Aquiles Gaitán
El reverso del júbilo
Martes 15 de Agosto de 2017
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Tal parece que lo perecedero es un signo de nuestra época, los cambios en todos los ámbitos son vertiginosos, se confirma cada día la ley de Lavoisier: “Nada se crea, nada se destruye, todo se transforma”. Bajo esta ley, la inmortalidad no existe más que en el imaginario de las religiones, para los bien portados, el cielo; para los mal portados, el infierno. Los viejos dicen que los tiempos pasados fueron mejores y se aferran a los recuerdos más queridos, a los momentos felices que su memoria registra, al tiempo de la armonía de su vida cuando todo era sonrisa. Los jóvenes viven el hoy y aquí como si fuera a terminar el mundo en este instante, así lo vimos todos, así lo vivimos todos, hasta que tomó sentido de la fábula de la cigarra y la hormiga; pero en el hormiguero del mundo la vida es otra, de las ondas hertzianas al ciberespacio, las mentes brillantes han revolucionado la vida moderna, las fortunas de los creadores crecen al igual que sus artificios, la oportunidad de negocio rompe las cercas de las fronteras y se desborda por la aldea. Es cierto, incuestionablemente el cambio está presente, entre las comunidades, entre los ciudadanos de un pueblo, entre los ciudadanos de los estados, de los de un país, entre nosotros, todo es impermanente como la propia vida, los recuerdos de nuestros abuelos, los objetos más queridos de ellos, para nuestros hijos y nietos son basura; la concepción estética de la belleza, la arquitectura, el diseño, el vestido, hasta el propio lenguaje cambia hasta encontrar expresiones propias del momento, nuestra propia organización social busca cada día nuevas expresiones pero no las encuentra a pesar de que las circunstancias piden a gritos un cambio dramático, cual si fueran baches descomunales ¡malditos baches! de nuestra capital Bachelia, pero el cambio no llega con la prontitud deseada.

El reverso del júbilo es un pueblo empobrecido, el callejón sin salida de una democracia sin ideología basada en el clientelismo y la miedocracia propiciada por el crimen
El reverso del júbilo es un pueblo empobrecido, el callejón sin salida de una democracia sin ideología basada en el clientelismo y la miedocracia propiciada por el crimen
(Foto: Cuartoscuro)

La organización social depende de los gobiernos y estos de los partidos y estos de sus afiliados o aliados, que no por serlos son seres excepcionales, no hay examen de admisión, ni examen de selección de candidatos, hay seres humanos con sus pecados a cuestas y las virtudes que puedan tener, actuando a su favor.

Poco importa mantener el conocimiento ancestral que se expresa en los oficios, interesa que los niños hablen inglés y se expresen y comuniquen a través de la computadora, lo demás no importa, importan los cultivos que se pueden exportar, los demás, nuestras frutas nativas, los granos nativos, el bosque y la fauna, la vida silvestre, ¡eso no importa! Importa el afán de lucro y el acceso aparente de la vida moderna del cemento y el ladrillo con agua, drenaje y energía eléctrica sin importar que el drenaje conduzca el agua sucia al río, al arroyo, al lago para su destrucción y después a los cultivos regados con su veneno; no importará que nuestros pueblos pierdan sus edificaciones tradicionales y den paso al crecimiento vertical de casas de dos pisos o más y todo lo nuevo raye en la anarquía de un crecimiento urbano sin ton ni son. Habrá que interpretar la estética de nuestros tiempos sin destruir la memoria, no podemos hacer eso, así como no podemos quitar la música del viento y el ritmo del agua ¡es tiempo del cambio! Desde que nací he oído lo mismo y esa ha sido la constante, la evolución propia de la sociedad, la naturaleza y sus especies, ¡claro!, hay cambios negativos, nefastos, que por un descuido social de un pueblo adormecido, llegan al poder las gentes equivocadas, los sátrapas proclives a la rapiña y el hurto, al engaño y la simulación. Estamos ante el desconcierto de un cambio político del gobierno federal, se juntan los lobos y las ovejas para quitar el mando del rebaño a un pastor que adoraba al amo de la hacienda estadounidense, la hacienda cambió de amo y éste desconoció a su servidumbre, ahora exige más humildad y sometimiento, el siervo calla y obedece. Es cierto, no merece conducir a un pueblo inerme, sin más armas que el voto, porque las otras están prohibidas y sólo aparecen por arte de magia en manos de la delincuencia o de los autodefensas. ¿O dígame usted dónde compro un cuerno de chivo?

¡De que los sacan, los sacan! El problema es quién va a llegar, qué rumbo tomará el país. Los extremos se juntan, es cierto, pero como dos cables de electricidad pueden hacer corto y es lo más probable; nuevamente la incertidumbre se apodera de nosotros, dentro de los discursos pronunciados en la clausura de la XXII Asamblea del partido en el poder, destaca el del presidente de la República exhortando a su militancia a defender como soldados las reformas estructurales y las oligarquías reunidas gritaron “¡sí!”, aplaudiendo hasta rabiar. El significado subyacente de esa exhortación es una expresión de un cinismo que raya en la obsesión, la evaluación del desempeño que tanto se pregona es negativa en términos sociales, el negocio es de pocos, el entreguismo al extranjero es total, sean gringos, chinos, rusos, coreanos, españoles, no importa, ¡sean ustedes bienvenidos!

El reverso del júbilo es un pueblo empobrecido, el callejón sin salida de una democracia sin ideología basada en el clientelismo y la miedocracia propiciada por el crimen, que es el pretexto para justificar cualquier dispendio presupuestal en aras de la seguridad, el Ejército y la Marina, que andan de ninguna parte a ningún lado y no terminan nunca de cortar las cabezas de la hidra.

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