Jerjes Aguirre Avellaneda
¡Para el debate por Michoacán!
Aniversario: el modelo zapatista de lucha
Viernes 15 de Abril de 2016
A- A A+

Es válido recordar a los grandes personajes, los grandes líderes, por lo que hicieron es sus circunstancias, por sus respuestas a los desafíos de su tiempo, por sus principios y métodos de lucha. En este sentido, recordar a Emiliano Zapata a los 97 años de su asesinato es completamente necesario, tanto por razones ideológicas como por razones éticas en la compresión de los fenómenos históricos.

Sin embargo, las grandes personalidades, se dice con frecuencia, son un ejemplo, una enseñanza, un método o un modelo para resolver los problemas del presente. Mientras más enseñen los grandes liderazgos, más grandes son esos liderazgos. El cómo y el para qué en cada momento es comprensible a partir de abordar el pasado tratando de encontrar las soluciones para el presente. Hay una relación insoluble entre el pasado, el presente y el porvenir, y por ello, los grandes como Zapata permanecen vivos al mostrar en cada circunstancia cómo y para qué se debe luchar.

¿Cuál es el modelo zapatista aplicable en la solución de los problemas actuales del campo?, ¿cuáles son sus herencias fundamentales en los principios y el método ante problemas nuevos y constantes cambios? Mucho es lo que se debe aprender del zapatismo, en especial lo que enseña sobre la claridad de los objetivos y la voluntad inquebrantable de lucha.

Habría que destacar, en primer lugar, que los grandes objetivos de lucha de Zapata fueron el resultado de un largo proceso histórico de despojo de las tierras pertenecientes a los pueblos y de la consecuente concentración excesiva de la propiedad particular bajo la forma de latifundio. No fueron objetivos imaginados, sino causados por el robo de tierras, que eran el medio fundamental para el trabajo y la vida de las mayorías rurales, que eran a principios del siglo XX las mayorías de todo el país.

En lo que es hoy el estado de Morelos, el cultivo de la caña de azúcar utilizaba grandes extensiones de tierra, arrebatada por todos los medios a los pueblos en un proceso sistemático o de despojo violento. Durante la Colonia crecía la demanda de caña, azúcar y tierras de cultivo como tendencia que se prolonga hasta el siglo XIX, cuando en Anenecuilco, de donde era originario Zapata, los hacendados azucareros pudieron apoderarse de todo, tierras y ganado, obligando a los comuneros a ocuparse como jornaleros. Gerrit Huizer, en su trabajo Los movimientos comprensivos en México, describe el proceso de despojo de la siguiente manera:

“En 1887 fueron tomadas incluso las calles y algunas pates del poblado (Anenecuilco); los hacendados contrataron también tropas del Ejército, a las que llamaban en aquel tiempo ‘guardatierras’, y las enviaron a destruir las casas, los árboles frutales y hasta una capilla de los campesinos a fin de ocupar la tierra para el cultivo de la caña de azúcar”. Cuentan que ante el despojo de que habría sido objeto, Zapata, niño todavía, hijo de su padre impotente, dijo: “Pues cuando yo sea grande haré que las devuelvan”.

En consecuencia, habría condiciones objetivas y subjetivas para que con la promesa de devolución de tierras perdidas fraudulentamente, contenida en el Plan de San Luis Potosí de octubre de 1910, los campesinos de Morelos se lanzaron a la lucha revolucionaria dirigidos por Emiliano Zapata con el resultado de que Madero, al asumir a la Presidencia, en lugar de cumplir con su compromiso con los campesinos adoptó medidas distintas a la restitución, como el frucimiento de tierras comunales y nacionales para la venta de parcelas, así como la compra por parte del gobierno de haciendas con la misma finalidad. Con estas acciones los zapatistas se sintieron traicionados y como respuesta formularon su propio programa, conocido por el lugar de su firma, Plan de Ayala, en noviembre de 1911.

El Plan de Ayala contenía dos características que lo distinguieran del Plan de San Luis, relacionadas por una parte con el derecho de los campesinos para tomar posesión inmediata, sin mediar procedimiento burocrático alguno, de las tierras, montes y aguas de las que hubieran sido despojados por los “hacendados científicos o caciques a la sombra de la justicia venal”, manteniendo a todo trance con las armas en las manos la mencionada presión.

Por otra parte, por primera vez el Plan de Ayala mencionaba que con la restitución de tierras comunales serían expropiadas las tierras y aguas de los “poderosos propietarios” de ellas, a fin de que “los pueblos y ciudadanos de México obtengan ejidos, colonias, fundos legales para pueblos o campos de sembradera o de labor y se mejore en todo la falta de prosperidad y bienestar de los mexicanos”.

