Salvador Molina Navarro
Derecho a qué…
Qué nombre le vamos a poner
Martes 26 de Septiembre de 2017

Los derechos se toman, no se piden, se arrancan, no se mendigan.

José Marti.

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El tema de los derechos y de la igualdad de género ha avanzado a pasos agigantados, garantizar a la mujer y al hombre el derecho a una igualdad legal, procesal y social, también ha dado de qué hablar; los derechos humanos en controversias familiares han provocado grandes reformas como lo es el divorcio sin expresión de causa, se ha reconocido la libertad de decisión, decidir si quieres o no estar unido a una persona, decidir si quieres unirte a una persona del mismo sexo, con las garantías y el reconocimiento de la ley y de la sociedad, decisión libre y espontánea, sin coacción ni violencia, garantizar la autonomía de la voluntad.

Es aquí donde se encuentra lo novedoso de este litigio, es incuestionable que el nombre es un derecho humano al que todos tenemos acceso, todos debemos de tener un nombre para poder gozar de identidad, derecho que se encuentra garantizado en el artículo 4
Es aquí donde se encuentra lo novedoso de este litigio, es incuestionable que el nombre es un derecho humano al que todos tenemos acceso, todos debemos de tener un nombre para poder gozar de identidad, derecho que se encuentra garantizado en el artículo 4
(Foto: TAVO)

Tuve la oportunidad de litigar como abogado de parte actora, en una controversia familiar, un tema de reconocimiento de paternidad, después de resolverse el juicio en su primera instancia se interpuso un recurso ordinario, dentro del cual se introdujeron razonamientos tendientes a la garantía de la libertad de la voluntad de la madre de una menor, conforme al principio de igualdad y no discriminación, el tema toral era la elección del orden en que debe llevar los apellidos la menor en comento, en este sentido es de todos conocidos que el orden de asentar los apellidos ha sido dado por la costumbre y no se había aceptado modificación al respecto, primero el paterno y luego el materno.

Es aquí donde se encuentra lo novedoso de este litigio, es incuestionable que el nombre es un derecho humano al que todos tenemos acceso, todos debemos de tener un nombre para poder gozar de identidad, derecho que se encuentra garantizado en el artículo 49 de nuestro Código Familiar al señalar que el acta de nacimiento se levantará con asistencia de dos testigos y contendrá la hora, día, mes, año y lugar de nacimiento, el sexo del presentado, nombre propio y apellidos, además de la razón si se ha presentado vivo o muerto y la huella dactilar del presentado, siendo con esto suficiente para garantizar que todos adquiramos una identidad, ni en este artículo ni en la totalidad del Código Familiar se advierte el orden en que deben asentarse los apellidos.

En el juicio en comento, quien es progenitor de la menor no mostró mayor interés por quien se pretendió acreditar la relación filial, ni antes ni ahora con resolución ejecutoriada ha mostrado interés por cumplir de forma voluntaria con las obligaciones paternas, no ha mostrado preocupación por convivir ni por conocer a quien es su hija, bajo este tenor se argumentó y se solicitó ante la segunda instancia el asentar primero el apellido materno y en segundo término el paterno, la litis, por lo que este argumento se refiere, se centró en determinar si tal decisión afectaba el derecho a una adecuada identidad de la menor, si el derecho a la autonomía de la voluntad de los padres no impactaba algún derecho de la menor, si existía legalidad en señalar como prestación que el orden de los apellidos de la menor cambiaran del común, dichos motivos de estudio se abordaron en la resolución en comento, concluyendo que era total y legalmente procedente que los padres determinaran el orden de los apellidos de la menor, tal extremo no afecta el derecho de identidad, el derecho humano al nombre, de ahí que, al menos bajo mi conocimiento, se obtiene la primera resolución judicial que ordena que el nombre de una o un menor se asiente con el apellido materno en primer lugar y paterno en segundo lugar, considerando esta resolución como una gran avance jurídico en respeto a la igualdad sustantiva, al garantizar y reconocer el derecho de la mujer, de aquella mujer que decide retar las costumbres, que decide exigir sus derechos y exponerlos en juicio, se abre la puerta para que todos y cada uno de nosotros nos animemos a pedir fundada y motivadamente, pedir en forma, pedir con razonamientos, tomar nuestros derechos y hacerlos nuestros, arrancar de la costumbre la falta de raciocinio y que con el derecho como espada la costumbre sucumba y la sociedad abra su mente y permita que todos, sociedad, derecho, estado y cultura demos pasos firmes para establecer cada día un estado constitucional del derecho más sólido y tangible.

Al lograr que se garantizará la voluntad de decidir el orden en que deben asentarse los apellidos de una hijo o una hija no es cosa menor, para toda madre que lucha sola ante la adversidad, que le costó frustración, desolación y depresión el saberse y entenderse madre soltera, el enterarse que la noticia de estar embarazada puede ser el inició de un reto que pocos podríamos afrontar, ganar el juicio en el que se asiente su apellido en primer término y en segundo lugar el paterno, es sin duda un reconocimiento a su esfuerzo y fortaleza, es un logro que impulsará a todas esas mujeres a seguir luchando, a seguir formando ciudadanos de bien, a seguir señalando con dedo firme que los derechos humanos se toman, no se piden, se arrancan, no se mendigan.

FB. Salvador Molina
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