Samuel Maldonado B.
Repercusiones
México y Corea del Norte
Martes 12 de Septiembre de 2017
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Peña Nieto, drástica y groseramente, corre de nuestro país al excelentísimo embajador de Corea del Norte, Kim Hiong, al que le da de plazo tres días para que salga de nuestro territorio. Esta grosera y antidiplomática actitud asumida por el copiador de tesis es una vergüenza para nuestro país y más cuando no es la primera ocasión que comete torpezas de esta naturaleza, ya comentadas en pasadas entregas, señalando la importancia que México le daba a la denominada Doctrina Estrada.

La línea divisoria está justamente en el Paralelo 38, pues el vecino nuestro ordenó a sus tropas detenerse justo en ese paralelo.
La línea divisoria está justamente en el Paralelo 38, pues el vecino nuestro ordenó a sus tropas detenerse justo en ese paralelo.
(Foto: Cuartoscuro)

Por asuntos profesionales, en 1977 tuve la oportunidad de visitar Corea del Sur, precisamente cuando la situación entre las Coreas realmente era crítica y nada satisfactoria ni para una parte ni para la otra. Llegado al aeropuerto de Seúl y de salir de ahí para llegar hasta la capital, mi maleta fue abierta en la aduana y todo su contenido vaciado sobre un mostrador, para luego ser inspeccionados por elementos militares; ya abierta la maleta y regada la ropa, no tuve más remedio que volverla a la maleta y salir a encontrarme con quien ya me esperaba, no sin antes recordar a la madre del soldado que me vació la maleta.
El aeropuerto estaba custodiado y permanentemente vigilado y protegido por militares y tanques de guerra por todos lados. De allí al hotel transitamos por una carretera angosta, igualmente militarizada.

Independiente de las actividades profesionales que habría de realizar, pude observar algo de la rutina que se tenía en la capital de Corea del Sur, totalmente diferente a lo que en México vivíamos, sobre todo por las noches, pues por toda la ciudad había movimientos y vigilancia de tropas a pie y con taques de guerra. Por la tarde del día que arribamos a esa capital, salimos a cenar e, ignorantes de las normas marcadas que estrictamente prohibían que se deambulara después de las 20:00 horas, nos alertaron indicando a nuestro acompañante japonés que debíamos salir ya a nuestro hotel, pues a esas horas y hasta la madrugada se corría el peligro de que los soldados nos dispararan, norma que no nos fue notificada al ingresar al hotel o, si nos fue dada, no la entendimos.
Salimos prácticamene corriendo en dirección a nuestro hotel y cuadras más adelante nos sorprendieron los soldados que nos apuntaban con sus armas. Nos detuvieron y nos registraron y al mostrar nuestros pasaportes, después de sus exclamaciones que por supuesto no entendíamos, nuestro guía fue prácticamente regañado, pero finalmente los militares nos condujeron hasta al hotel para cerciorarse de nuestros dichos, ¡ese primer anochecer en Corea fue de película para mí!

En mi segunda visita a Seúl conocí la frontera entre ambos desunidos países. Sobre la línea divisoria se había construido una residencia que servía oficialmente de parlamento para los hermanos rivales; en el interior de la misma, sobre el piso y sobre la mesa de discusiones, se mostraba con pintura blanca una raya de diez centímetros. Equidistantes sobre la mesa, una bandera representativa de cada país, idénticas en todas sus dimensiones, menos en el color y la grafología de las mismas. Dentro de esa residencia había un larga mesa, con la raya en medio, situadas por fuera de la residencia, dos grandes banderas, desde luego una de cada lado a la misma distancia y con el mismo largo de las astas que se fueron cambiando pues la de un país era mas alta que la otra y así siguieron hasta que se cansaron de su estupidez. Finalmente llegaron a un acuerdo de no alterar más la altura de las mismas banderas. Dentro de la casa estaba estrictamente prohibido cruzar el limite de los territorios. La división entre las dos Coreas data de 1945, cuando fue declarada la guerra en contra de Japón por parte de la URSS, quedándose la Unión de Repúblicas Socialistas con la parte Norte y los Espantados Unidos con la del Sur. La línea divisoria está justamente en el Paralelo 38, pues el vecino nuestro ordenó a sus tropas detenerse justo en ese paralelo.

Relato lo anterior debido a la serie de torpezas tenidas por ambos países y porque no hay conocimiento y cultura que los lleve a un entendimiento mutuo y que provoca disfunciones en sus respectivos gobiernos, tal como sucede en nuestro país, donde por desconocimiento de la geografía, de la gramática, de la política, etcétera, Peña Nieto comete torpeza tras torpeza. La última instrucción recibida de míster Trump y acatada es terminar con la Doctrina Estrada que antaño le daba presencia a nuestro país, decreto que inducía a respeto a México internacionalmente. Ahora, desafortunadamente míster Trump ordena al secretario de relaciones exteriores y a Peña Nieto lo que deben hacer para correr de México y quitar al excelentísimo embajador de Corea del Norte, Kim Hiong Gil. ¡Ya urge que Peña Nieto termine para evitar mayores vergüenzas nacionales!

Sobre el autor
Samuel Maldonado Bautista Editorialista en La Voz de Michoacán, Buen Día y Cambio de Michoacán. Diputado Federal (1997-2000); Coordinador de Política Interior de la fracción del PRD en la Cámara de Diputados; Vocal Ejecutivo de la Comisión Ejecutiva para el Desarrollo de la Costa Michocana en el gobierno del Estado (2000); Director General del Conalep, Mich. Gob. de Lazaro Cárdenas Batel.
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