Martes 12 de Abril de 2016
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Todos tenemos lugares que elegimos para sentarnos a pensar, a meditar, a ver cosas que no vemos desde otro lugar. Esos sitios tienen para nosotros significados especiales, son centros de poder, de energía, mágicos. Uno de esos lugares lo guardo en mi memoria con gran cariño, está al sur de la entrada de las cuevas de San Miguel, en la ladera sur del Cerro de San Miguel, del lado del Cundas, allá, en Ario. Es una gran peña que sobresale de las copas de la encinera que cubre la ladera, desde ahí se puede contemplar un horizonte abierto, verde y azul con la profundidad del infinito; desde ahí se contemplan los ocasos, los de ahí, que son desgarradores, más los de “las aguas”, cuando las nubes le ponen el dramatismo y el contraste del gris y el negro de los nubarrones. Ahí pasé algunas mañanas, dejándome peinar por un viento de caricia, suave y fresco, ahí algunas tardes de ensueño en la soledad del campo que sólo la comparten las aves canoras, los tiguerillos, los jilgueros, los pájaros de colores, las coas, los verdines, los chivitos rojos, ahí las culebras chirrioneras, verdes como los retoños; ahí cazaba un gato montés de rama en rama a los pájaros desprevenidos; los conejos no hacen ruido, caminan o trotan en pequeños saltos disfrutando de su propio paraíso. Desde ahí, desde la peña de las cuevas, desde uno de los sitios elegidos en mi vida para estar a gusto, pienso en el hoy, pienso en la libertad y en el destino, como lo pensé ahí, hace muchos años. Todos nos preguntamos algún día, ¿qué voy a hacer? Tengo la libertad de ser, de decidir qué hacer en mi vida y tengo que definirlo; ahí en los centros de poder se decide la vida, desde la plena libertad se elige el destino. Ahí decidí estudiar caballería, vivir entre los caballos, para los caballos, por los caballos; primero el Heroico Colegio Militar, después iría a Viena, a la escuela de equitación. No llegué a Viena pero al Heroico sí, viví entre los caballos, para los caballos y por los caballos, no pudo ser, pero por tres años viví y acaricié mi sueño, mi destino elegido.

Volví a la gran piedra armado de libertad y elegí venir al Colegio de San Nicolás y sellar nuevamente mi destino, regresar a Ario y acompañar a mi padre para el relevo generacional. El destino juega con la vida de las personas y uno no se explica por qué termina en lugares insospechados. ¿Serán varios destinos o el destino es uno? La libertad condiciona el destino, “quien manda y se equivoca, vuelve a mandar”, pero nunca perder el mando y dentro de la libertad y con la libertad en la mente y en la mano, decidir el destino.

Con esa perspectiva, dentro de la libertad, debemos decidir el destino del mundo donde nos tocó vivir. En vez de destruir los bosques, lagos y ríos, debemos cuidarlos e impedir que los destruya. Ya poco se puede hacer frente a la ineficiencia desmesurada del gobierno federal para cumplir sus atribuciones, las huertas de aguacate les ganaron la carrera, los talamontes, es decir los que se roban la madera de bosques que no son suyos, siguen y siguen y seguirán si no los enfrentamos entre todos. No nos hagamos tontos, en todos los pueblos donde hay bosques sabemos quiénes son los bandidos. Cuando los agarran, si es que los agarran, tres padres nuestros y un Ave María de penitencia, una multa absurda, tenga su camioncito y a su casa. Los troncos o las tablas se decomisan y se pudren a la intemperie pues no saben qué hacer con ellos; y siguen los talamontes, talando montes, pues ese es su destino.

¿Cuántos municipios tienen drenaje y cuántos tienen planta de tratamiento de agua que funcione y funcione bien? Tal vez ninguno y ojalá me equivoque para felicitarlo, comenzando con Morelia y su farsa de planta tratadora de agua, cuya operación pagamos todos los que vivimos en Morelia en el recibo de cobro del agua potable y saneamiento, ¿de quién es el negocio? La empresa que tiene el contrato no limpia bien el agua y eso lo pueden decir y ver los que usan el agua pestilente que alimenta los canales de riego aguas abajo. Hacemos lo imposible por destruir el medio ambiente y nada más estoy hablando del agua y de los bosques, porque hablar del otro negocio, el de la basura y las empresas que lo explotan, “ese es otro cantar María”, del aire la Ciudad de México y la Zona Metropolitana hablan por sí mismas, con su tragedia a cuestas. Por cierto, ¿ya arreglarían la báscula que pesa la basura en el relleno sanitario de Morelia?

Pero no nos apartemos del bosque, habría que prevenir antes que destruir y llevar a cabo medidas de mitigación cuando hay aprovechamientos y, por supuesto, reforestar. Eso han dicho siempre los farsantes, ¿y que reforestan?, ¿y dónde reforestan?, ¿y de lo que reforestan, cuántos pinos viven?, ¿seguirán plantando eucaliptos y pinabetes?, ¿y las especies nativas? Los encinos, los mezquites, los cazahuates, las higueras, las parotas, etcétera, esos no están en viveros, esos se acaban y punto y aparte. El bosque conlleva la vida silvestre; si se acaba el bosque, se acaba la vida silvestre; sin duda vamos de regreso, en sentido contrario de la evolución de las especies, es decir, la destrucción de las especies. ¡Claro!, pasarán miles de años para volver a las cavernas pero nosotros, los de hoy y aquí, debemos tomar conciencia de que estamos destruyendo sistemáticamente nuestro medio ambiente. Importan más las fotomultas que el agua y la basura.

Desde que pude concebir el Universo, desde que mi imaginación concibió la eternidad y el infinito, no he dejado de pensar en la nimiedad de la Tierra y sus habitantes, pero a la vez, la grandeza del ser humano que ha sido capaz de inventar la civilización. Ahora debemos ser capaces de inventar formas de preservar el medio ambiente y pronto, porque tal parece que en todo el mundo están empeñados en regresar al caos.

Los talamontes, es decir los que se roban la madera de bosques que no son suyos, siguen y siguen y seguirán si no los enfrentamos entre todos.
Los talamontes, es decir los que se roban la madera de bosques que no son suyos, siguen y siguen y seguirán si no los enfrentamos entre todos.
(Foto: Archivo)

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