Ramón Guzmán Ramos
Do you want to learn English?
Sábado 22 de Julio de 2017
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El inglés se ha convertido en uno de los idiomas que han alcanzado una escala global.
El inglés se ha convertido en uno de los idiomas que han alcanzado una escala global.
(Foto: Especial)

De entrada uno pensaría que no hay mayor problema en reconocer que el aprendizaje de un nuevo idioma es un factor que contribuye a elevar nuestra inteligencia y a mejorar nuestra capacidad de conocimiento y comunicación con otras sociedades. Vivimos en un mundo globalizado en que la mayoría de las relaciones que establecen los seres humanos no tienen fronteras. Lamentablemente los muros fronterizos se elevan sólo para las migraciones humanas. Hay que apuntar, sin embargo, que se empiezan a producir fenómenos recientes que apuntan hacia el surgimiento de nuevos nacionalismos. Pero a fin de cuentas ninguna frontera detiene a los ejércitos cuando se proponen ocupar otros territorios, lo mismo a las mercancías que invaden el mundo del mercado libre, ahora tampoco el trasiego de enervantes. La ciencia y el arte, afortunadamente, han tenido desde su origen una dimensión universal y no ha habido límites físicos ni mentales que las contengan.

El inglés se ha convertido en uno de los idiomas que han alcanzado una escala global. Los idiomas pueden llegar a ser espacios limitados si la gente no se abre al conocimiento de otras lenguas. Sabemos que la interculturalidad es el reconocimiento de que en el mundo existe una rica diversidad de culturas y que se puede establecer un diálogo respetuoso y de mutuo aprendizaje entre ellas, en el entendido de que ninguna es mejor que la otra y que quedan prohibidas las relaciones de dominio. Habría que añadir que en un diálogo así, el instrumento, desde luego, es el lenguaje. La gente que sólo habla y entiende su propia lengua se mantiene atrapada en una dimensión social reducida. Mientras más idiomas se dominen será mayor el nivel de profundad que se logre en el conocimiento y aprecio de los demás. Alguien dirá que para eso están las traducciones, los traductores, pero no hay como el dominio directo de los instrumentos de comunicación.

No han faltado quienes aseguran que los imperios les han impuesto a las sociedades subyugadas su propia lengua.

Pero les ha hecho falta señalar que un idioma, como todo instrumento de comunicación, puede servir lo mismo para engañar, someter, dominar o enajenar a los otros, que como medio de liberación. Es verdad que el inglés ha sido el idioma de dos imperios muy poderosos, pero también ha sido el lenguaje de Martin Luther King, Peter McLaren, los mártires de Chicago, Susan Sontag, Noam Chomsky, Stephen Hawking, Walt Whitman, Charles Bukowski y, de más atrás, nada menos que de William Shakespeare, por nombrar algunos. De manera que rechazar el aprendizaje del inglés por considerar que se trata de un idioma enajenante, propio de la potencia que mantiene al mundo bajo su dominio y en medio del terror, es actuar de una manera por demás maniquea, muy limitada. Pero también lo es plantear, desde la otra perspectiva, que a través de un plan oficial se puede convertir a México en un país bilingüe sólo por decreto.

El 10 de julio pasado Aurelio Nuño presentó su Estrategia Nacional de Fortalecimiento para el Aprendizaje del Inglés. El objetivo central que se plantea la SEP es lograr que en 20 años todos los mexicanos puedan terminar su educación obligatoria hablando inglés, con una certificación de reconocimiento internacional a cargo de la Universidad de Cambridge. Para alcanzar este objetivo, el secretario de Educación ve a las escuelas Normales –tan descuidadas y atacadas por el propio sistema– como el medio más inmediato para iniciar la estrategia. Los estudiantes normalistas tendrán una preparación óptima en el conocimiento del inglés, de manera que al egresar estén en condiciones de dominarlo por su cuenta y enseñarlo a sus propios alumnos. En el próximo mes de agosto la SEP dará a conocer la convocatoria para contratar a mil 200 maestros de inglés para las escuelas Normales. Se trata de que los niveles de preescolar y primaria, así como telesecundaria y telebachillerato, sean incorporados a este programa. Se creará una Licenciatura en Inglés para preescolar y otra para primaria, como la que ya existe en la Normal Superior para Secundaria. Habrá una inversión de 800 millones de pesos para esta etapa. Los maestros de inglés de secundaria y educación media superior tendrán cursos especiales de capacitación. En el medio indígena el inglés será considerado como la tercera lengua, después de la materna y el español. Según las apreciaciones de Aurelio Nuño, los primeros resultados se podrán apreciar en cuatro o cinco años. El programa dará inicio hasta el ciclo escolar 2018-2019, es decir, cuando el gobierno en funciones esté por entregar el mando.

La respuesta de la dirigencia de la Sección XVIII de la CNTE ha sido de rechazo. La crítica, sin embargo, no se ha dado en función de la viabilidad misma del programa de marras, sino por el lado de un supuesto indigenismo que resulta en mayor aislamiento y marginación. Que en vez de la extensión de la enseñanza del inglés se refuercen los esquemas para promover y rescatar las lenguas originarias del estado en el ámbito educativo, es la postura. Tendrían que ser las propias comunidades indígenas las que decidieran si hacen de su lengua una trinchera para apartarse del resto del mundo y si desean que sean otros, desde afuera, quienes las defiendan y protejan su derecho a conservar su lengua materna. Por lo pronto, ante esta postura, la Sección XVIII no participará en la convocatoria para la contratación de los maestros que las Normales del estado estarían requiriendo. Es de suponer que las escuelas Normales de la entidad estarían en la misma posición. Habría razón, siguiendo la propia trayectoria que la CNTE ha seguido en su lucha contra la Reforma Educativa, en rechazar el mecanismo que usará la SEP para la contratación de los maestros de inglés, esto es, por medio del examen, haciendo a un lado al sindicato, a través de contratos que son temporales y cuya permanencia en el servicio dependerá de los resultados de la evaluación a que estos maestros se sometan periódicamente. ¿Pero hay razón en simplemente rechazar un programa que podría ampliar la plantilla laboral en las Normales y otros niveles educativos y que, además, en caso de funcionar, les daría a los niños y jóvenes la oportunidad de conocer y dominar un idioma que les facilitaría la vida académica y profesional? Hay que recordar que el conocimiento de un idioma extranjero es un requisito para la titulación en licenciatura y en los otros niveles de posgrado de cualquier carrera profesional.

La crítica a la estrategia de inglés, además de lo que ya señalamos arriba con respecto a los mecanismos oficiales de contratación y evaluación, tendría que dirigirse hacia la viabilidad del programa. Si se le ve bien, se trata de un programa muy limitado. ¿Será suficiente con dotar a cada escuela Normal de maestros especializados en inglés para cubrir los objetivos del programa?, ¿y qué pasa con las necesidades de infraestructura (espacios, materiales y equipo especial, además de los contextos para la práctica del idioma) que presentarían las escuelas? Rechazar el aprendizaje de un nuevo idioma sólo porque es el idioma de una potencia dominante reduce a ras de suelo la visión pedagógica. Como con las otras ciencias que en educación se convierten en materias de estudio, el docente tendría que proponerse construir un enfoque crítico y significativo para esta asignatura en especial.