Aquiles Gaitán
El caballo de Atila
Martes 11 de Julio de 2017
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El desarrollo económico no es únicamente el incremento del producto nacional, lleva implícita una distribución más equitativa del mismo que propicie un aumento del nivel de vida de los ciudadanos, su educación, su salud, su alimentación, su vestimenta; lleva también el impulso de un ideal que genera una actividad política en cada generación, que por razones sociales, sólo explicables en tiempo y circunstancia, pueden ser violentas, hasta revolucionarias, para llegar al poder y forzar la distribución no sólo del producto, sino de las propias fuentes de riqueza. Por supuesto que una actitud revolucionaria es una actitud política que rompe el orden establecido y cambia los signos de la historia para decidir una nueva forma de invertir la riqueza del Estado en beneficio no de la estructura del poder, sino de los ciudadanos que integramos el comúnmente llamado pueblo.

Me he preguntado una y mil veces: ¿qué razones tienen los gobernantes para tomar la decisión de invertir en infraestructuras, para formular los presupuestos del gasto y los salarios?
Me he preguntado una y mil veces: ¿qué razones tienen los gobernantes para tomar la decisión de invertir en infraestructuras, para formular los presupuestos del gasto y los salarios?
(Foto: Carmen Hernández )


Me he preguntado una y mil veces: ¿qué razones tienen los gobernantes para tomar la decisión de invertir en infraestructuras, para formular los presupuestos del gasto y los salarios?, ¿qué razones para concesionar las carreteras a particulares, para concesionar la generación de energía eléctrica, los bancos, los aeropuertos, los ferrocarriles, el petróleo, los teléfonos, las telecomunicaciones?, ¿qué razones para vender el alma al diablo? Si la respuesta es que la razón es buscar el desarrollo económico, la respuesta es falsa, con eso se busca el crecimiento económico que es muy, pero muy diferente al desarrollo económico.

Este problema ha preocupado a nuestras generaciones, y lejos de encontrar alternativas de solución en torno al reparto de la riqueza, ha hecho más grande la brecha entre los ricos de la minoría y los pobres de la inmensa mayoría, ha hecho más grande la brecha entre los gobernantes y los gobernados, entre las oligarquías de los partidos y sus ilusos partidarios.

Hoy se cuestiona nuevamente, como cada seis años, la eficiencia del Estado, los resultados de la toma de decisiones. Hasta hoy ha sido la política del azadón, todo para acá, hacia donde está el que jala el palo del instrumento. El caldero se está calentando, pronto llagará al punto de ebullición, pero es más de lo mismo, ahora se requieren otros ingredientes ajenos al atole acostumbrado. La leche se corta con lo ácido, son asociaciones imposibles, así también hay en lo político asociaciones imposibles, alianzas imposibles, ideologías incompatibles. Que no nos confundan los convenencieros, los que se arreglan en los campanarios, los que se arreglan en las cúpulas, entre las oligarquías, lejos del pueblo desesperado. La derecha viene de los cristeros, de los vende patrias, de los dueños del dinero y de los medios de producción, de los terratenientes, de los concesionadores del país, de los que han tenido el país en sus manos y lo han desmadrado. La única opción es la izquierda, con el peligro de la llegada de un nuevo mesías, aun así es opción para este país de miserables con el hampa galopando en las praderas.

No quiero voltear para atrás porque me vuelvo estatua de sal como Sara la de la Biblia, no quiero ni volver a ver al tímido muchacho frente al arrogante Trump, ¡qué pena ajena!, en Hamburgo. Pensemos en el futuro, en la última oportunidad antes del extravío, es el momento de imaginar un mundo diferente, porque de lo contrario nos iremos a las llamas del crematorio llenos de frustraciones.

Por un lado está, y no lo perdamos de vista, lo nuestro, el reparto justo de la riqueza; por otro, las relaciones del Estado con otros estados y las transnacionales que son peor, vamos por lo primero que lo segundo viene por consecuencia, es el tratado de libre comercio y la migración básicamente con los vecinos del norte, lo demás es lo de menos, a no ser que se les ocurra un tratado de libre comercio con China de una vez para el acabose. Para resolver lo primero, se requiere estar en el poder y para llegar al poder se requiere o ganar las elecciones u organizar una revolución, como esto último está un poco difícil, digamos por falta de elementos, no porque las condiciones no estén dadas, tendremos que ceñir nuestras ilusiones a ganar las elecciones, las federales, ¡claro!, los que ganen dicen cómo. Y mientras en el año de Hidalgo, ¡agárrese! Si ya pensamos que hemos visto lo peor, esperemos dijo el optimista, algo más peor.

He sido muy general, no hablo de nadie en particular para no herir susceptibilidades, no critico a las instituciones, ellas se critican solas; hablo de la realidad desde mi realidad, desde mi perspectiva que es la de uno más del pueblo michoacano que igualmente espera mejores condiciones de vida, sobre todo en las regiones donde ha pasado el caballo de Atila.

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