Gerardo A. Herrera Pérez
Debatamos Michoacán
Trabajo doméstico
Miércoles 26 de Julio de 2017
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El pasado 22 de julio se conmemoró el Día Internacional del Trabajo Doméstico; sí, aquel que no se paga, que requiere de jornadas de muchas horas para atender una familia, que va desde lavar, planchar, cocinar, cuidar, llevar los niños, niñas y adolescentes a la escuela, estar al pendiente de las tareas escolares, ser enfermera, psicóloga, ecónoma y un largo etcétera.

Desafortunadamente el trabajo doméstico no permite que las mujeres puedan avanzar e incursionar en otras actividades, el sólo pensar que éstas tendrán que hacerse cargo de la producción y reproducción dentro de la empresa y su hogar es agobiante; no obstante, cientos de mujeres están asumiendo ese papel ante las necesidades económicas de generar mejores condiciones de vida para sus hijos y en general para su familia, sea ésta cualquiera que sea (nuclear, extensa, semiextensa, etcétera).

El patriarcado continúa ejerciendo su papel controlador y disciplinante del cuerpo de las mujeres y de los menores en la familia.
El patriarcado continúa ejerciendo su papel controlador y disciplinante del cuerpo de las mujeres y de los menores en la familia.
(Foto: TAVO)

Las mujeres, aún en este siglo XXI, continúan principalmente en las zonas rurales y en los pueblos y comunidades indígenas asumiendo los roles de género ligados a su sexo y sometidas y controladas por procesos sociales que limitan su autonomía y libertades. El patriarcado continúa ejerciendo su papel controlador y disciplinante del cuerpo de las mujeres y de los menores en la familia.

Por ello nos parece importante que se continúe trabajando en acciones que permitan ir desmontando el patriarcado, la misoginia, el machismo y el sistema de género que tanto daño han causado a la mujer y la invisibilidad que ha permitido de otros sectores de la población, como la población trans.

De ahí la necesidad de que las autoridades, como la Secretaría de Igualdad Sustantiva del gobierno del estado de Michoacán, o del gobierno federal, como el Instituto Nacional de la Mujer, y otras instancias municipales y, claro, estatales, a implementar e impulsar el diseño de políticas públicas que fomenten la amplia participación de las mujeres en los mercados laborales de los distintos sectores productivos, de servicios, comerciales y turísticos.

Se trata de ejecutar medidas que permitan que las mujeres en edad productiva puedan realizar acciones laborales que les permitan coincidir en su trabajo fuera de la casa y el que tendrán que desarrollar en su casa con su familia. Para ello nos queda más que claro que requerimos de la participación del compañero, del hombre. Necesitamos una nueva masculinidad que le permita al hombre que vive en casa, no al hombre de la casa, que ejecute en la medidas de las posibilidades roles de corresponsabilidad para coadyuvar con el trabajo doméstico, dividiendo el trabajo entre los esposos y, ¿por qué no?, también entre los hijos.

Me parece que todos debemos generar las sinergias para que hombres y mujeres por igual y de acuerdo con sus capacidades deben coadyuvar con las labores del hogar, y esta acción debe estar legitimada por la sociedad. Es la sociedad en su conjunto la que debe valorar las labores dentro del hogar para modificar aquellas ideologías que piensan que son las mujeres que deben tener las actividades de cuidado y maternidad, deslindando a los varones de estas tareas.

El trabajo dentro del hogar, ya sea remunerado porque existe una persona que lo hace (población indígena o población en pobreza) o bien el no remunerado (la esposa, la madre), está ligado al sexo femenino, y esto es productos del patriarcado que está anclado a los estereotipos, roles e identidad de género, mismo que no reconoce la sociedad como productivo, sino como normalizado y naturalizado, como una función social de la mujer, que adicionalmente es considerado como inferior con relación al trabajo remunerado.

Me parece que las autoridades y la sociedad en su conjunto debemos reconocer la importancia del aporte del trabajo doméstico de la mujer soltera, casada, o no casada pero con hijos, o bien viuda, incluso desplazada, a la sociedad mexicana; por ello, la insistencia en que de diseñen políticas públicas y acciones que les permitan a toda la estructura gubernamental coadyuvar con las mujeres trabajadoras en mejorar sus condiciones de trabajo dentro del hogar.

No es menor el aporte que realizan las mujeres en México. De conformidad con cifras de 2015 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el valor económico de las labores domésticas y de cuidados no remunerados ascendió a 24.2 por ciento del valor respecto del PIB nacional a precios de mercado. Las mujeres realizan jornadas de trabajo por semana al igual que los hombres pero sin remuneración.

Por otro lado, debo reconocer que existe un gran avance en el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y la Organización Internacional del Trabajo, quienes expresan las contingencias por las que pasan las mujeres por las altas jornadas de trabajo domésticas y con ello el no poderse vincular al mercado laboral, menores ingresos y un trabajo informal vendiendo de todo (comida, ventas por catálogo, lavar o planchar ajeno, cuidar niños ajenos, confeccionar ropa, remendar, tejer o bordar, entre otras labores).

Me parece que los hombres, como ya lo comenté párrafos arriba, debe asumir un nuevo compromiso, un nuevo respeto a su proyecto de familia, una nueva masculinidad que le permita establecer una mayor participación en el cuidado y desarrollo de los hijos e hijas.

México cuenta con el paradigma de los derechos humanos, la participación del hombre y de la mujer debe estar planteada al cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible definidos por la ONU y aprobados por México, por lo que hay que poner fin a todas las formas de discriminación contra mujeres y niñas, así como a impulsar políticas acertadas y leyes aplicables para promover la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de las mujeres y niñas en todos los niveles, particularmente con el reconocimiento de los cuidados no remunerados y el trabajo doméstico no remunerado mediante la prestación de servicios públicos, la provisión de infraestructuras y la formulación de políticas de protección social y, desde luego, la promoción de la responsabilidad compartida en el hogar y la familia, hombres y mujeres iguales ante la ley y ante las oportunidades, trabajando al unísono por su familia.

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