Jerjes Aguirre Avellaneda
En marcha, Frente Amplio Democrático… ¿contra quién?
Viernes 1 de Septiembre de 2017
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El Frente Amplio Democrático (FAD) anunciado y por el que se mantienen activos el PAN y el PRD como parte de los preparativos políticos para las elecciones de 2018, vuelve a poner de manifiesto las formas y los contenidos con que se hace política en México, en el marco de una democracia donde los partidos y los políticos son objeto de dudas, desprestigio y aún desprecio por parte de los ciudadanos, en tanto que los procesos electorales son considerados como “un mal necesario”.

El hecho de que dos partidos políticos contrapuestos en lo que representan y proponen acuerden alianzas al margen de su identidad de origen y objetivos, muestra cómo la política ha quedado vacía de ideas, de principios, de valores, del “rollo ideológico”, como algunos expresan, hasta convertirla simplemente en medio para la negociación entre “cúpulas”, al margen de los propósitos compartidos por las militancias y los ciudadanos.

Las izquierdas, sobre todo, ahora reniegan de la ideología para pensar, dicen, en los “intereses supremos del país”, sin aclarar el tipo de intereses a que se refieren, junto a los interesados en un país de “entelequia”, en el que podría construirse un “paraíso terrenal”. El PAN entierra tranquilamente a Gómez Morín y el PRD a Lázaro Cárdenas del Río. Con ese pacto pareciera que la finalidad consiste en la instauración de una “república pactada”, sin contradicciones, homogénea, con rumbo seguro hacia la felicidad.

En su Declaración de Principios, el PRD hace suyos los “aspectos más destacados” en la historia de México, así como las luchas del pueblo mexicano para construir una “nación libre, igualitaria, plenamente democrática, republicana e independiente”, en tanto que el PAN proclama su concepto de nación como “comunidad de comunidades” unidas por origen y destino, conciencia de pertenencia y afirmación de que la “persona humana” es la protagonista y destinataria definitiva de la acción política. No se sabe, en consecuencia, cuáles son las coincidencias de ese “rollo ideológico”, puesto que lo importante son los intereses “concretos” y “pragmáticos” de esos “actores políticos”.

A decir de Silvano Aureoles el Frente Amplio puede convertirse en “una mayoría responsable que, acorde con el clamor ciudadano, construya una nueva agenda para el país”.
A decir de Silvano Aureoles el Frente Amplio puede convertirse en “una mayoría responsable que, acorde con el clamor ciudadano, construya una nueva agenda para el país”.
(Foto: Cuartoscuro)

Por su parte, Silvano Aureoles dijo en el Coloquio de Cuernavaca titulado “México: La transición posible” que los dos problemas fundamentales del país están relacionados con el “régimen político” presidencialista y la desigualdad, que se evidencia en la pobreza, la inseguridad y la violencia.

Habló de que el Frente Amplio puede convertirse en “una mayoría responsable que, acorde con el clamor ciudadano, construya una nueva agenda para el país”. ¿Será esto posible?, ¿podrán lograrse coincidencias en la equidad y no en la claudicación?, ¿será viable que el FAD encuentre un candidato a la Presidencia que satisfaga expectativas e intereses contrapuestos en los hechos? El programa conjunto todavía no existe como elemento central para saber de qué se trata, aglutinar y convocar.

Por todo ello conviene destacar que sin ideas definitorias, sin pensamiento amplio, la política se deforma y la democracia pierde todo sentido al desconocer la diversidad sin distinguir entre “izquierda”, “derecha” o “centro”. La política se hace inevitablemente de corto plazo y las finalidades se reducen a la probabilidad de ganar en las urnas. Luciano Concheiro escribió recientemente que ahora “el buen político es aquel que tiene ideales moldeables (toda vez que) los principios rígidos son un lastre. El compromiso político corresponde a otra época.”

En el presente, las “buenas” prácticas de la democracia se identifican con la negociación para llegar a los acuerdos, así se trate de viejos adversarios y aún enemigos. Pragmáticamente son ahora viables las alianzas entre el ateo y el creyente, entre Dios y el Diablo, o como se decía en los tiempos de Ronald Reagan, entre el bien y el mal. Ahora el objetivo inicial del FAD consistió en “sacar al PRI de Los Pinos”, y después comprometerse con un solo programa para la conducción del país. No obstante, dada la correlación de fuerzas en México, persiste la incertidumbre de que el objetivo cierto del FAD consiste en impedir a toda costa el triunfo de Morena en las próximas elecciones para la Presidencia de la República.

Todos contra López Obrador parece formulada la consigna. Esa izquierda “populista”, “chavizta”, es un peligro para México, acusan los priistas, los panistas y los perredistas, aun cuando Morena es de izquierda y el PRD también. Bueno, podría conjeturarse, alguno de los dos no es precisamente de izquierda y está cumpliendo el papel de “esquirol” y tal vez de traidor, dependiendo del enfoque utilizado para entender esos hechos.

Los anuncios del PAN y el PRD para pactar y aliarse están provocando distintas reacciones y la probabilidad estadística de que, ante el suceso, distintos perredistas decidan su incorporación a Morena al lado de otros ciudadanos que por diversas circunstancias, enfrentados a su propia conciencia, cruzarán la boleta electoral en favor de López Obrador. Ni los militantes de los partidos, como tampoco los ciudadanos de hoy, procesan igual los acontecimientos en comparación con los procesos de hace seis o doce años. Los hartazgos son ahora mayúsculos.

Las elecciones de 2018 pueden significar el inicio de una nueva etapa en la democracia mexicana, y si bien habrá que esperar la propuesta del PAN y el PRD como programa del frente en formación, es indispensable por parte de los ciudadanos, que son y serán el factor esencial de cuanto ocurra el año que viene, atender y participar en el cumplimiento de al menos tres exigencias fundamentales:

Primera. Iniciar un proceso intenso y amplio de crítica y debate, en la convicción de que la crítica es un valor político fundamental por su capacidad para aportar soluciones alternativas a los grandes problemas del presente en la construcción del futuro, fortaleciendo el ejercicio de la libertad, la tolerancia y el respeto a los diferentes como contenidos esenciales de la democracia. Toda la sociedad tiene que volverse crítica y debatir sus futuros deseados posibles.

Segunda. Los grandes vacíos y la dispersión social existente tienen que llenarse con nuevas formas de organización y participación de la gente, de los ciudadanos, de la sociedad civil, encontrando coincidencias en la pluralidad para fijar objetivos comunes en torno a los cuales se forje cohesión, conciencia y capacidad para cambiar en efecto, cuanto sea necesario.

Tercero. Los avances democráticos implican la revisión y el replanteamiento de los partidos políticos en una estrategia de conjunto que incluya la disminución de los costos de la democracia y los procedimientos electorales, hacer obligatorio para los aspirantes y candidatos que primero informen de la manera más amplia, no como trámite burocrático, lo que se proponen hacer de alcanzar los cargos, así como demostrar su competencia calificada y profesional para cumplir con sus atribuciones, destacando los impulsos fundamentales para la transformación profunda del sistema político mexicano desde la división de poderes hasta el conjunto de la República federal.

Habrá que liberar a México de sus grandes vacíos, de sus grandes miedos y de su futuro incierto.

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