Ramón Guzmán Ramos
Venezuela: el socialismo que no fue
Sábado 5 de Agosto de 2017
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Heinz Dieterich Steffan es un sociólogo de origen alemán (1943) que reside en México desde hace varios años. En la actualidad se desempeña como investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Una de las preocupaciones más importantes que han motivado su trabajo de investigación es lo relacionado con el futuro del socialismo después de la caída de la URSS. En 1996 aparece el nuevo modelo de socialismo que Dieterich les propone a las izquierdas anticapitalistas que se mueven en el mundo. Se trata del llamado socialismo del siglo XXI. El 30 de enero de 2005, durante su participación en el Foro Social Mundial que se realizaba en Porto Alegre, Brasil, Hugo Chávez hizo mención del concepto y lo asumió como propio. La revolución bolivariana de Venezuela debería culminar necesariamente en esta forma renovada de socialismo, cuyo autor teórico es una de las figuras más sobresalientes de la Nueva Escuela de Bremen; muy cercano, además, a las posiciones de James Petras y Noam Chomsky, con quien escribió, por cierto, el libro La aldea global (1997).

El 30 de enero de 2005, durante su participación en el Foro Social Mundial que se realizaba en Porto Alegre, Brasil, Hugo Chávez hizo mención del concepto y lo asumió como propio.
El 30 de enero de 2005, durante su participación en el Foro Social Mundial que se realizaba en Porto Alegre, Brasil, Hugo Chávez hizo mención del concepto y lo asumió como propio.
(Foto: TAVO)


El socialismo del siglo XXI plantea que es posible superar el modelo cerrado y autoritario en que cayó el socialismo de la URSS. El modelo se sustenta en cuatro ejes fundamentales: desarrollismo democrático regional, economía de equivalencias, democracia participativa y protagónica, y organizaciones de base. Se trata de llevar a cabo una nueva organización de la economía y del poder. La economía de libre mercado sería sustituida por una economía basada en la asignación de precios de acuerdo con el tiempo de trabajo invertido en el producto y no en la escala de ganancia que en el capitalismo le imponen los grandes empresarios. El poder del Estado se basa en la participación directa y activa de las masas a través de sus organizaciones de base. Una vez adoptado este modelo, el país en cuestión tendría que impulsar la unidad con otros países del mismo modelo a nivel regional y mundial. Fueron cuatro los países latinoamericanos que decidieron probar con este nuevo modelo de socialismo: Nicaragua, Ecuador, Bolivia y, de una manera mucho más comprometida, Venezuela.

Heinz Dieterich se convirtió en asesor del gobierno venezolano. Desde esa postura tuvo la oportunidad de seguir muy de cerca y directamente el proceso de conversión del modelo bolivariano al modelo de nuevo socialismo que él proponía. No pasó mucho tiempo sin que el teórico alemán entrara en conflicto con la personalidad megalómana de Hugo Chávez y las desviaciones de fondo que sufría el proceso. Durante los eventos del XVI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, realizado en Caracas durante el mes de agosto de 2005, con la presencia de 17 mil participantes de 145 países de todo el mundo, bajo el lema “Por la solidaridad y la paz, luchamos contra el imperialismo y la guerra”, en el que Chávez habló en dos ocasiones con discursos de una duración de más de cuatro horas cada uno, Heinz Dieterich tuvo la oportunidad de participar. Al terminar el acto principal, Dieterich fue invitado a acudir con Chávez a Fuerte Tiuna (Base Militar de Caracas) con el objeto de explicar a 400 invitados internacionales lo que era el socialismo del siglo XXI. Contaría después que se vio en el dilema ético de decir lo “políticamente correcto” o expresar el resultado de sus observaciones y de la evaluación que tenía en ese momento del movimiento al socialismo en Venezuela.

