Aquiles Gaitán
¿Dónde está la Patria?
Martes 8 de Agosto de 2017
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Hay que limar los filos de los malos tiempos, hacerlos más amables, doblar los sentimientos y guardarlos en el fondo de ese armario llamado corazón. No se puede vivir en un mundo feliz toda la vida.
¡Qué raro es el mundo! Después de haber hecho el bien cada mañana y cada tarde y cada noche, todo se olvida con el paso del tiempo hasta llegar al drama final, donde comienza el silencio su propia desmesura. Cuando se respira en la meditación, la respiración queda suspendida por unos instantes mientras el corazón late lento y pausado. No podemos parar el corazón con el puro pensamiento, el corazón se detiene cuando él quiere, cuando ya no puede o cuando revienta de coraje o de amor, pero revienta, ¡estalla!, En un final de aurora boreal.

La sociedad se altera, el poder se debilita, no se puede ser a la vez severo y amable, amado y temido, magnánimo y ambicioso, no se puede dejar la mano izquierda tendida y la derecha empuñada contra la canalla
La sociedad se altera, el poder se debilita, no se puede ser a la vez severo y amable, amado y temido, magnánimo y ambicioso, no se puede dejar la mano izquierda tendida y la derecha empuñada contra la canalla
(Foto: TAVO)

Escribo estas palabras pensando en el final de la vida de todos, en el mío, en el suyo, en el de aquel, en el de los seres queridos, que es cuando más duele. Como las flores hermosas que se marchitan tarde o temprano, así nuestros cuerpos van perdiendo lozanía y brío hasta que la luz de su aura se mitiga hasta la sombra. Entre el nacer y morir está la vida, somos, existimos, contamos, decimos, hacemos, introducción, adagio, allegro, variaciones, final; somos una sonata vibrante que cada quién toca según sus emociones. Nada me debes, nada te debo, estamos en paz. Todas las partidas son tristes, ¡todas! Quien diga lo contrario está faltando a la verdad. Los que nos quedamos buscamos el antídoto contra la soledad y la tristeza, ese es único e incuestionable, se llama amor, así es que ¡búsquelo! Y si lo tiene no lo deje ir por ningún motivo, cuídelo como a una delicada planta que requiere caricias, palabras dulces, agua fresca, nutrientes, para que le salgan retoños cada primavera y le acompañe como el ángel de la guarda que invocan los niños: “No me desampares de noche ni de día”.

Hablo de la muerte natural a la que todos llegaremos tarde o temprano, las otras, las muertes antinaturales, las del asesinato nuestro de cada día, también tienen quién las llore y también tienen su drama aún en ese mundo de perversidades y delitos. La sociedad se altera, el poder se debilita, no se puede ser a la vez severo y amable, amado y temido, magnánimo y ambicioso, no se puede dejar la mano izquierda tendida y la derecha empuñada contra la canalla, donde no hay humanidad en ese mundo de abyección y bajeza, de crueldad y maldad, más aún si aquí se aplica el refrán aquel de que la mano izquierda no sabe lo que la derecha hace.

Mientras la muerte campea a sus anchas el discurso público se pierde en las reelecciones y campañas futuras, en la prevención del delito, ayudas a víctimas y educación ambiental. ¿Qué hacemos, señores, contra la maldad?, ¿qué tan crueles debemos ser en el combate si la lucha es a muerte?

O los michoacanos gobernamos Michoacán o seguirá el desmadre en manos de fuereños, no hay vuelta de hoja. Podemos tener un estado de fuerza policial desmesurado y bien equipado, pero combaten con frialdad.
Alguna vez juré Bandera y lo hice ante la Bandera del Heroico Colegio Militar. Ese día juré defender la patria hasta perder la vida. Ha pasado el tiempo y la patria se desdibuja ante mis ojos. Cada vez que me pregunto qué es la patria no encuentro una respuesta, encuentro muchas, pero ni una por la que pueda perder la vida. ¿O qué me dice usted?, ¿qué es la patria?, ¿dónde está la patria?

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