Salvador Molina Navarro
Derecho a qué…
El Estado, la violencia y las políticas públicas
Martes 12 de Abril de 2016

El Estado es un inmenso cementerio al que van a enterrarse todas las manifestaciones de la vida individual.

Mijail Bakunin, revolucionario ruso.

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La pregunta a tratar en esta ocasión es cómo entiende el Estado la violencia y qué ha hecho por disminuirlo o controlarla. Esta pregunta nos lleva a analizar las políticas públicas que han propuestos los últimos gobiernos, tanto federales como locales, en el tema del acelerado incremento de la violencia, fenómeno que se ha dado a nivel nacional, pero nos referiremos en particular al estado de Michoacán.

El tema de la violencia en nuestro estado ha dado de qué hablar en los últimos gobiernos, hemos tenido que soportar y presenciar el fracaso del Estado de Derecho y la innegable corrupción de los gobernantes, somos testigos de cómo el tema del crimen organizado puede suplantar el gobierno entendido como uno de los elementos del Estado; por tanto, la desarticulación del Estado y la ineficacia de sus fines. Por otro lado, hemos visto cómo la violencia ha hecho mella en el sentir social, cómo ha aumentado la violencia entre los ciudadanos que, al verse indefensos y hartos de los abusos de quienes suplantaron al Estado y cansados de la total omisión de los gobernantes, quienes lejos de brindar seguridad jurídica a los gobernados hacían las funciones que les permitía la delincuencia organizada, propiciaron el surgimiento de un movimiento social armado conocido como autodefensas, quienes igualmente surgieron por motivo de la violencia, pero también fueron autores de hechos violentos, incluso permitidos, provocados y comandados por el Estado.

Los ciudadanos al verse indefensos y cansados de la total omisión de los gobernantes, propiciaron el surgimiento social armado conocido como autodefensas.
Los ciudadanos al verse indefensos y cansados de la total omisión de los gobernantes, propiciaron el surgimiento social armado conocido como autodefensas.
(Foto: Archivo)

Otro tipo de violencia es la que los ciudadanos hemos exteriorizado, ya sea por fracaso del orden público o bien por el hartazgo o la desesperación, por el estrés, en fin, este tipo de violencia se genera por cualquier mínima provocación, por un incidente de tránsito, porque se me cerró el coche que me rebaso, por el de la bicicleta que circula indebidamente, por el automovilista que invade el carril exclusivo para bicicletas, porque no me gustó la forma en que me ven, por cualquier motivo que me permite explotar y desbordar el estrés, el enojo o la represión contenida, este es otro tipo de violencia que sin duda el Estado también debe controlar.

La violencia pues, es multifactorial, son muchos sus orígenes y por consiguiente deben ser muchas y diversas las políticas públicas para tratarla y controlarla.

El Estado ha reaccionado ante la violencia con políticas públicas acompañadas de fuerza pública, de represión, de sometimiento. Los programas aleatorios que ha pretendido lanzar se han desvanecido en el tiempo, han quedado en desuso y sin los frutos esperados. El Estado solamente advierte la violencia como si sólo una fuente le diera origen; ataca y reacciona ante la violencia deteniendo personas, reprimiendo, abatiendo. En fin, sólo ve la violencia con origen en el crimen o la ilegalidad.

Entonces, ¿qué pasa con el otro tipo de violencia? Para poder establecer políticas públicas eficientes y eficaces, en primer término se debe dar respuesta a las preguntas: ¿Quiénes están generando la violencia?, ¿qué generó la violencia?, así tenemos que la violencia puede ser un medio de defensa, se utiliza la violencia para defenderse del sometimiento, de la agresión, del abuso, de la humillación, del hartazgo, y entonces debe estructurarse un medio legal, político y social para controlar la violencia; sí, controlar, la violencia nunca se podrá erradicar, es una lucha perdida, es demagogia, se debe controlar y disminuir.

Por otra parte, si la violencia es generada por el estrés social, por la desesperación generalizada, por la vida diaria, entonces igualmente se pensará en diversos programas y acciones de gobierno para controlarla. Y si tiene su base en el crimen o la ilegalidad, deberá contrarrestarse en forma diversa; así pues, para poder establecer líneas de acción para controlar la violencia, debe entenderse claramente quién la está llevando a cabo, si son los que se sirven de ésta para obtener beneficios o son los que están luchando contra ella como un medio de defensa.

El Estado sin duda ha fracasado en sus políticas públicas para controlar la violencia, Michoacán está en estado de guerra, las cifras así lo indican, el número de muertes violentas, el número de armas confiscadas, las acciones coercibles del gobierno, es una guerra que han librado los propios ciudadanos, donde todos luchamos contra todos, de ahí la violencia cotidiana, la violencia por hechos de tránsito, la violencia en el hogar, la violencia en el trabajo. Estamos inmersos en una actividad cotidiana y en aumento de violencia. El Estado debe entender esto, debe generar acciones que permitan a todos iniciar un proceso de sanación; los ciudadanos debemos inventar un nuevo tejido social, necesitamos erradicar nuestra inconformidad, nuestro dolor, nuestro resentimiento y prepararnos a perdonar a perdonarnos. El Estado debe entender el derecho a la autodefensa, debe hacer valer la ley y sus causas excluyentes de incriminación, debe olvidarse de preferir, siempre, a la política por encima del derecho; el Estado debe reconocer su fracaso no sólo en el papel, porque ya lo hizo, lo debe reconocer con todas las consecuencias de derecho que conlleva, debe ser valiente y protector de los derechos humanos, debe reivindicar a quienes, víctimas de la violencia y sabedores del Estado fallido, ejercieron violencia como medio de defensa. El Estado debe combatir y desarmar a quienes estén en la ilegalidad, el Estado debe satisfacer su fin primordial: brindar seguridad jurídica y garantizar a cada cual el derecho a un mínimo vital.

Es labor de todos enfocar los esfuerzos y las conductas hacía el camino del perdón, de la paz y del progreso; es tarea primordial de todos ya que sólo así podemos garantizarnos el progreso anhelado y las condiciones generales para exigir del Estado el respeto al derecho a un mínimo vital.

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