Lo que dijo cimbró los ánimos de los miembros del gobierno de Venezuela, especialmente de su líder indiscutido, Hugo Chávez. “Aquí no hay socialismo en el sentido histórico del término”, afirmó; enseguida, matizó. “Lo que se hace es crear las condiciones para una sociedad más justa.” Lo que quería decir es que en Venezuela seguía prevaleciendo la economía de mercado, si bien con una relativa intervención del Estado. Las propiedades y los recursos que el Estado tenía en su poder servían para hacer una distribución masiva de ciertos beneficios, como ocurre en los Estados de bienestar. Leyó allí un documento con siete tesis controversiales. Una de ellas, que también caló hondo en el ánimo de Chávez, fue la de la indigestión teórica. Había demasiada teoría fluyendo por las venas del país, lo cual no hacía sino crear confusión en la conciencia de las masas, cuando de lo que se trataba era de avanzar en el camino de la construcción. Chávez lo tomaría como una alusión también personal, sobre todo por lo que se refería a su costumbre de protagonizar con exageración en los escenarios públicos.

A partir de ese evento las relaciones entre Chávez y Dieterich se enfriaron y sufrieron un distanciamiento significativo. Dos años después, el 14 de junio de 2007, Dieterich presentó en el Teatro Teresa Carreño de Caracas la vigésima reimpresión de su libro Hugo Chávez y el socialismo del siglo XXI, acto al que el presidente venezolano no asistió. El prólogo de esa edición fue escrito por el ministro de Defensa de Venezuela, general en jefe Raúl Isaías Baduel, en el que mostraba una posición igual a la de Dieterich con respecto a la construcción del nuevo modelo socialista en el país de Bolívar. La reacción de Chávez sería de enojo e indignación. Dieterich trató de intervenir en favor del ministro pero sólo hizo que el rompimiento con Chávez se produjera de una vez y se volviera irreversible. Tiempo después, cuando aclaró los motivos de fondo de la ruptura, Dieterich haría una afirmación temeraria pero acorde con el seguimiento que no dejaba de hacer del proceso venezolano: “Hoy día la gran oportunidad de Chávez de construir el primer socialismo científico y democrático del siglo XXI se ha perdido para siempre. Y la estructura presentada como tal efectivamente no pasa de ser más que una humilde choza, levantada sobre los cimientos de un rascacielos que construyeron Marx y Engels.” Nunca más volverían a verse Chávez y Dieterich. El día que Chávez murió, Dieterich no fue invitado a los actos oficiales de la ceremonia fúnebre. Dieterich había sido desterrado del territorio donde se probó en su primera etapa el modelo teórico que él propuso para la construcción de un nuevo tipo de socialismo. La postura crítica que Dieterich asumió con respecto a las desviaciones de Chávez las ha mantenido ahora por lo que respecta a la crisis venezolana y al desastre que se le ha escapado de las manos a Nicolás Maduro.

De lo anterior podemos colegir que en Venezuela no hay socialismo. El proceso quedó truncado en una primera etapa y lo que quedó no fue sino una modalidad de izquierda de lo que en el mundo se conoce como Estado de bienestar. El Estado mantiene bajo su administración algunas propiedades que son de la nación y un grado de intervención en la economía. Pero la base económica sigue siendo la que define al sistema capitalista. El antiimperialismo ferviente que vemos en los discursos ha caído más bien en una especie de chovinismo nacionalista. El poder popular es quizá uno de los avances más significativos del proceso bolivariano, pero es obvio que no alcanzó a toda la población. La crisis por la que atraviesa Venezuela ha dividido a ese país por la mitad y ha generado una confrontación de proporciones inusitadas que podría acabar en una guerra civil o en la intervención directa de alguna fuerza militar extranjera en favor de la oposición. En Venezuela la oposición mantiene una postura y un programa de derecha. Lo que se propone es desmantelar al Estado venezolano de las propiedades que aún administra, particularmente el petróleo, para entregarlas a los grandes capitalistas del país y del extranjero; acabar con las conquistas sociales y los derechos históricos de los trabajadores; en suma, privatizarlo todo y convertirlo todo en mercancía, en un negocio del tamaño de todo el país. Pero la defensa acrítica del gobierno de Maduro tampoco es la postura más digna. Lo que podría ocurrir también es que el gobierno se divida bajo la presión de la crisis y resurja la corriente original que reivindica la visión bolivariana y la alternativa socialista.