Francisco Lemus
VISOR
La posible cancelación del TLCAN
Jueves 31 de Agosto de 2017
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Históricamente uno de los tratados más desiguales de los que se pueda tener registro, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), se ha distinguido por el intento de unir las economías de dos países desarrollados y uno en no tan buenas condiciones. Después de 23 años podría llegar a su fin por decisión del más poderoso de los socios.

En 1947 se fundó su primer antecedente, promovido por Estados Unidos, el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT por sus siglas en inglés), al cual México se abstuvo de integrarse. Tras la crisis de 1982 la entrada de México a este acuerdo fue una de las condiciones para poder recibir los créditos internacionales que necesitaba.

Donald Trump ha amenazado con cancelar el TLCAN
Donald Trump ha amenazado con cancelar el TLCAN
(Foto: Especial)

México pasó aceleradamente de un modelo de industrialización nacional de corte proteccionista a uno de apertura comercial con dos de las principales potencias económicas del mundo en un lapso menor a doce años. Lo que en buena medida desembocó en la desestructuración de la producción nacional, por su falta de competitividad ante los socios del norte.

Durante las negociaciones y posterior firma del TLCAN sobraban las voces críticas, la ruptura del modelo que había caracterizado al PRI llevó también a modificaciones políticas importantes, la salida de un grupo que luego fundaría el PRD, así como la erupción insurgente del movimiento neozapatista en el estado de Chiapas.

Aunque la renegociación o incluso la cancelación del TLCAN era una bandera de la izquierda, ahora nadie puede celebrar que sea Estados Unidos el que tome manos a la obra. La experiencia histórica augura que el vecino del norte siempre va a buscar la parte del león, mientras que la estructura productiva nacional está desecha y totalmente dependiente de ellos.

La eventual cancelación del TLCAN podría ser desastrosa para los sectores económicos más competitivos y que sí tenían posibilidades de vender productos en los países del norte; generará inflación por el aumento de precios de productos importados y, finalmente, el clima de desconfianza en la economía nacional provocará la salida de algunos capitales extranjeros.

Para el campo mexicano podría ser una oportunidad de recobrar competitividad e importancia en el mercado interno, y tal vez con ello una posible reducción en la salida de paisanos al país del norte.

Desafortunadamente las pautas de consumo de la mayoría de los mexicanos se encuentran definidas por los productos internacionales, así que el golpe a la economía será considerablemente traumático, pero consecuencia de la dependencia que se ha generado en las últimas décadas a los productos extranjeros.

Lo que México tardó en construir al menos cuatro décadas con su modelo de sustitución de importaciones se vino abajo en menos de dos, y en honor a la autocrítica hay que reconocer que gran parte de la industria nacional sólo se fortaleció a partir del proteccionismo del Estado, generando productos de baja calidad para un mercado cautivo.

Aún así, esas empresas mexicanas brindaban mejores condiciones económicas y sociales para el grueso de la población, frente a las que hoy percibimos en las esferas más competitivas de la producción nacional, qué mejor ejemplo de ello que la producción aguacatera, que se sustenta en el trabajo de jornaleros migrantes, con nulas posibilidades de salir adelante.

Sobre el autor
Francisco Javier Lemus Yáñez Es doctorante en Ciencias de la Sostenibilidad por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), maestro en Estudios Políticos y Sociales por esta misma universidad, y Licenciado en Economía por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). En 2010 inició sus labores como reportero de economía en Cambio de Michoacán, desde 2011 colabora con el segmento Visor en el cual trata temas de economía, política y sociedad. Es profesor de asignatura en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
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