Jerjes Aguirre Avellaneda
Reflexiones sobre México y el mundo
Viernes 4 de Agosto de 2017
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¿Para qué reflexionar?



El proceso electoral para la renovación de los poderes Legislativo y Ejecutivo federales está por iniciarse. Partidos y aspirantes a candidatos intensifican sus preparativos para participar en unas elecciones con profundas implicaciones para el futuro del país.

Parece existir coincidencia en que México necesita cambios profundos en todos los órdenes de la vida nacional. México no puede mantenerse en la inercia que lo conduce a su fracaso como sociedad, como resultado, entre otras causas, de la pérdida de su identidad forjada en el transcurso de siglos y milenios. Este país, por méritos propios, merece preservarse y fortalecerse por su historia y para su historia en el marco de una globalización frustrada en sus objetivos de corregir al menos, los grandes desequilibrados internacionales.

Sobre todo es imperativo que los mexicanos recuperen la confianza en ellos mismos, el orgullo de pertenencia, el optimismo y la alegría por su vida individual y colectiva, satisfechos de lo que hacen, cómo lo hacen y con las finalidades que persiguen en la sucesión de generaciones familiares y comunitarias, en sus municipios, estados y país en su conjunto.

México no puede mantenerse en la inercia que lo conduce a su fracaso como sociedad, como resultado, entre otras causas, de la pérdida de su identidad forjada en el transcurso de siglos y milenios
México no puede mantenerse en la inercia que lo conduce a su fracaso como sociedad, como resultado, entre otras causas, de la pérdida de su identidad forjada en el transcurso de siglos y milenios
(Foto: Cuartoscuro)



Como están las condiciones en el mundo, nunca como ahora se destaca la importancia fundamental acerca de que México será lo que los propios mexicanos sean capaces de hacer y pensar por sí mismos, cumpliendo su responsabilidad como mexicanos para construir un país a su imagen y semejanza sin esperar a que otros vengan y hagan lo que a ellos corresponde.

En vísperas de las elecciones de 2018 habrá que acudir a las ideas y a las propuestas, a la formación de una nueva coincidencia que sea capaz de comprender al mundo y los grandes problemas nacionales. No se trata de identificar a quienes tengan posibilidades de figurar como candidatos, sino de identificar, sobre todo, las grandes soluciones que permitan la elaboración de nuevos conceptos y prácticas para la política, evitar el olvido de los orígenes, de la historia, de los héroes y el pueblo, de las ilusiones y de los grandes sueños sociales y patrióticos de los mexicanos. Soluciones que cancelen dudas y desconfianzas en todo y en todos para reafirmar el principio esencial de confiar en nosotros mismos.

En un contexto como este tienen sentido las reflexiones sobre México y el mundo que sobre diferentes temas buscan compartir con quienes no quieren más de lo mismo para 2018, sino el inicio de las transformaciones fundamentales que México y los mexicanos necesitan.

La globalización



El mundo contemporáneo de la globalización del mercado tiene como característica fundamental la ausencia de rumbo y el vacío de las ideas, que pueden y deben mover a la humanidad y a los pueblos hacia la realización plena de todas las potencialidades humanas, en la vigencia de la justicia, la libertad y la democracia.

El pragmatismo del presente olvida que detrás de cada acción existe un concepto, una idea, un principio y un valor ético. Los hechos despojados de racionalidad sólo encubren los intereses de las minorías en perjuicio de las mayorías. Nunca como ahora el uso de la inteligencia para redescubrir la realidad, sus tendencias y su sentido se había convertido en un imperativo categórico, como en los días que transcurren.

Se han globalizado la pobreza, la injusticia y el poder. Poder globalizado para defender y hacer prevalecer los “derechos” de unos cuantos países y empresas transnacionales sobre los derechos de miles de millones de pobres y desesperados, que son equivalentes a más de las tres cuartas partes de la humanidad. En tanto, continúa siendo cierto que el trabajo es lo único que produce riqueza, entonces tiene que afirmarse que se ha globalizado la explotación del hombre por el hombre en todas las escalas y en todos los rincones del planeta. A la globalización de la desigualdad tiene que oponerse la globalización de la lucha por la justicia.

Las realidades políticas indican que el problema de las izquierdas y derechas tiene que redefinirse en su significado real para la vida de los pueblos. La pregunta clave puede formularse en los términos sencillos de por cuál camino tiene que transitar el hombre, la sociedad que sea, de Asia, Europa, África o América, particularmente la Latina y en México.

En los esquemas de hoy resultan incomprensibles las viejas luchas entre terratenientes y campesinos, entre obreros y burgueses, entre explotadores y explotados. Sin embargo, debe destacarse que en la esencia de estos conflictos, que persiguen objetivos contrapuestos, está y estará la clase y calidad de hombre que se quiera forjar y la sociedad a la que se tiene que pertenecer.

Por más que se haya terminado la Guerra Fría, el bloque socialista y la emergencia de la sociedad de mercado global, nunca terminará la lucha de las ideas y es tiempo de que se inicie esa nueva batalla del pensamiento que lleve como contenido el modelo conceptual de un mundo donde predominen los principios más elevados de respeto a los derechos de los demás.

Pedir que los negociantes piensen y sientan por los que carecen de oportunidades es rigurosamente un planteamiento que carece de lógica. Los sujetos del dinero si acaso se limpian las conciencias promoviendo obras de caridad. En el extremo utilizan sus ejércitos para matar indefensos. Por ello todos los esfuerzos libres que se hagan para el diseño de futuros alternativos serán siempre útiles y humanistas.

¿Es acaso mucho pedir por todos y para todos? Quien observe la realidad con detenimiento podrá concluir que los procesos en curso conducen al odio, la destrucción, la muerte paulatina por el hambre de muchos o instantáneamente por la herida de una bala o la esquirla de un explosivo.

Mediante la crítica que exige sustentarse en un gran movimiento crítico se puede redescubrir el pasado y trasformar el presente en un proceso de construcción de un futuro que en sus características humanas estimule las energías creativas, las emociones, los sueños y esperanzas. Es necesario llenar los vacíos con objetivos claramente definidos, cambiando los valores para sustituir las apariencias por las verdaderas esencias, el tener por el ser auténtico, la prepotencia por la sencillez, la sumisión por la justicia, la ofensa por la dignidad. El futuro del mundo puede consistir en eso, en el cambio de valores, colocando en el lugar de las cosas, puras y simples, el mundo de los hombres, o si se quiere, el mundo de las cosas de los hombres.

Quedan pendientes las preguntas: ¿de qué ha servido la globalización para México?, ¿es más independiente, próspero y soberano?, ¿es más justo y distribuye con equidad las oportunidades para que cada quien pueda realizar su vida a plenitud? Ahora es tiempo de debatirlo.

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