Jorge A. Amaral
La casa del jabonero
Mireles, el ridículo y las dudas
Sábado 15 de Julio de 2017
A- A A+

El martes 11 de julio, ante un operativo que el Ejército llevaba a cabo en Tepalcatepec en busca de delincuentes, el doctor José Manuel Mireles Valverde, en un video que pronto pasó de las redes sociales a las agencias de noticias, llamaba a los autodefensas “activos y pasivos” a tomar las armas, a acudir desde la Sierra, la Costa, Tancítaro y otros lugares no a coadyuvar con el Ejército Mexicano para detener a los delincuentes, sino nada más y nada menos que hacer frente a los elementos de la Sedena que, según entendió el doctor, pretendían sitiar Tepalcatepec. El resultado de esta acción fue el aseguramiento de armas y droga porque no pudieron detener a nadie ante la reacción de algunos pobladores.

¿La Tuta tenía razón?



Este escándalo protagonizado por el médico se da en un contexto en el que su credibilidad ante la opinión pública se ve mermada por las declaraciones de Hipólito Mora, que permiten esbozar un escenario muy distinto al mostrado durante el alzamiento de los grupos de autodefensa. Me explico.

La semana pasada Hipólito Mora dijo a los medios locales lo que en uno de sus videos La Tuta había dicho pero que nadie le creyó (en aquel momento era la palabra del líder templario contra la de un Mireles inmaculado por la prensa y una sociedad necesitada de héroes) pero que con el paso del tiempo fue cobrando forma: la infiltración de grupos delictivos de otros estados (de Jalisco sobre todo) en los grupos de autodefensa, el simple cambio de camiseta que con el reconocimiento como autodefensas (y luego como Fuerza Rural) permitiría a los delincuentes (los famosos perdonados) seguir haciendo lo que mejor saben. Pruebas de ello hay muchas, pero para fines prácticos basta mencionar dos: El Americano y el afianzamiento de Los Viagras.

Según Carlos Marín, los detenidos en Tepalcatepec el martes dijeron que en el lugar “estaban los patrones”. Cabe recordar que en un principio la información era en el sentido de que había sido detenido Juan José Farías, alias El Abuelo; luego esa información fue negada por el mismo gobierno a través de boletines. Caso curioso: la bodega-salón donde encontraron armas y droga es propiedad del susodicho, conocido fundador de autodefensas y señalado por vínculos con el crimen organizado. Otro detalle: en uno de los videos captados ese día (https://youtu.be/CnCoHWK5PD8) se puede ver a personas portando radios de comunicación mientras los soldados están rodeados por la turba. En todo este contexto aparece Mireles llamando a tomar las armas para frenar ese operativo del Ejército… ya la autoridad correspondiente deberá investigar qué relación habría entre el doctor y los supuestos “patrones” como para que aquel, recurriendo a su poder de convocatoria y respaldo social, llame a la población a tomar las armas contra el gobierno, a quien, hay que recordarlo, pidió perdón en un casi conmovedor audio difundido cuando estaba preso.

Patear el pesebre




Desde su detención era obvio que se trataba de una revancha de Alfredo Castillo, que Mireles ya era muy incómodo para el gobierno federal. Durante su estancia en prisión fue evidente que al gobierno de Silvano Aureoles no le interesaba intervenir para liberarlo. El juez federal a cargo del caso puso cuanta traba se le ocurrió para mantener al doctor en cautiverio, es más, Alfredo Castillo y Fausto Vallejo jamás acudieron a declarar cuando se les citó a solicitud de la defensa. Era evidente que a la Federación y al gobierno estatal les convenía más tenerlo encerrado.

Pero fue gracias a la presión que estuvo ejerciendo Movimiento Ciudadano, sobre todo a través del diputado Daniel Moncada, que poco a poco se fueron aflojando los grilletes de ex líder de los autodefensas.

