Rafael Mendoza Castillo
La vuelta al yo y la muerte del otro
Lunes 28 de Agosto de 2017
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El discurso dogmático del político, del burócrata, no se orientan al esclarecimiento del destino del pueblo mexicano, sino hacia la fundamentación del concepto vacío de autoridad, desde donde se descalifica la rebeldía de las personas o grupos sociales. Así, el distinto es excluido, marginado. El neoliberalismo busca lo igual. La homogeneidad fortalece al sistema de explotación. Lo negativo, lo distinto, le molesta, lo altera.

Hoy el Estado mexicano, simplificado y achicado (olvido de lo social), otorga preferencia al proyecto acumulativo de capital sin importar las secuelas de hambre, de miseria y de enfermedad que van quedando en los amplios sectores de la población. La desigualdad es el signo más claro del modelo neoliberal. Su fórmula, un peso, un voto. Por eso el INE necesita 25 mil millones de pesos para realizar la elección de 2018. El proceso electoral como industria que produce ganancias en pocos.

 La homogeneidad fortalece al sistema de explotación. Lo negativo, lo distinto, le molesta, lo altera.
La homogeneidad fortalece al sistema de explotación. Lo negativo, lo distinto, le molesta, lo altera.
(Foto: TAVO)



El pensamiento racionalizado, tecnocrático, que escinde los medios y fines, niega toda posibilidad de convivencia y más bien apunta hacia el fortalecimiento del dogmatismo, de la intolerancia, donde la “verdad” única es la que emana de los dominadores. La vuelta al yo y la muerte del otro. El otro es un continente vacío, sin voz. La conquista y la colonización continúan por otros medios (reformas estructurales).

El país no sólo está atravesando por una aguda crisis económica, sino que también el derrumbe de los valores humanos, como la dignidad, llega al extremo y, por ende, la aceleración de la destructividad. La violencia política y social afecta en lo más profundo a los ciudadanos. El terror y la violencia son producidos por el modelo de la globalización. Este modelo rechaza la negatividad de lo distinto y desarrolla aspectos autodestructivos. Lo importante es “me gusta” y se anula la pregunta conforme a la razón crítica.

La política desde el poder actualmente cancela todo movimiento de los trabajadores, del campo y de la ciudad, que deciden luchar por mejorar sus condiciones de vida. El poder de lo global niega de raíz, la opinión, la duda, la disidencia de los “otros”, de las mayorías sociales. Dicho poder global pretende reducir todo a la positividad de lo igual. Expulsa lo distinto, de ahí el asesinato de periodistas o líderes sociales.

Quienes rechazan la duda de los demás, la crítica, no sólo se ubican o se encaminan hacia un pensamiento autocrático, absoluto, sino que cierran todo posible espacio a la democracia participativa, a la soberanía que reside en la comunidad, en lo popular, única posibilidad para el reencuentro con las auténticas fuerzas sociales del cambio, de la utopía.

Aceptar la opinión del “otro” es ascender a los peldaños de una estructura social que ha alcanzado madurez política en el ejercicio de la democracia y el no reconocerlo es mantener a una sociedad civil ajena a la verdad y, sobre todo, provocar al aislacionismo del conjunto social en las decisiones claves que hoy reclama el país. Como dice Carlos Fuentes: “Más bien más cultura centrífuga, más heterogénea que homogénea, más empeñada en recuperar diferencias que en imponer semejanzas”.

El disentir de una política económica es entrar en el marco de las legitimidades, donde la sociedad civil pretende la aceptación del consenso de un pueblo que reclama una mayor justicia en el reparto de la riqueza nacional y una congruencia entre la política y la ética, hoy escindidas.

Es muy riesgoso para la paz social que en México se continúe por capricho, por autoridad, con un sistema social que produce y reproduce enormes desigualdades sociales y se defiendan esquematismos políticos que fundan relaciones sociales en el egoísmo y el individualismo. Por ejemplo, el diez por ciento más rico de la población mexicana posee el 86 por ciento de la riqueza del país y deja para el 90 por ciento restante de la población un catorce por ciento de la riqueza nacional para repartir.

El pensamiento político que no duda, que ve la historia como dogma, como herencia lineal, sus acciones se encaminan hacia la destrucción de la inconformidad, de la propuesta como derecho de huelga; estas situaciones se pueden efectuar muchos años pero jamás toda la vida ya que las contradicciones sociales y las fuerzas actuantes buscan lo posible, las revoluciones. Al tiempo.

La multiplicidad de formas, de expresiones en que se manifiestan hoy en día amplios sectores sociales, apuntan hacia el encuentro del sentido democrático, de la participación pública y la reconquista de espacios sociales controlados por la oligarquía ante la ausencia del Estado. Como afirma Luis Villoro: “Dirigir las decisiones públicas por la necesidad no sólo de mantener en funcionamiento el sistema, sino de construir las formas nuevas de convivencia que van resultando de la intercomunicación entre todos los grupos y comunidades integrantes de la sociedad”.

En las actuales circunstancias, internas y externas, nuestro país está en la encrucijada más grave de su historia. Por un lado, la enorme deuda social y monetaria pone en peligro la soberanía y la independencia de la nación. Por otro lado, la crisis interna es aprovechada por una minoría para acumular capital, dejando como saldo en las mayorías la incertidumbre, la frustración y la indignación social.

En las últimas décadas el tiempo histórico ha sido dirigido por un pensamiento vertical, caracterizado por el monolitismo en las acciones y por decisiones unipersonales, unidimensionales. Estos aspectos invalidan la participación de otros proyectos, la democracia participativa en los asuntos políticos, sociales y económicos. De continuar por el camino de la apropiación individual de lo social, de lo histórico, entonces el conflicto de lo individual y lo colectivo será inevitable. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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