Jerjes Aguirre Avellaneda
Silva Tejeda: ¿Nuevo líder, nuevo PRI?
Viernes 8 de Abril de 2016
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Con la renovación de sus dirigentes estatales y con formas tradicionales de elección interna, el PRI michoacano tiene nuevo presidente y secretaria general. Las circunstancias históricas y coyunturales, plantean retos significativos a todos los partidos políticos y en particular al Revolucionario Institucional. El descrédito de la política en sus contenidos y formas es causa y efecto de las soluciones equivocadas en el contexto de la nueva correlación de fuerzas políticas en todas las escalas, expresadas de una deficiente democracia y en una práctica política profundamente asociada con los vacíos ideológicos, la presencia generalizada de la corrupción y la mayor importancia concedida a los individuos por sobre la organización partidista.

En el acto que formalizó los nuevos cargos en el PRI, se hizo el llamado categórico a los militantes, para evitar “estar centrados en el pasado, sino en el horizonte del 2018 y 2021”, en las elecciones para presidente de la República y gobernador de Michoacán. Sin embargo habría que señalar que en los discursos del acto, hubo olvido del necesario diagnóstico de la realidad política y específicamente del PRI en Michoacán, de sus grandes problemas y desafíos respecto de los cuales pudieran comprenderse las responsabilidades de sus nuevos liderazgos políticos y no sólo de administradores partidistas.

Debió suponerse erróneamente que todos los priistas de Michoacán tienen plena conciencia de las circunstancias de su partido, de su papel en la historia contemporánea de Michoacán, hasta sus derrotas electorales tanto recientes como de principios de siglo, dejando una vida expedita a las prácticas populistas que magnifican los liderazgos, refuerzan las tentaciones represivas, ofrecen soluciones retóricas y debilitan en los hechos las estructuras institucionales establecidas por el Estado de Derecho.

El PRI michoacano tiene nuevo presidente y secretaria general.
El PRI michoacano tiene nuevo presidente y secretaria general.
(Foto: Especial)

Tres conceptos serían suficientes para entender las características michoacanas y del PRI: su unidad, la ideología y su papel de oposición, dejando al margen sus antecedentes de autoritarismo, traiciones, engaños y vacíos. Por cierto, los tres conceptos fueron mencionados por el nuevo dirigente en el discurso pronunciado en el acto de protesta al cargo, de manera ligera e imprecisa.

El primer concepto está relacionado con los llamados a la unidad del priismo michoacano, en una convocatoria constante, sobre todo en este siglo, cuando el pragmatismo se convierte en regla, los principios carecen de significaos y la congruencia deja de existir, porque no hay identidades que sirvan de referencia. ¿De quién es la responsabilidad de las derrotas del PRI? En torno de esta cuestión surgieron respuestas contradictorias y acomodos oportunistas que dividieron a sus militantes y contaminaron el ambiente interno de resentimientos y actitudes de revancha. Aparte, estaban los amigos de ex gobernadores, los beneficiarios de sus administraciones, siempre dispuestos a los arreglos que permitieran proteger sus intereses y mantener latentes sus nuevas ambiciones.

En segundo lugar, ciertamente puede observarse un PRI malhecho en su organización y cohesión interna, vigente por inercia más que por convicción. No es un problema de personalidades sino de lo que esas personalidades representan para su partido y el conjunto de la sociedad. La unidad se logra cuando comparten objetivos, cuando tratándose de un partido político, los militantes coinciden en cómo y para qué hay que usar el poder que se consigue democráticamente en los procesos electorales. Un partido unido sobre a quién representa y cómo lo representa en la teoría y en la práctica, en la ideología y en todo cuanto hace.
Este es problema principal del PRI: sus objetivos no son claros como tampoco se sabe a favor y en contra de quién está. Su historia es elocuente. De partido revolucionario devino en un partido cuyas coincidencias con los viejos enemigos contrarrevolucionarios son ostensibles. Cambió radicalmente sus propuestas en los distintos aspectos de la vida nacional, campo, ciudad, educación, nación, relaciones internacionales, religión, distribución de la riqueza y el ingreso, principios y valores éticos, entre otros muchos. En términos de simple geometría, ¿El PRI es de izquierda, derecha o cuatro? Es evidente que el PRI necesita refundarse, cambiar de nombre, puesto que no se sabe lo que se quiere decir con “partido revolucionario”, en el marco de las instituciones. ¿En este momento qué tiene de revolucionario el PRI?

Finalmente otro tema de la mayor importancia en el que se refiere al tipo de oposición priista al gobierno del gobierno, en los intereses de los michoacanos, en especial los que votaron por el candidato priista para gobernador del estado. ¿Qué se quiere decir con “oposición responsable” o “verdadera oposición”, como si hubiera una oposición falsa y otra verdadera?, ¿qué se dice a la militancia, de manera clara, entendible, respecto a que luego de la derrota, lo que sigue es una oposición abierta, crítica, propositiva en torno de asuntos específicos que interesan a la gente y a los propios priistas? Una oposición sin identidad, sin perfil propio, es claudicación y oportunismo. Una oposición sin ideas es, en suma, una oposición simulada.

Este es el tamaño de los problemas que la nueva dirigencia estatal del PRI debe atender y resolver. Sin duda que se requieren capacidades individuales probadas, reconocidas sustentadas en las historias individuales respectivas, para generar confianza y determinación en las redefiniciones ideológicas y en la reconstrucción priista. Las dudas, las incertidumbres provocan sospechas, mientras el malestar social crece. El ambiente se tensa, la economía ni se recupera y los miedos siguen extendiéndose.

Los líderes auténticos son necesarios en todas partes, pero nunca sustituyen a las organizaciones. Los pronósticos en el PRI tienen que corresponden con el tamaño y la complejidad de los desafíos. Al menos, por los pronto, son indispensables compromisos concretos, transparentes y confiables.

La democracia mexicana y de Michoacán en lo que corresponde, necesita de partidos políticos fuertes en su proyecto, organización, influencia y legitimidad para conducir los grandes procesos de transformación, tal vez menos en número pero de mayor cantidad. La primacía de los líderes sobre la organización debe terminar. No más organizaciones en función y dependencia de sus liderazgos, sino líderes en función de los partidos. No más elecciones de candidatos apoyados como individuos, en lugar de partidos con buenos candidatos.

Hoy por hoy, un obstáculo al desarrollo democrático, está representado por los partidos políticos y sus camarillas. Este obstáculo debe comenzar a eliminarse. En esta perspectiva, habrá que darle seguimiento a los acontecimientos del PRI michoacano.

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