Aquiles Gaitán
Auditoría forense
Martes 1 de Agosto de 2017
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Ante un nuevo paradigma, la auditoría forense. Todas las auditorías son históricas, se desarrollan sobre hechos pasados, sobre cómo se ejerció el gasto, en este caso, sobre cómo se gastó el dinero del presupuesto de los últimos convulsos años. En el sector público, año con año, después de revisar esos gastos llamados comúnmente la Cuenta Pública, previo dictamen del órgano fiscalizador del Congreso del Estado, los diputados votan por mayoría de votos su aprobación o no aprobación y tantán. En estas condiciones el dictamen emitido, sus recomendaciones, sus observaciones, las responsabilidades que de ahí se deriven, quedan sepultadas por la mayoría de votos de los diputados, así, año con año, quién sabe por qué impulsos ocultos en las conciencias de los diputados la Cuenta se aprueba; por ahora, legal y formalmente están aprobadas las cuentas, pero se hará una exhumación de los cadáveres para realizar la autopsia y determinar las causas, aquí no de la muerte, sino de las causas por las cuales no cuadran las cuentas presupuestales entre los ingresos recibidos y la comprobación de los gastos realizados, incluyendo en los ingresos obtenidos los ingresos por los préstamos de corto plazo no registrados como deuda pública cuyos límites de endeudamiento fueron rebasados en repetidas ocasiones y los prestamos registrados como deuda pública ante la SHCP.

Como dijo Díaz Ordaz en su discurso de despedida:
Como dijo Díaz Ordaz en su discurso de despedida: "La historia me juzgará?, ¿y eso qué?, ¡es asesino!, ¿y qué? La historia no es ningún tribunal, así como la auditaría forense no es el Ministro Público.
(Foto: Especial)

Esto sí que es un trabajo novedoso, ¡auditoría forense! Esperemos que no se hayan robado el cadáver o lo hayan cambiado por otro, o falte la cabeza, es decir que los documentos del periodo de revisión ¿diez, quince años?, existan todavía, incluyendo, ¡claro está!, los propios de los escándalos financieros de la tesorería del estado por la banda que la administraba y que fueron juzgados (¿chivas y chivos expiatorios?) en los tribunales correspondientes.

Cito dos párrafos del cuento que procede de la más antigua colección de cuentos indostánicos que se conserva, el “Panchatantra”, que ha llegado así hasta nuestros días: “Aquel que mira a la mujer de otro como a su madre, las riquezas ajenas como terrones del suelo y a todas las criaturas como a sí mismo, es un verdadero sabio”. “Cuando surge una disputa, lo primero que procede es la prueba documental; a falta de ésta, los testigos, y sólo cuando tampoco los haya aconsejan los prudentes el juicio de Dios”.

El primero lo cito como una aportación cultural a la conciencia de quienes lean este artículo, el segundo para vaticinar una de las posibles conclusiones a las que llegará la revisión forense, solamente el juicio de Dios hará justicia a los que adelantaron el futuro sin antes construirlo y dejaron de ver las riquezas ajenas como terrones del suelo.

Sin duda esta auditoría será como volver a construir la pirámide de Keops, pero finalmente no será cosa del otro mundo pero servirá como la misma pirámide, como un monumento funerario al gasto de 400 mil millones del estado durante diez años, a 40 mil al año, para que sea recordada esta desorganización (¿o será organización?) financiera, por los siglos de los siglos.

¡Ánimo, señores auditores! Ojalá encuentren la cuadratura al círculo, con mis mejores deseos de que todo salga bien y de que todo tenga una explicación lógica y no existan salvedades en su dictamen, o al menos sean pocas, porque en la medida que estas existan perderá efectividad su resultado.

Imaginemos ahora una auditoría forense a los 113 municipios, eso sería genial, pero es simplemente una imaginación que costaría mucho tiempo y dinero e igualmente que con la otra. ¿Qué haríamos con los resultados? Son caminos inéditos que nadie ha recorrido, es como el juicio político a Peña Nieto por lo del espionaje, nunca se ha enjuiciado a ningún presidente de la República, pues como dijo Díaz Ordaz en su discurso de despedida: “La historia me juzgará”, ¿y eso qué?, ¡es asesino!, ¿y qué? La historia no es ningún tribunal, así como la auditoría forense no es el Ministerio Público. Pero no adelantemos vísperas, esperemos resultados puntuales con un seguimiento propio de una auditoría sui géneris bajo la vigilancia de los propios diputados, sin olvidar que en la contabilidad existen diferentes criterios sobre la forma contable de registrar las operaciones financieras, el juicio personal del contador se combina con los hechos que se registran y los principios de contabilidad, entonces el criterio se aplicaba libremente, pues no había como ahora una Ley General de Contabilidad Gubernamental y eso convierte al sistema de contabilidad en un verdadero circo, o en una licuadora y finalmente en un acto de escapismo si alguien concibe la maldad, como suele acontecer, pues la aplicación del juicio o criterio contable tiene como base la competencia e integridad de quien los fórmula, consecuentemente la auditoría forense no puede quedarse en una revisión de estados financieros, habrá que bajar al fondo del abismo y revisar la comprobación del gasto, del de inversión y del corriente y por supuesto el marco legal de su aplicación, o su especulación, o de su simple recorrido como el flujo de un río que tiene canales de riego, presas, afluentes, pero tiene un cauce, en este caso el sistema bancario donde se registra gota a gota el agua que discurre, escurre, fluye o simplemente pasa. Recordemos que el agua tiene memoria.

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