En estos aspectos quedan identificaos los dos objetivos propios de la lucha zapatista: posesión inmediata de las tierras y aguas, defensa armada de esa posesión y ampliación de las vías de acceso a la tierra con la restitución y la dotación de ejidos. Zapata fue el cobrador del nuevo ejido, distinta de la concepción española vigente durante la Colonia. Consecuentemente, implicado en todo ello, se encuentra el primer elemento del modelo zapatista de lucha: los campesinos necesitan disponer de sus propios objetivos, que no pueden imponerse de afuera, sino como resultado de su realidad, de sus problemas y de sus aspiraciones. Sin Plan de Ayala no habría zapatismo, mucho menos Emiliano Zapata.

Por otra parte, estaba la voluntad en la lucha y el apoyo del pueblo. Las fuerzas zapatistas actuaban siguiendo las tácticas de la guerra de guerrillas. Atacaban y se confundían con el pueblo. Donde llegaban los zapatistas entregaban las tierras, organizaban a los campesinos, los prestaban asistencia técnica y les otorgaban crédito. En el estado de Morelos, durante el zapatismo, 53 haciendas, granjas y ranchos pasaron a manos campesinas, prácticamente todas las tierras en aquellas entidad.

Sin ninguna duda, para Madero, Huerta o Carranza el enemigo a vencer era Emiliano Zapata. En mayo de 1916 Carranza lanzó la más amplia ofensiva militar para recuperar Morelos, sus fuerzas tomaron Cuernavaca y las poblaciones más importantes, incluyendo el cuartel general de Zapata en Tlaltizapán. En condiciones tan adversas Zapata hubo de refugiarse en las montañas para continuar su lucha hasta su traición y asesinato, en 1919.

Mientras tanto, cuando entró a Morelos el ejército carrancista, asumió la conducta de un ejército de conquista, incendiando pueblos, sembradíos, árboles frutales, sacrificando animales y matando a hombres, mujeres y niños, según los recuentos de los cometarios, y no obstante la lucha de Zapata continuaba. En paralelo, nunca contra un combatiente revolucionario se habrían lanzado tantos insultos y aplicado tantos calificativos para denigrar a un líder de estatura histórica. Desde la Presidencia de Madero, en 1912, fue iniciada una campaña de desprestigio contra Zapata, llamándolo Atila del Sur, y a sus seguidores, “depredadores y criminales”, “hordas vandálicas dedicadas a la más salvaje destrucción”.

Después Zapata fue llamado “ambicioso de poder y de riquezas”, que perfeccionó, según José Vasconcelos, “el teocali de los sacrificios humanos con el uso de la ametralladora y la pistola automática”.

“Faccioso contumaz contra todo gobierno”, insistían, “cobarde y cabecilla sin méritos militares”, hasta decir que en su llamado “Plan de Ayala él no tuvo la menor participación, pues era un analfabeto y un ignaro despreciable”. Entre más adjetivos insultantes, más grandeza, antes y después, del revolucionario.

A pesar de tanta adversidad Zapata seguías activo en las montañas. Ante este hecho, los carrancistas tomaron la decisión para deshacerse, como fuera, de Zapata. La tarea fue confiada al coronel Jesús Guajardo, quien finge a Zapata un rendimiento y luego de ganar su confianza, lo asesina a mansalva el 10 de abril de 1919 en la hacienda de Chinameca. A cambio, Guajardo fue ascendido a general por Carranza, recibiendo además una recompensa de 50 mil pesos. Los enemigos de Zapata dijeron que “afortunadamente fue ajusticiado por un inteligente plan realizado por valientes militares premiados con ascensos y merecidas ganancias.”

Emiliano Zapata a 97 años de su asesinato
Emiliano Zapata a 97 años de su asesinato
(Foto: Especial)

El hombre desapareció pero la enseñanza quedó. Voluntad inquebrantable en la realización de sus ideales, sin posibilidades de negociación o soborno. La honestidad de Zapata resistió cuantos intentos se hicieron para sobornarlo y las oportunidades para hacerse rico. Vivió pobre y murió pobre. Los siete hijos que se le conocen vivieron y viven en la pobreza, o cuando mucho de los pequeños apoyos proporcionados por el gobierno.

Para el presente, para los problemas de hoy, quedan las enseñanzas que contiene el modelo zapatista: claridad y precisión de objetivos propios, convicción y voluntad férrea en la lucha, sin desistimientos, desvíos y deslealtades. ¡Congruencia hasta el final!

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

¡El grito desesperado de la ideología!

En el año que comienza, tiempos para cambiar

Enajenación, ciudadanos y política

Fenómenos nuevos en la democracia mexicana

Clase política y elecciones

Diferencias sociales y elecciones

Las ideas y los intelectuales en la política

Hacia una tipología de candidatos

¿Todo para el mercado o todo para el Estado?

Los mexicanos: ¿por qué luchar?

Las Zonas Economicas Especiales y el desarrollo regional

En política: los jefes y los líderes

¿Por cuál camino: derecha o izquierda?

