Hugo Rangel Vargas
El dinosaurio se niega a morir
Viernes 28 de Julio de 2017
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Ante las demandas de una sociedad mucho más dinámica y en la que la militancia a un partido político ha dejado de ser la regla para convertirse en una “excepción” cada vez más generalizada.
Ante las demandas de una sociedad mucho más dinámica y en la que la militancia a un partido político ha dejado de ser la regla para convertirse en una “excepción” cada vez más generalizada.
(Foto: TAVO)

En el mes próximo, durante su XXII Asamblea Nacional, el Partido Revolucionario Institucional dará un paso fundamental en términos de la definición de sus reglas de selección de candidatos de cara al proceso electoral del siguiente año. Lo hará quizá en medio de la crisis más profunda y preocupante que este partido haya vivido en toda su historia, crisis que amenaza incluso con poner fin a su existencia.

Acostumbrado a administrar la abundancia y habiendo nacido desde la cumbre presidencial, el Revolucionario Institucional se ha dado lujos como el de poner candados a sus candidatos a la Presidencia de la República y a gobernadores, tales como la antigüedad en la militancia e incluso el requisito de haber sido ya representante popular.

Pero ante las demandas de una sociedad mucho más dinámica y en la que la militancia a un partido político ha dejado de ser la regla para convertirse en una “excepción” cada vez más generalizada, el tricolor prepara su camaleónica mutación que le permitirá enfrentar el proceso electoral de 2018 en el que hoy por hoy luce como el más claro derrotado.

Y es que, a decir del dirigente nacional de dicho partido, Enrique Ochoa, así como en voz de su coordinador parlamentario en la Cámara Baja, César Camacho, las reglas internas deben ser entendidas con “flexibilidad”, argumento que, según los propios líderes priistas, podría abrir a dicho partido a la posibilidad de postular candidatos “independientes”.

Pero aún con este grillete autoimpuesto que está a punto de ser retirado de los pies del dinosaurio; la cola, las otras extremidades y las fauces han demostrado tener el suficiente tamaño –aunque la agilidad maniatada– para poder engullir a una parte de la oposición carente de agenda y con tumbos en su estrategia para enfrentar al enorme reptil que se niega a morir.

Así ha quedado evidenciado con los resultados de la elección en el Estado de México, en la que Acción Nacional quedó desdibujado, el PRD celebró el pírrico triunfo de un crecimiento emergente de sus preferencias electorales en medio de la amenaza de la extinción, y Morena estuvo a pocos pasos de cuajar una mayoría suficiente para haber hecho imposible la operación fraudulenta de la que acusa a Alfredo del Mazo y a sus secuaces.

No, el PRI no ha muerto. Se rehace con la celeridad con la que se acerca la coyuntura de la disputa por el poder, su transmutación es catalizada por el olor a boletas electorales, la transformación de su retórica opera al ritmo del calendario electoral, el aperturismo, que hoy usará como ropa de gala, es puesto sobre la piel dura y gruesa de un lagarto, se pone de moda entre sus filas conforme se acerca 2018.

En el código genético del tricolor está inscrita la sustancia básica de la impostura, de la mentira y del engaño, no en vano es equiparado al dinosaurio, antecesor evolutivo del habilidoso camaleón que adapta el color de su piel al del entorno para poder sobrevivir.

Pero comienza a orbitar sobre la sociedad mexicana un meteorito que pone en riesgo su prevalencia como especie hegemónica en el ecosistema político. La fétida corrupción que despide el pantano donde vive y el candente fuego de la efervescencia social podrían ser la combinación explosiva que ponga fin a un dinosaurio que se sigue negando a morir.

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