Si no hubiera sido por la presión política y social y el respaldo económico por parte de Movimiento Ciudadano, Mireles seguiría preso, a lo mejor hasta más enfermo. Entonces, andarse arriesgando así nada más, porque un familiar le dijo que en Tepeque había borlote, es una irresponsabilidad hacia la sociedad y un deleznable acto de ingratitud hacia sus benefactores, y no sólo económicos, sino quienes en sus columnas se han desgarrado las vestiduras defendiendo la heroicidad del doctor.

La clase política ya censuró el llamado de Mireles y ha habido columnistas que atendieron la indicación gubernamental de minimizar el asunto.
La clase política ya censuró el llamado de Mireles y ha habido columnistas que atendieron la indicación gubernamental de minimizar el asunto.
(Foto: Cuartoscuro)



En fin. El doctor debió madurar y aprovechar su imagen y popularidad para dar el siguiente paso en su lucha ya no hacia las armas, sino más política (en el buen sentido), recordemos que un activista sirve más vivo y libre que muerto o preso, eso si es que los intereses de Mireles son legítimos. Al tiempo.

No pasa nada



La clase política ya censuró el llamado de Mireles y ha habido columnistas que atendieron la indicación gubernamental de minimizar el asunto. Funcionó: Mireles, en el mejor de los casos, sólo hizo el ridículo ante la opinión pública y los políticos le dieron su reglazo en la mano.

Al hoyo



El socavón en Cuernavaca y el “Gracias señor Presidente por el Paso Exprés (sic)” son una metáfora de la realidad nacional: esos enormes hoyos a donde se van millonarios recursos ante la indiferencia, incompetencia y a veces, lo que es peor, complacencia de las autoridades, todo en beneficio de empresarios amigos. Justo como el Libramiento Norte de Morelia, donde los amigos de Alfredo Castillo se llenaron los bolsillos con una obra que nada más no queda bien. Es cuánto.

Para escuchar el fin de semana: Alabama 3, Exile on Coldharbour Lane

En 1997 esta banda británica nos regaló Exile on Coldharbour Lane, disco cuyo título hace referencia a Exile on Main St., de los Rolling Stones, sólo que Coldharbour Lane es una avenida de Brixton conocida por sus congales y venta de drogas.

Muchos conocimos este grupo de acid house, blues y country por The Sopranos, la serie que tomó “Woke up this morning” como tema de entrada.

Exile on Coldharbour Lane, un disco a veces sórdido pero a ratos alegre, que bien puede provocar atmósferas cargadas, incluso opresivas, pero no deja de ser un álbum que enamora desde el primer corte, con letras bien construidas (“Peace in the valley” no tiene pierde), una producción impecable y arreglos que se mueven por el blues, el góspel y el country a bordo de sonidos electrónicos y a veces con aires funky.

Por esta ocasión me ahorro las descripciones tema por tema, simplemente sírvase un escocés y reclínese en el sillón mientras escucha “Woke up this morning” que, sin tener la estructura, tiene todo el aliento poético y la energía oscura de un buen blues. Salud.

Sobre el autor
Jorge A. Amaral Morelia, 1980. Melómano, aficionado a la cocina y poeta rehabilitado. Narrador ocasional, cronista eventual y articulista consuetudinario. Aprendió algunas cosas bastante útiles en la Facultad de Filosofía, tuvo un centro botanero, ha sido desempleado, obrero, carnicero, oficinista, funcionario, dirigente partidista y taquero. De oficio corrector, ha publicado en diferentes antologías editadas dentro y fuera del estado, en las revistas Letra Franca, Clarimonda y otras de menor notoriedad, además de ser columnista en la revista digital Revés. Abomina la presunción sabedor de que, en la casa del jabonero, el que no cae, resbala.
Comentarios
Columnas recientes

