Rafael Mendoza Castillo
Racionalidad instrumental y transparencia
Lunes 10 de Julio de 2017
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Inicio estas reflexiones con el pensamiento de Byung-Chul Han: “La sociedad de la transparencia sigue exactamente la lógica de la sociedad del rendimiento. El sujeto del rendimiento está libre de una instancia exterior dominadora que lo obligue al trabajo y lo explote. Es su propio señor y empresario. El sujeto del rendimiento se explota a sí mismo”. De ese modo el sentido de comunidad solidaria desaparece y en su lugar se construye el espacio de los egoísmos, los individualismos narcisos. De esto último se nutre el neoliberalismo depredador.

En el marco de lo técnico, las decisiones posibles de los sujetos son atrapadas por fines que desde el lugar del poder tecnocrático han sido decididos, muchas veces los sujetos sociales, en el salón de clases o fuera de las instituciones escolares
En el marco de lo técnico, las decisiones posibles de los sujetos son atrapadas por fines que desde el lugar del poder tecnocrático han sido decididos, muchas veces los sujetos sociales, en el salón de clases o fuera de las instituciones escolares
(Foto: TAVO)

La racionalidad instrumental convierte todo en un medio para la ganancia con el fin de acumular capital en pocos y acumular pobreza en la mayoría de la población. Pero al mismo tiempo dicha razón hace las cosas transparentes, es decir, las acciones se tornan transparentes cuando se hacen operacionales, cuando se someten a los procesos del cálculo, dirección y control. De ese modo el pensamiento crítico, negador de lo existente, se sustituye por lo positivo, lo dado, lo etablecido.

Con el desarrollo de la informática, de las telecomunicaciones, como efectos de la razón técnica (maneras de hacer), es posible que hoy los hechos sociales y la forma en que los veníamos interrogando sufran serias modificaciones debido a la gran capacidad de maniobra para la manipulación, control de la conciencia y conducta de los ciudadanos, que las primeras comportan (posverdad o hechos alternativos). Como bien dice Félix Guattari: “Esa voluntad de mentira hace que la mayoría de los acontecimientos que nos presentan los noticieros televisivos a menudo son seudoacontecimientos”.

La isomorfía en cuanto a la estructura real conformada-sometida por el capitalismo administrado, tanto de la producción como del consumo, corresponde a la instantaneidad-simultaneidad de la comunicación auditiva-visual (Marshall McLuhan) y propia de la televisión, todas en referencia tanto a la más eficaz explotación del plusvalor y su relación como sometimiento integral del sujeto social y su soberanía.

Lo que ahora oímos, dice Fernando Savater, “hasta el hartazgo, es que vivimos en la era de la imagen y que la palabra escrita es actualmente cosa subordinada, nos mudamos de la galaxia Gutemberg a la galaxia Lumiere”. Evitemos la escisión de la palabra escrita y la imagen. Leer un periódico, un libro, una revista, es un modo de relación específica con el mundo, con la reflexión y la acción constituyente. Los prianistas odian esta relación.

Con la intervención del modelo cienficista en el terreno de lo educativo está teniendo mucho efecto la idea de objetividad. Esta tendencia provoca, al interior del salón de clases, una parálisis de lo pasional y un privilegiado acceso directo a las cosas. Esta última condición enfría las relaciones íntersubjetivas, de estudiantes, maestros, y cancela las relaciones fraternas entre dichos actores del aprendizaje.

El cinismo cultural entra en escena con la simultaneidad debido a la cosificación creciente que funda a ambos. La génesis y la producción, rasgos esenciales del sujeto, son suplantados por la yuxtaposición comunicativa-estructural (televisada). Estar conscientes de que leer no es lo mismo que ver imágenes: el primer ejercicio impone un proceso de abstracción a las emociones, un preservativo forzoso de reflexión, por tenue que sea, ante la conmoción vertiginosa de los sucesos.

El modelo técnico, conjuntamente con su producto más acabado, el neoliberalismo globalizador, está atrapando y tiranizando el hecho educativo e intenta reconducirlo a un mercado libre, donde solamente predominen los intereses privados. Y en nombre de éste, borrar del mapa social el proyecto de una comunidad fraterna. En la exposición cultural moderna se observa la insistencia en el individuo, así como en lo especial y cualitativo frente a la masificación y la racionalidad funcional: se trata de expresiones enmarcadas en un totalitarismo que pretende enarbolar las libertades individuales singulares sólo en tanto se opone a la libertad individual masiva y a la democracia.

Con la llegada de la razón técnica a las escuelas (modelo educativo electorero de Aurelio Nuño) se acompaña también la concepción del conocimiento y los saberes como certezas de control sobre los sujetos (ingeniería de conciencia), el mundo social y natural. En ese escenario predomina, exclusivamente, el modelo explicativo de las ciencias naturales como una línea de saber para fortalecer el desarrollo de las fuerzas productivas, en detrimento del modelo de las ciencias sociales actuales (desaparecer la filosofía). Como bien dice Habermas: “No es que determinados fines e intereses de dominio sólo se advengan a la técnica a posteriori y desde fuera, sino que entran ya en la construcción del mismo aparato técnico”.

La técnica es, entonces, de acuerdo con lo anterior, un proyecto histórico-social. Así, el conocimiento y la propia investigación científica son atrapados en la estrategia de comunicación exclusivamente para alcanzar el éxito inmediatista, alejando del accionar de los sujetos, los supuestos valóricos, y el conocimiento asume una postura neutral. En esa lógica de sentido exitoso se hace la traducción de los “hechos educativos” a definiciones operativas y significados precisos (excelencia y productividad). Como afirma atinadamente Henry Giroux: “Los sellos del conocimiento y de la investigación teórica son atrapados en una noción de objetividad, que mide la fuerza de su significado contra el grado en el que es objetivamente comparable”.

El operacionalismo teórico vino al cabo a corresponderse con el práctico. El método científico que conducía a una dominación cada vez más eficiente de la naturaleza, proporcionó después tanto los conceptos puros como los instrumentos para una dominación cada vez más efectiva del hombre sobre el hombre, a través de la dominación de la naturaleza.

En el marco de lo técnico, las decisiones posibles de los sujetos son atrapadas por fines que desde el lugar del poder tecnocrático han sido decididos, muchas veces los sujetos sociales, en el salón de clases o fuera de las instituciones escolares, hacen las cosas sin saberlo. En este plano del “no lo saben pero aún así lo hacen”, debe intervenir una racionalidad cuya reflexión actúe en un doble sentido: criticar para desenmascarar las representaciones universalizadoras, que hacen a un lado el juego de los intereses de las personas que actúan en el campo de la vida real.

Hoy vivimos la sociedad de la vigilancia, donde el poder de dominación desaparece la línea divisoria entre lo privado y lo público. El panóptico de Jeremy Bentham (control disciplinario del cuerpo o biopolítica) es sustituido por el panóptico digital (psicopolítico) en la medida en que nos desnudamos y exponemos. El morador del panóptico digital es víctima y actor a la vez. En las redes nos desnudamos voluntariamente. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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