Rafael Mendoza Castillo
Política, imaginario y educación
Lunes 4 de Septiembre de 2017

(Primera parte)

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Inicio estas reflexiones con el pensamiento de Sigmund Freud: “Gobernar, educar y psicoanalizar son imposibles, pero eso no impide que se practiquen todos los días”.

Considero necesario comenzar con algunas preguntas para incomodar la forma en que se ha integrado lo social y los sentidos que orientan su estructuración. ¿Cómo se juegan las representaciones, los sentidos, las acciones y los saberes, desde lo imaginario, en el campo de lo problemático de lo educativo y lo político?, ¿cómo se comportan el sujeto, el objeto, la acción, en las estructuras y sistemas, en la política y la educación, como dos esferas de lo imposible en la cultura contemporánea?, ¿qué tipo de racionalidad se ha apoderado de la acción política y la acción educativa?, ¿qué tipo de dominio hegemónico ha podido establecer la racionalidad subjetiva, formalizada y axiomática en la desaparición del sujeto y del objeto, para sólo convertirlos en signos, en puntos de la red mecanizada del sistema político y educativo?, ¿por qué esos grupos o puntos del sistema pueden transitar de un lugar a otro y mantener sus conductas, que no sus acciones, el mismo valor?, ¿qué le sucede a la reflexión crítica, al pensamiento intempestivo, nómada, frente a la razón pragmática y calculadora?, ¿por qué al sujeto y al objeto se les transforma en meros puntos o correas de trasmisión de mensajes, en una cadena de comunicación que anula la crítica, en beneficio de la imagen-poder?

Sigmund Freud, padre del psicoanálisis y una de las mayores figuras intelectuales del siglo XX
Sigmund Freud, padre del psicoanálisis y una de las mayores figuras intelectuales del siglo XX
(Foto: Especial)


Cuando la estructura y el sistema se ausentan de la negatividad, de la contradicción, los primeros se clausuran, se completan, y a los hombres les queda el camino de ser los efectos más parecidos, a aquellos significantes amos, en lo referido a los deseos y aspiraciones y valores. Este significante que, bajo la modalidad del mandato o la sugestión, ordena la vida de los individuos, de las personas, de los grupos o de las clases sociales, regulando sus vínculos recíprocos y normaliza su intercambio.

El sujeto y el objeto buscan, a través de su conducta como instrumento, el mejor acomodo en la estructura formalizada, teniendo como sensación ilusoria hacer el mínimo esfuerzo y la eternidad de ser el mismo y jamás padecer el movimiento y la negatividad del ser-siendo. Identidad vaciada y detenida, violencia asegurada. El sujeto, sin su referente, en la indeterminación absoluta, se vuelve completamente calculable, previsible, situación que nos lleva a la pérdida de la subjetividad reconocida.

De ahí se deriva la sensación vacía de una libertad ilimitada que se cree elegir entre todas las posibilidades: sin tomar en cuenta las fronteras de lo real y sin contemplar las aspiraciones de la persona que son bloqueados por el cálculo en las opciones propuestas. En este caso operan los dispositivos de fungibilidad y disponibilidad universales, con la posibilidad de sustituir unos fines por otros, buscando a toda costa abrirse paso y sacar adelante al sistema ante cualquier circunstancia sin importar los fines o los medios utilizados. Todo vale.

Como afirma Severo Iglesias: “Si la acción universal política no se abre paso en lo particular ni se concreta en ello, queda como acción vacía, deviene en ideología o ‘ciencia política’, sus principios generales, pues, no se inventan, se gestan en el devenir histórico, la formación humana, la vida del pueblo y su nación”.

Si la estructura se escapa a su creador, tanto en lo político como en lo educativo aquélla formalmente se instala en el lugar del ideal del yo y se transfigura en un poder imperativo y el creador resulta creado, a través de órdenes, tales como “adelante”, “detente”, libérate”, “cállate”, “escucha”, “edúcate”, etcétera. Al sujeto le queda la función de consumidor, de sumisión, propiciada desde el enjuiciamiento, la capacidad de valoración de acción de vivencia, la aptitud para establecer valores, la capacidad para tratar una orientación distinta, a su existencia.

Y no es relevante lo anterior ya que el “todo” del sistema o de la estructura axiomatizada de lo político y de lo educativo constituye la “verdad duradera” en sí mismo. Moverse en los puntos del sistema es acceder a lo verdadero, y quienes permanecen fuera se colocan en el error. Usted no puede acceder a la sabiduría o al poder si está fuera de la estructura o del orden. Pierda usted su particularidad y entre triunfante al escenario de la homogeneidad, para que no se angustie y sufra el dolor, al gastar las pasiones. Se trata, pues, de eliminar radicalmente al otro para imponer el dominio de lo mismo como dimensión universal.

Como afirma Daniel Gerber: “El ideal del mundo moderno, ideal forjado por el desarrollo de la ciencia, exige que lo simbólico forme un todo y esta pretensión de constituirse como universo sin falta sin límites lo vuelve mortífero”. Se trata de una sintomática reacción a la homogeneización y degradación de toda particularidad por parte de un sistema que tienda a promover lo “normal”, lo que se acuerda con sus necesidades comerciales. Política y educación sin atributos para que la vida sea más armoniosa y nadie corra el riesgo de ser diferente.

Los políticos y los pedagogos solamente son el efecto de las formas universalizadas (ciencia, moral, ética, conocimiento, acción, etcétera). El proceso de formalización de los modos de la razón pretende hacer efectiva la exclusión de la incompletud del orden simbólico de lo político y de lo educativo, proponiendo un saber perfecto, dominador y calculador. Sin darse cuenta de que no hay un saber absoluto o poder arbitrario que no pueda ser interrogado, resistido y derrocado.

Es factible encontrar fallas en los saberes de las instituciones educativas y políticas, aunque se furia de informar se presente como la verdad única y demostrada. Lo educativo no puede colmar de saber a los alumnos. Tampoco los políticos pueden llenar del bien común a los ciudadanos. Ambos discursos fallan en sus pretensiones. Desgraciadamente la astucia de sus razones los atrapa en el dominio y el cálculo. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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