La ilusión del súper ciudadano

Gobernador hasta diciembre

Música para cambiar el mundo

En los alrededores del temblor

Catorce años sin Johnny Cash

Política circense

Morena, prueba de resistencia

La desbandada, la arrogancia y la vacilada

La marquesina política

El rap, a 44 años

Del dispendio y la misoginia

La clase social de los cerros

La PGR y Ruiz Esparza, a la misma hoguera

Mireles, el ridículo y las dudas

El perredismo soluble

Reivindicación de lo moreno

Pura música

Nos han dado la democracia

Caso Adame y el afán distractor

Cortar las hojas para tumbar el árbol

Michoacán, el caldero hirviendo

El Virrey perdió

Las herederas de Antígona

Limpieza fallida

Arantepacua y la culpa de todos

El procurador: de Herodes a Pilatos

PRD, lucha de subespecies

El piropo y el berrinche

Supervivencia política

Aspiraciones presidenciales

Corrección política: pusilanimidades y eufemismos

Los chiquinarcos

Festejando al artista

El día que murió la música

Trump, a su manera

La papa caliente

La gallina de los huevos de oro

¿La beben o la derraman?

Fiesta pesada

Diez años de combate al narco

Tierra sin ley

Atrasito de la raya

Botellita de Jerez, cuando lo naco es chido

EZLN y el voto divisor

El rockabilly no volverá

Los muertos de todos

El gringo que quiere gobernarnos

Aspiraciones son prioridades

Adiós al Fiscal de Hierro

Personajes vallisoletanos

Imagen y minimización

2018, sin garantía de nada

San Fernando, a seis años

Consultoría moral

El articulista incendiario

Castillo, un fracaso más

Miopía prohibicionista

Me avisan cuando empiece la revolución para no venir a trabajar

Los olvidados del gobierno

Mexicanos, ¿primero?

Tema político, asunto de todos

Vivillos y vividores

La presea políticamente incorrecta

La lucha magisterial y el señor reaccionario

Regresiones

El neozapatista intolerante

Apuesta para 2018

Ciudad de cafres

Se alborotó la gallera

Me ven y tiemblan

El taco, puro amor

Mira nada más…

Estos diablillos

Sentimiento de vejez y gustos vintage

Apunte en torno a la prensa roja

Los que esperaban más

Cosas que también prohibiría si fuera antitaurino

Cosas que también prohibiría si fuera antitaurino

El día que murió la música

Apunte sobre el albur

Francisco y las expectativas

Las disculpas de Mireles

Un nuevo tropiezo

Incongruencia nuestra de cada día

La ley al servicio de la necedad

Amante de la vieja escuela

Ambigüedades y paradojas

Tu derecho, mi derecho

El bozal del diputado

La lírica de Cirilo Casanova

Turba iracunda, gobierno inoperante

La lucha sin rumbo

Revisitando a Bukowski

Un nuevo comienzo para el mismo Michoacán

Jara y su seguridad

Ayuntamientos, entre el olvido y la miopía

De recaudación y carros viejos

El año de Hidalgo

Don Beltrones, el ungido

De obnubilados y necios

El fracaso de la Fuerza Rural

Enfoques y desenfoques

La añeja corrupción

Exorcismo antiaborto

La necesidad de manifestarse

La política independiente, una oportunidad

Cierre de campaña

El batidillo político

El PRI, el lodo y el triunfalismo vano

Solovino y su amparo

No votar, ¿y luego qué?

El bateador emergente

La inutilidad del voto nulo

El narco desde dos ángulos

Idolatría e intransigencia

Temporada de chapulines

Morena es una tómbola

El clown político

Sociales, de la inutilidad al desperdicio

Garrotazos errados

Morelia y la oportuna publicidad

Publicidad turquesa

Complejidades para 2015

Siempre no se va

El proceso que se viene

Otra canasta de cuentos mexicanos

Nada nuevo bajo el sol

La imprudencia juvenil

Gobernador de nueve a cinco

El inmenso cementerio

Al fin que sólo es el kínder

¿Se olvidan de Tlatelolco?

Letras mercenarias

Divisionismo, el enemigo a vencer

Divisionismo, el enemigo a vencer

11 de septiembre en México

La estrategia fallida

Castillo, el malquerido

Escrachar en México

Michoacán y los poderes fácticos

De todo y nada

Mamá Rosa y el dramatismo

Pueblos arrasados

Mexicanos al grito de ¡p…!

El circo del Partido Verde

Necios, tontos y mezquinos

Educación contra las mentiras

A pesar de Maciel, santo nuevo

Los nuevos desempleados

El grupo sin rumbo