Ignacio Hurtado Gómez
Aula Nobilis
Resiliencia social
Jueves 14 de Abril de 2016
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La primera ocasión que leí la palabra fue en un libro que se llama Padres súper poderosos, y ahí explica la importancia de que los niños generasen esa capacidad de sobreponerse a ciertos dolores emocionales o situaciones adversas, incluso algo muy similar a lo que otros llaman elevar sus niveles de frustración. Y por eso, quienes escriben de ello sugieren que los padres no los sobreprotejamos tanto y permitamos que los niños desarrollen esa capacidad.

La ocasión más reciente que escuché nuevamente la palabrita fue en un discurso del secretario de Gobernación, en el marco de una actividad institucional en relación con la protección civil, pues señalaba que frente a los embates de la naturaleza con motivo del cambio climático, en México y el mundo existen tres retos, y uno de ellos es el de avanzar hacia una sociedad “más resiliente”, esto es, en términos de desastres naturales, potenciar la fuerza y capacidad para reponernos ante situaciones complejas que nos manda la ultrajada naturaleza. Y esas dos referencias me llevan a preguntarnos: ¿Somos o no resilientes?

Si esa palabrita, como se dijo, implica una capacidad desarrollada para superar adversidades, creo que sí lo somos, y no nada más en relación con la naturaleza misma, sino con otras más lastimosas relacionadas con la naturaleza humana. Pero si ese superar la adversidad supone salir fortalecido de ella, entonces creo que nos falta más resiliencia. Y me explico.

Nadie puede dudar que hemos pasado –tal vez desde el terremoto del 85– por diversas situaciones harto complejas en materia de desastres naturales
Nadie puede dudar que hemos pasado –tal vez desde el terremoto del 85– por diversas situaciones harto complejas en materia de desastres naturales
(Foto: Cuartoscuro)

Nadie puede dudar que hemos pasado –tal vez desde el terremoto del 85– por diversas situaciones harto complejas en materia de desastres naturales, y tal vez por ello se explica que nuestro país sea uno de los principales impulsores, por tomarnos más en serio a nivel global, del tema del cambio climático, aunque en lo interno aún no estemos convencidos y menos comprometidos. Candil de la calle, oscuridad en la casa.

En ese punto, el huracán Patricia fue muestra de lo que hemos avanzado en términos de prevención y control de desastres.

Pero también, como decía, hemos generado tal fortaleza y capacidad para superar adversidades de otro tipo, como las económicas, sociales, políticas, de seguridad y más.

Por ejemplo, somos resilientes a otras que igualmente son adversidades como la corrupción, la impunidad, la desigualdad, las crisis económicas, las crisis políticas; en fin, hemos generado –a lo largo y ancho, arriba y abajo– tal capacidad de sobreponernos que no solamente la hemos superado, sino que hasta la hemos hecho parte de nuestra cotidianidad, como un pequeño elemento más de nuestro ser social.

Y entonces ahí es donde nuestra resiliencia no ha funcionado y nos quedamos a medio camino, porque si ella supone un fortalecimiento una vez superadas las adversidades, queda claro que ese fortalecimiento no termina de llegar, no terminamos de procesarlo, pues en el mejor de los escenarios estamos como en el baile al Cristo de los Milagros en San Juan Nuevo: tres pasitos para adelante y dos para atrás, aunque siempre queda la esperanza de que, aun así, es posible llegar al altar.

Somos, pues, una sociedad resiliente porque hemos logrado superar diversas adversidades de cualquier tipo, pero no lo somos del todo porque a pesar de esa capacidad no logramos un fortalecimiento social e institucional sobre lo que tenemos, y que si bien no deja de ser importante, en los hechos que respiramos, en momentos son real y honestamente insuficientes. Al tiempo.

Una pequeña dosis de historia nicolaita: El 30 de mayo de 1931 se publicó un decreto por el cual fue creada la Junta Inspectora de Instrucción Pública en Michoacán, que presidió el sabio maestro y licenciado don Mariano Rivas, Junta que se proponía establecer en el local del Colegio de San Nicolás las escuelas Normales que la citada ley disponía se fundaran en Morelia. Con este motivo, el gobierno inició gestiones tendientes a que el Cabildo cediera el edificio, a lo cual accedió, pero al final se tropezó con la dificultad de que no existía otro lugar apropiado donde quedaran alojadas las tropas que se hallaban acuarteladas en el Colegio. Surgieron, por esta causa, nuevas dificultades, llegando esta vez hasta el Congreso local, pues en la sesión del 2 de noviembre del citado año, los diputados Joaquín Domínguez y Lorenzo Aurioles se opusieron a que los soldados continuaran acuartelados en San Nicolás, aduciendo que, conforme a los deseos del señor Quiroga, no debía destinarse el Colegio a otro objeto que a la instrucción de la juventud. A medida que pasaba el tiempo se ahondaba el conflicto y el plantel seguía cerrado. Se entabló entonces un debate entre el Congreso y el Cabildo respecto a si una vez independizado México de España era el Estado o el mencionado cuerpo eclesiástico a quien correspondía el patronato, cuyo resultado fue que, después de algunos incidentes que se llevaron varios días, el Congreso designara una comisión compuesta por los señores licenciado Mariano Rivas y Pablo Peguero para que estudiaran el asunto y presentaran su dictamen. Los comisionados examinaron el origen, naturaleza y extensión del patronato, concluyendo que al rey de España había pertenecido tal protección. En tal convencimiento, los señores Rivas y Peguero resolvieron que sí podía el Congreso ordenar la reapertura del Colegio, para lo cual presentaron al mismo un plan de estudios basado en el antiguo, con las modificaciones que el cambio de tiempo hacía indispensables. Aprobado el dictamen de los señores Rivas y Peguero con ligeras modificaciones que estimaron oportunas los diputados, se abandonó el proyecto de las escuelas Normales y el gobernador del estado, don Diego Moreno, expidió, con fecha del 8 de noviembre de 1832, el siguiente decreto número 59. “Artículo 1. Se establece el Nacional y Primitivo Colegio de San Nicolás Obispo, de esta capital, con las plazas siguientes: un rector, un vicerrector, un catedrático de gramática latina, otro de lógica y matemáticas, otro de física y química, otro que enseñe en lengua vulgar las pruebas y los fundamentos de la religión católica, otro de derecho natural, de gentes y político, otro de derecho canónico y civil, otro de economía política”.

ihurtadomx@hotmail.com.

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