de sus compañeras de Cañada Honda en aquella entidad, a quienes se les pretendía reducir la matrícula y cambiarles la modalidad a Normal mixta. La lucha de las estudiantes finalmente se impondría y haría recular al gobierno de aquel estado, pero a los estudiantes de Tiripetío los detuvo la Policía cuando regresaban a Michoacán y los reprimió. El gobernador Silvano Aureoles Conejo hizo entonces una declaración desafortunada, por decir lo menos. En vez de protestar ante el gobierno de Aguascalientes y mostrar una actitud de defensa de los estudiantes michoacanos, que no hicieron sino ir hasta allá a brindarles solidaridad a sus compañeras, se mofó públicamente de ellos. Dijo que esperaba que los normalistas hubieran aprendido la lección con la garrotiza que les dieron. Nadie se imaginó en ese momento que muy pronto él también haría uso de ese tipo de “lecciones disuasivas”.

El impacto del acoso y los ataques sistemáticos que las Normales han recibido de parte de los gobiernos y los grandes medios de difusión han calado hondo. Todavía recordamos cuando las escuelas Normales tenían una gran demanda entre los jóvenes que egresaban de la preparatoria. Había que acudir a esperar turno desde un día anterior para tener acceso a una ficha para el examen de admisión. La demanda ahora, en cambio, ha caído al grado de que la crisis pone en riesgo la existencia misma de las Normales. En eso se encontraban también los jóvenes: difundían por todos los medios a su alcance –que son escasos y muy limitados– la convocatoria para el inicio del siguiente siclo escolar. Es de suponer que el ataque brutal que sufrieron en su propia escuela el miércoles pasado es parte de la estrategia del gobierno para sembrar miedo entre los posibles aspirantes y sus familias. El muro de miedo que el gobierno ha colocado alrededor de las Normales como parte de su asedio permanente tiene como objetivo alejar a los interesados en cursar esta carrera para la docencia y aislarlas socialmente.

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