Rafael Calderón
Pedro Garfias, 50 años después
Lunes 17 de Julio de 2017
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Pedro Garfias brilla por la individualidad que alcanzan sus poemas bajo esa realidad que tiene ritmo, varias imágenes están registradas en títulos como “Ritmos cóncavos”, “Tres canciones de Toledo” y “Motivos del mar”, donde permite apreciar ese acierto que se agrupa bajo el título Romances y canciones y son los que le permiten determinar la unidad del tiempo, porque iba escribiendo entre el salto del tiempo y le siga el silencio, para los siguientes años, que solamente vuelve a recuperar con los versos agrupados en la Poesías de la Guerra Civil española. Pero la lectura de aquellos Romances y canciones tiene la diversidad de estilo, la realidad de la naturaleza es el punto de encuentro ante la vista que deslumbra. El lenguaje que explora recuerda que son la carta de presentación que se vuelve música, soledad y la mirada colmada y dulce del poeta.

edro Garfias murió hace 50 años en Monterrey, Nuevo León, el 9 de agosto de 1967, a la edad de 66 años.
edro Garfias murió hace 50 años en Monterrey, Nuevo León, el 9 de agosto de 1967, a la edad de 66 años.
(Foto: Especial)

La primera mitad del siglo XX fue el siglo de las vanguardias y Garfías está presente por poemas tienen algo de aquel estilo, el encuentro con la metáfora, versos que quieren ser un salto para reconocer que el ultraísmo fue una escuela, una corriente, la búsqueda que se expresa metafóricamente. Después termina el salto que da en un pasado cuando llega a México para 1941. Pero el ultraísmo es una corriente del vanguardismo y sin dejar de ser parte de la biografía literaria del poeta. Como diría Borges: el ultraísmo fue una especie de broma y a veces queda fuera de los estudios de vanguardia. Garfias escribió en 1934: “Fue una realidad positiva y eficaz. Abrió horizontes y creó rutas. Creó la revista total y puramente literaria. Puso a España al día con las corrientes literarias de Europa”. Al definir el ultraísmo, pero sabiendo que proseguía en su exacta valoración del encuentro con el lenguaje, expresa Borges que era “reducción de la lírica a su elemento primordial: la metáfora. Tachadura de frases medianeras, los nexos y adjetivos inútiles, abolición de trabajos ornamentales, el confesionalismo, las prédicas y la nebulosidad rebuscada”. Lo cierto es que implica ver su presencia, seguir esa senda que, con el curso del tiempo, se vuelve una vitalidad que nombra cosas transparentes de la naturaleza, conecta con sus sentimientos, pulsaba el sentir de las calles y el horizonte de la vida, el día, un árbol; los poemas se escriben bajo este efecto de la poética y en sus estrofas encierran sentimientos nobles y sinceros.

El nombre de Pedro Garfias en la poesía española adquiere notoriedad, la huella con la poesía le otorga respeto en los círculos literarios. Porque si bien es cierto que “Ritmos cóncavos” es una presencia de su primer libro, mientras “Tres poemas de Toledo” y “Motivos del mar” son ya parte fundamental de Romances y canciones y son los que escribe como el ejemplo de la recta final del ultraísmo. Del primer caso hay que resaltar: “Van quedándose atrás/ mis pasos pensativos/ y en la mañana tierna cada hora que pasa/ me deja su rama de olivo”. Es parte de la voz sincera, que ardía, como una antorcha por la pureza del lenguaje, se guiaba por la sombra y la espiga de los ojos. Para terminar con esa fuerza tan suya, explosiva, toma imágenes de los pájaros, la naturaleza y la fuerza del idioma: “Los pájaros han tejido/ en mi ventana/ su enredadera de trino…”. Es una figura metafórica que no abandona: aparece con igual sentimiento o mayor incluso y por lo mismo tiene la fuerza que encierran para sobrevivir al olvido. Lo dice en Romances y canciones con esa expresión lírica: “Los trinos de los pájaros/ serpentinas azules como arroyos/ Vuelan de árbol en árbol/ mañana recién brotada/ y todas las campanas/ corren por todos los tejados persiguiéndose”.

El tema que llena de furia la poesía española es la tradición popular y con natural sentido registra esa verdad que se revela única y diferente. Lo primero, porque varios de la generación de Garfias fueron apasionados de esta corriente lírica; hay que recordar que bebieron esta pasión con ahínco y sobresalto verbal. Si la fuerza de lo popular la aprovechó Federico García Lorca, Antonio Machado y un poco menos Alberti y Garfias, es cierto: imponen un estilo, y si León Felipe era un exaltado en la lectura de sus poemas, Lorca imponía personalidad. ¿Dónde queda situado Pedro Garfias? Es una excepcionalidad que brilla por su pasión verbal y enciende el lenguaje de la soledad, la melancolía y el ritmo de la música en sus versos es para ser cantados y oídos.

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