Pobreza estructural, el tener y el hacer

En marcha, Frente Amplio Democrático… ¿contra quién?

Cuando gana el PRI, ¿gana México?

La globalización en crisis

Reflexiones sobre México y el mundo

¡El Balsas se seca, la población también!

Democracia y cultura

¿Frente anti PRI o anti López Orador?

Resolver los problemas de fondo

Las ZEE y el corredor de pobreza Michoacán-Chiapas

La fuerza histórica de la comunidad indígena

Gobernadores ladrones

Efervescencia y preparativos políticos

Zapata, ¿individuo o comunidad?

Algunas referencias de la izquierda mexicana

¿Hay todavia izquierdas y derechas?

La lectura de las realidades políticas

México, el vacío de liderazgos

¿Oponer el sueño mexicano al sueño americano?

¡Para el debate por Michoacán!

Acelerando los tiempos políticos

En memoria del doctor Robles Garnica

Sin titubeos, la ZEE de Lázaro Cárdenas debe establecerse

En 2017: la difícil construcción del futuro

Corrupción y legitimidad política

Profesionistas: “Ciencia y tecnología para una patria libre”

En su aniversario: Revolución muerta, principios vivos

Ante el fenómeno Trump, lo necesario y a tiempo

¡Para el debate por Michoacán!

¿Todavía sirven los líderes?

Hacia el Centenario de la Constitución

Morelos: el pasado desde el presente

Presupuesto, austeridad y confianza

El Informe: lo dicho y lo no dicho

En la unidad de la izquierda, ¿cuál proyecto?

Violencia estructural, soluciones estructurales

Plan de Desarrollo, intenciones y realidad

CNC michoacana: renovación de liderazgos

En busca de la equidad

Migración michoacana, entre la forma y el fondo

¡Como son los candidatos es la democracia!

¿Se puede reformar la cultura?

(¿) Demostrar que el PRI está de pie (?)

La ZEE de Lázaro Cárdenas: enfoque regional y desarrollo territorial

En estos tiempos: ¿desarrollo o decadencia democrática?

La ZEE de Lázaro Cárdenas: el desarrollo compartido

Los modelos de análisis político y 2018

La ZEE de Lázaro Cárdenas: entre la idea y la realidad posible

Repensar la cultura y el desarrollo

Entre la demagogia, los medios y la insatisfacción democrática

Creencias y cambio de creencias

Lázaro Cárdenas: De Sicartsa a Zona Económica Especial

Relevos en la CNC michoacana

La clase empresarial michoacana

Aniversario: el modelo zapatista de lucha

Silva Tejeda: ¿Nuevo líder, nuevo PRI?

¡Para el Debate por Michoacán!

Desocupación y empleos emergentes

Remesas y problema migrante

Para entender la sociedad: ¿Sirve la teoría?

Absurdos sin corrección del campo michoacano

El Papa, los problemas y las soluciones

El ejido: Entre la ignorancia y la mala fe (Cuarta parte)

El ejido: el más grande despojo de la historia (Tercera parte)

El campo michoacano: Diez temas pendientes Segunda parte

Lo hecho y no hecho en el campo michoacano (primera parte)

Lo nuevo en el campo michoacano

Gobierno, presupuesto y política

Poder, plan, desarrollo y modelo

Foros de Consulta y Plan de Desarrollo

La costumbre de vivir con violencia

Revolución Mexicana hoy, frustraciones y hartazgos

Las Truchas, frustraciones y posibilidades

Belisario Domínguez ennobleció a la patria

Plan de Desarrollo, método y compromiso

Año difícil: presupuesto 2016

Zonas Económicas Especiales y regiones pobres de Michoacán

El nuevo comienzo, sólo con pueblo y gobierno

¿Es posible un gobierno sin mitos?

El reto de organizar al pequeño productor rural

Secretaría para la ciencia y la tecnología

Nueva administración para nuevo gobierno

Nuevas visiones para los nuevos ayuntamientos

Por un equipo de gobierno sin vicios y con rumbo

En el PRI, ¿sólo cambio de dirigentes?

La pobreza, organización y nueva cultura

La pobreza y sus retos, ¿es lo mismo explicar que medir la pobreza?

Cuba-Estados Unidos; una nueva historia

Los michoacanos, principio y fin del desarrollo

¿Es posible un programa del nuevo gobierno?

¿Organización política y candidaturas independientes?

¿Las mayorías nunca se equivocan?

La Tierra Caliente de Huetamo

Darle rumbo al campo

Replanteando estrategias: Michoacán y sus regiones

Los debates y la cultura política

Algunos de los muchos pendientes

Campañas: agotamiento de los viejos proselitismos

El vacío de liderazgos

Elecciones 2015: ¿para creer en la democracia?

¡Para el debate por Michoacán!