Aquiles Gaitán
A los pobres
Martes 29 de Agosto de 2017
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De la extensa obra del sociólogo alemán Max Weber (Economía y sociedad) queda para la historia su famosa frase: “La política es el arte de lo posible”, palabras que resumen lo contingente, lo impredecible, la fragilidad de lo político, que como todas las cosas cambian en la medida que cambian las condiciones de vida de los ciudadanos que viven en los países donde se dan los resultados de las políticas públicas aplicadas por los gobiernos, en los estados o municipios donde se dan igualmente dichos resultados. La forma de integración de las sociedades determinará el enfoque de las políticas, que a su vez las determinan los resultados electorales, sólo que aquí las determinan los partidos que están en el poder, pero el arte de lo posible está acotado precisamente por los resultados electorales. Los partidos políticos orientan sus acciones y esperan resultados con optimismo mercantil, pero la realidad es otra. ¿Dónde están los votantes?, ¿burguesía?, ¿clase media?, ¿pobres?, ¿qué factores condicionan los votos? Los actuales gobiernos están orientados hacia el desarrollo y el desarrollo no llega, están orientados a la macro economía, a la creación de empleos y la bandeja de plata es para los grandes empresarios, nacionales o extranjeros con énfasis en éstos últimos, a la mediana y pequeña industria, a los emprendedores del comercio y la agricultura de exportación, es decir, la burguesía y la clase media. La jodidez, la precariedad, la pobreza de los 50 millones de ciudadanos, preocupa pero no ocupa a los gobiernos. La educación que actúa como catalizador en sus efectos, ya lo vemos “se ve, se siente, la CNTE está presente”, y el SNTE haciéndole el juego a un gobierno errático. Inglés y computación. ¿Y por qué no español y computación?, ¿lenguas originarias, español y computación?, ¿por qué no escuelas prácticas que rescaten los oficios?

Hay dinero pero no para todos, la riqueza está mal repartida, los ricos son poquitos y los pobres multitud y en una democracia la mayoría dice cómo, ¡claro!,no en una democracia representativa como la nuestra, donde las manos se levantan por otras razones
Hay dinero pero no para todos, la riqueza está mal repartida, los ricos son poquitos y los pobres multitud y en una democracia la mayoría dice cómo, ¡claro!,no en una democracia representativa como la nuestra, donde las manos se levantan por otras razones
(Foto: TAVO)

El abstencionismo en las urnas se presenta por desilusión, por ignorancia, por repulsión a pesar de tanta propaganda de los institutos electorales para hacer el caldo gordo, nadie convence con razones ideológicas, porque las ideologías están en el olvido y los acercamientos peligrosos llamados alianzas son una convocatoria al odio. Los pobres decidirán si los pobres votan, pero los pobres están pensando en comer o no comer, se mueren de infecciones por no tener para pagar el seguro popular, ni los hospitales civiles. ¡Son pobres!, y los pobres no tienen esperanza, subsisten como pueden en trabajos mal pagados o subempleos, con familias desnutridas, son carne de cañón de antorchos y similares. El voto de las zonas urbanas ya no decide, están desilusionados, no van a ir a votar, decidirán los pobres, los jornaleros, los de las colonias proletarias de invasores y pago de lotes al vividor de los abonos chiquitos. Entonces México será otro, lejos de las carreteras de cuota, ferrocarriles extranjeros, bancos extranjeros, constructoras extranjeras, petroleras extranjeras, etcétera, lejos del entreguismo del que lo bueno cuenta, de la entrega del petróleo, la siderúrgica, la electricidad, las telecomunicaciones y todas las reformas estructurales que nos tienen postrados e hincaditos como adorando al profeta Mahoma, únicamente que aquí no es el profeta, sino el becerro de oro.

No hemos sido capaces de concebir una organización social, de amplia base social, que incluya a todos, hasta los pobres en su integración; tronaron el ejido y las cooperativas, las empresas sociales fueron exterminadas en aras del entreguismo, las paraestatales fueron vendidas como montoncitos de fruta en el mercado, todo eso se fue extinguiendo poco a poco hasta convertirse en fantasmas de un pasado indecible. ¿Se podrá hacer otro intento? No hay otro camino, habrá que intentarlo y hacerlo una y otra vez, generación tras generación hasta exterminar la generación de víboras, la del egoísmo, la del éxito a toda costa, la que pisa en la cabeza del compañero para subir un peldaño, la de la rapiña y el hurto, la de la delincuencia y sus tentáculos corruptores; de lo contrario, todo seguirá como hasta ahora, o pensando con optimismo, peor.

Es cierto, hay dinero pero no para todos, la riqueza está mal repartida, los ricos son poquitos y los pobres multitud y en una democracia la mayoría dice cómo, ¡claro!, no en una democracia representativa como la nuestra, donde las manos se levantan por otras razones, donde los votos son corporativos, partidistas, convenencieros, o son “ciudadanos” sin compromiso con nadie, según se sienten, pero con escasa o nula experiencia y por añadidura proclives al negocio.

No necesitamos exportar modelos de desarrollo, busquemos el nuestro con un cambio gradual teniendo la atención a la pobreza como razón principal tanto como el combate a la delincuencia que nos permita la estabilidad suficiente para mirar al futuro con otros ojos, para volver a concebir los ideales de una nueva revolución, al pasado nada puede cambiarlo, cambiemos el destino con acciones, aunque no veamos la revolución por ningún lado, el simple hecho de no aceptar el estado actual de cosas nos hace pensar en lo que favorece a la mayoría. La base de la sociedad es la organización de sus ciudadanos, pobres y ricos, cuidar el medio ambiente, cuidar los recursos naturales y repartir la riqueza sobre bases de distribución que beneficien a todos. Esto es equiparable a pensar en la velocidad de la luz como un componente del universo, es parte de él y a partir de la luz y su interpretación en la Teoría de la Relatividad, el mundo es otro. Igualmente la organización social es parte de la naturaleza humana y tendremos que estar a la altura de las circunstancias para cambiar nuestro mundo, nuestro país, nuestro estado, pues los pobres existen, están en todas partes, son los mismos de aquí y de allá. Vienen a mi memoria cuando pienso en los pobres aquellos sencillos versos del “Rapazuelo triste”, del maestro Ocaranza, poeta non, “Yo vi una vez a un rapazuelo triste, pedir limosna en el jardín de un rico y yo le dije al rapazuelo triste, rómpele la madre al rico y quítale lo que antes le pediste”.

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