Jerjes Aguirre Avellaneda
¿Por cuál camino: derecha o izquierda?
Viernes 15 de Septiembre de 2017
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Las elecciones federales de 2018 son una magnifica oportunidad para detenerse en la revisión de la reciente historia política de México con el objeto de fortalecer los aciertos y corregir las grandes desviaciones y errores. Lamentablemente la evaluación tendría que hacerse en una determinada perspectiva ideológica, correspondiente a lo que ha sido denominado como derecha o izquierda.

Sin embargo, este procedimiento carece de viabilidad, en tanto es sumamente difícil identificar las ideas, los modelos y las propuestas de las derechas y las izquierdas en México y aparentemente en todas partes. Pareciera que el pensamiento de unas y otras hubo de disolverse a partir de finales de siglo pasado, cuando fue iniciado el proceso denominado “transición democrática”, cuyo objetivo básico en el que todos coincidían consistía en terminar con el viejo “presidencialismo autoritario” y comenzar la época del “poder ciudadano” como factor esencial en la reforma del propio Estado.

Los partidos políticos de izquierdas y derechas, en especial el PAN y el PRD, se encargaron de las elecciones, en tanto que los sujetos del capital, nacionales y extranjeros, se encargaron de los negocios y de ejercer el verdadero poder
Los partidos políticos de izquierdas y derechas, en especial el PAN y el PRD, se encargaron de las elecciones, en tanto que los sujetos del capital, nacionales y extranjeros, se encargaron de los negocios y de ejercer el verdadero poder
(Foto: Especial)



Por otra parte, las reformas en la economía, la sociedad, así como en materia electoral y el conjunto de la estructura institucional, terminaron por transformar el contenido de la República en los últimos 30 años. Las izquierdas y derechas coincidieron en su lucha en contra del “partido casi único”, el PRI, pero no fueron más allá de la búsqueda de sus propios acomodos en el reparto de las cuotas de poder.

La lucha teórica y práctica por la democracia, la formal, de las elecciones, como vía de acceso al gobierno, fue la última argumentación congruente de las derechas y de las izquierdas. Compartieron el mismo adversario y el mismo interés para ocupar los vacíos de poder sin que hayan tenido la capacidad y el interés real para diseñar junto con la democracia formal, indirecta, de representaciones conferidas mediante el voto, en proyecto histórico distinto, integral y concretamente con el poder ciudadano.

Los partidos políticos de izquierdas y derechas, en especial el PAN y el PRD, se encargaron de las elecciones, en tanto que los sujetos del capital, nacionales y extranjeros, se encargaron de los negocios y de ejercer el verdadero poder representado por el dinero. Con este esquema fue surgiendo un nuevo país, con una estructura institucional diferente y nuevas formas de relación social y política, en la vida cotidiana, entre los grupos de distinto tipo y en la dinámica pública.

En el presente los problemas de México son diversos, relacionados con todos los aspectos de la actividad nacional, si bien destacan para el conjunto de la sociedad las grandes desigualdades sociales, la pobreza, la violencia y la inseguridad que caracterizan a México como país del crimen incontenible, la corrupción cínica, el divorcio entre pueblo y gobierno, movilizaciones e inconformidades diarias, pérdida de la confianza de todos y entre todos y ausencia de rumbo nacional. Adicionalmente se encuentra el desafío de la integración subordinada de México al presente y al destino final de Estados Unidos en un nuevo tipo de relación colonial. La dependencia de México de los intereses gringos ha llegado al extremo de soportar ofensas que lesionan directamente la dignidad de los mexicanos, teniendo como respuesta la reverencia que es utilizada para disfrazar una diplomacia del miedo.

Por su parte, los cambios también ocurrieron en las derechas y en las izquierdas con sus respectivos partidos políticos. Respecto de la derecha de hoy, ya no se proclama como la representante de los intereses terratenientes, de los empresarios de dentro y de afuera y de la Iglesia católica. Ahora sostiene la igualdad de la “persona humana”, asumiéndose solidaria con los pobres y respetuosa de las “masas”, a la vez que hace de las causas sociales sus propias causas. No obstante, cuando se mira hacia atrás, destacan las herencias de la derecha en los distintos momentos de la historia, que dibujan con toda claridad su verdadero rostro, de la Reforma y la Revolución hasta Vicente Fox.

El PAN tuvo que utilizar el arsenal ideológico priista para arropar sus acciones tanto en el caso de Fox como en el caso de Calderón. La “voz populi” de Fox en su programa televisivo es lo único que tiene el PAN de “ideas renovadoras” junto a las estridencias demagógicas de su actual dirigente. En cambio, “el modo de vida americano” como aspiración íntima de unos y otros dirigentes revela la incongruencia con el objetivo ideológico y moral, que atentan contra la independencia del país, su orgullo y su dignidad, que derivan de principios y valores propios.

En cuanto a la izquierda, se olvidó de la teoría revolucionaria, del marxismo clásico y contemporáneo, incinerando las luchas reivindicadoras de los trabajadores y uno de sus orígenes, cuando en 1919 fue fundado en Partido Comunista Mexicano. Practicar el olvido tratando a los hechos como si nunca hubieran existido ha sido invariablemente un recurso recurrente de los “reaccionarios” y un desperdicio monumental de las enseñanzas de la historia. Tampoco López Obrador coincidió con esta izquierda, optando por fundar un partido distinto en un esfuerzo de continuidad de una izquierda con mayor autenticidad.

La derecha y la izquierda en México están ideológicamente agotadas, por eso niegan validez a la ideología. En su aislamiento de los centros de creación intelectual y política, de los intelectuales y pensadores, así como de la creatividad popular, alcanzaron la incompetencia para señalar correcciones y trazar nuevos rumbos para el país. La pobreza analítica y propositiva de las izquierdas y derechas tuvo su expresión evidente en la formación del “Frente Amplio Ciudadano”, cuando primero se organizan, como si la organización sin objetivos fuera posible, dejando para después la elaboración de un programa de acción común. En este tiempo sólo pudieron establecer la finalidad común de ganarle las elecciones al PRI en 2018. En el caso de Morena, con sus consensos o sin ellos, con el uso de ideas que indican la existencia de un modelo diferente de sociedad y de país. ¿Sera por eso que también el frente se propone cerrarle el paso al electoral?

Todo parece indicar que en el proceso electoral que culminará en la jornada del º1 de julio de 2018 las oportunidades del voto razonado serán mínimas. Los mensajes propagandísticos habrán sido abrumadores para condicionar un sufragio en favor de quien sea, sin detenerse a valorar sus implicaciones y consecuencias. Parecería que no habrá diferencias importantes en las ofertas partidistas, puesto que en la mayoría de los casos las alternativas han carecido de significados reales.

Frente a lo que se ha llamado “propagando totalitaria”, que no incluye conceptos que dibujen el futuro con inobjetable estructura lógica, a los ciudadanos, escribió Jesús Silva-Herzog Márquez, sólo les queda la ficción puesto que “estamos congénitamente dispuestos al autoengaño”, al triunfo de la ficción sobre la realidad, haciendo del desamparo simples retos de la imaginación.
Aun así hay tiempo para que los procesos electorales iniciados el pasado 8 de septiembre sean la oportunidad para establecer amplios espacios para la deliberación ciudadana, replanteando la necesidad del avance de la democracia “desde abajo y con la participación de todos”. Los votos deberán tener la equivalencia de la confianza en la democracia misma y en el rumbo que siendo viable, finalmente se adopte.

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