Ramón Guzmán Ramos
La revolución de 1905
Sábado 9 de Septiembre de 2017
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El 9 de enero de 1905 una manifestación pacífica de obreros se dirigía al Palacio de Invierno para tratar de entrevistarse con el zar y pedirle que aceptara sus peticiones. No era una demostración de fuerza que se propusiera desafiar los poderes establecidos ni, mucho menos, derrocar al zar e instaurar otro régimen político. Pero el zar se sintió intimidado y optó por una respuesta de fuerza que sería brutal. El zar ordenó a las tropas que custodiaban el Palacio que dispararan contra la multitud. Fueron cientos los muertos y los heridos que quedaron sobre la explanada. La reacción en el país fue de indignación general. La matanza dio origen a una serie de disturbios que pusieron prácticamente en jaque al gobierno del zar.

Trotsky se encontraba en Ginebra cuando recibió las noticias de la revuelta en Rusia. Escribió con entusiasmo algunos artículos donde proponía que lo que estaba sucediendo en Rusia era nada más y nada menos que una revolución. Pero ninguna revolución nace con garantía de triunfo. Él proponía que la revolución se armara, que los obreros, una vez armados, se ganaran a los soldados. Los soldados no serían capaces de disparar contra el pueblo si advertían que el impulso de la revolución era imparable y se pasarían al lado de sus hermanos de clase. Pero no era el tiempo sólo de escribir, sino de unirse al torbellino de los acontecimientos. En febrero de 1905, sorteando todo tipo de obstáculos, llegó a Kiev. De inmediato se dio cuenta de que fuera del Partido Socialdemócrata no había nadie en el campo de batalla de la revolución capaz de organizar una insurrección nacional. Ahora más que nunca urgía que las dos facciones del partido se olvidaran de sus diferencias y se unieran para darle a esta revolución la dirección que estaba necesitando.

El 6 de agosto el zar anunció en un manifiesto la constitución de una Duma, que no funcionaría como un verdadero parlamento, sino apenas como un órgano consultivo. Trotsky denunció esta medida como un espejismo constitucional.
El 6 de agosto el zar anunció en un manifiesto la constitución de una Duma, que no funcionaría como un verdadero parlamento, sino apenas como un órgano consultivo. Trotsky denunció esta medida como un espejismo constitucional.
(Foto: Cuartoscuro)



El 6 de agosto el zar anunció en un manifiesto la constitución de una Duma, que no funcionaría como un verdadero parlamento, sino apenas como un órgano consultivo. Trotsky denunció esta medida como un espejismo constitucional. Anduvo de sitio en sitio, escondiéndose. Fue a Finlandia y desde allí lanzó toda clase de proclamas revolucionarias. A mediados de octubre le llegaron noticias de una huelga general en Petersburgo y eso hizo que de inmediato se pusiera en movimiento para ganar la capital.

Mientras tanto, durante el proceso mismo del movimiento, había surgido un órgano propio donde estaban representados los principales actores y se tomaban las decisiones fundamentales: el Consejo o Soviet de Delegados de los Obreros. El 15 de octubre Trotsky se presentó por primera vez en el Soviet y causó conmoción con sus palabras de fuego y sus ideas novedosas. Instó a los bolcheviques a unirse al Soviet sin la condición de que éste aceptara su jefatura, ya que se trataba no de un órgano partidario, sino de una amplia representación popular. El 17 de octubre el zar, atemorizado por la huelga general, publicó otro manifiesto donde prometía una Constitución, libertades ciudadanas y sufragio universal. Trotsky reviró en un mitin de masas: “¡Ciudadanos! Ahora que hemos puesto nuestro pie sobre el cuello de la camarilla gobernante, ésta nos promete libertad”. A partir de ese momento se convirtió en la fuerza propulsora del Soviet, en el alma central de aquel órgano de la revolución que se estaba probando en toda su magnitud. Pero el movimiento no se pudo extender a toda Rusia. Su propio aislamiento lo debilitó y se convirtió en el factor que determinaría su término. El 21 de octubre la huelga, que era en ese momento el arma principal de lucha del proletariado, llegó a su fin. El Soviet, que había elegido un presídium formado por Trotsky, Svechkov y Slydniov, encargados de organizar la insurrección, todavía seguiría funcionando algunos días más. El 3 de diciembre le tocó a Trotsky presidir la última reunión del Comité Ejecutivo del Soviet. Una incursión de policías y soldados irrumpió en la sede y se llevan prisioneros a los principales dirigentes, entre ellos a Trotsky. El Soviet había durado apenas 40 días pero había sido un ensayo fundamental. Su existencia, la experiencia que llegó a acumular, el método de discusión que se utilizó, las formas que se desplegaron para organizar al movimiento y darle una orientación adecuada, pertenecían ahora al futuro.

Cuando Lenin, después de su regreso el 8 o el 10 de noviembre, se enteró de que el hombre fuerte en el Soviet era Trotsky, se le ensombreció su semblante, pero dijo: “Bueno, Trotsky se ha ganado eso con su trabajo excelente e infatigable”. Durante el movimiento, Trotsky había dirigido un periódico para poner a debate las ideas sobre el movimiento y para esclarecer el camino de la revolución: Nachalo (El Comienzo). En la cárcel, Trotsky se dedicaría a reflexionar de una manera profunda sobre la experiencia de esta revolución, de este primer ensayo para la toma definitiva del cielo por asalto.

Después de un juicio polémico donde los presos utilizaron el banquillo de los acusados para denunciar la farsa del régimen zarista, con amplias manifestaciones del pueblo, el 2 de noviembre de 1906 fue pronunciado el veredicto: Trotsky y otros catorce reos fueron condenados a la deportación de por vida en Siberia y a la pérdida de todos sus derechos ciudadanos. El 5 de enero de 1907 los convictos emprendieron el largo viaje. Pero Trotsky no estaba dispuesto a pasar el resto de su vida en una prisión del zarismo, sino a destruir las cárceles zaristas para construir en Rusia una sociedad diferente. De manera que en el trayecto se evadió.

Trotsky llegó a tiempo a Londres, donde se estaba llevando a cabo otro Congreso del Partido, para exponer en detalle su teoría de la revolución permanente, poniendo especial énfasis en la necesaria unidad entre obreros y campesinos. Rosa Luxemburgo y Lenin manifestaron su acuerdo con este nuevo enfoque de la revolución. La actitud de Trotsky con respecto a las facciones volvió a ser conciliadora a fin de que los bolcheviques y los mencheviques se unieran. En el verano de 1907, después del Congreso, se trasladó a Berlín, donde se reunió con su esposa Sedova y su hijo. En enero de 1910 se llevó a cabo otro Congreso y la postura conciliadora de Trotsky pareció tener éxito. Pero el intento volvió a fallar porque en la práctica los mencheviques se negaron a disolver su facción. Trotsky volvió a quedar prácticamente solo. A principios de 1912 la división se volvió irreversible. Lenin declaró en una conferencia celebrada en Praga que la facción bolchevique era el Partido.