Ignacio Hurtado Gómez
¿Reformar por reformar lo político-electoral?
Jueves 28 de Septiembre de 2017
A- A A+

Creo que es necesario decirlo con toda responsabilidad. En materia político-electoral no podemos caer en una reformitis sin que previamente hayamos deliberado ampliamente los efectos de aquello que queremos o que necesitamos modificar. Mucho cuidado con eso.

Ahora en tiempo donde se exige mayor paridad en la representación, cuantas mujeres actualmente en los congresos han logrado su acceso a través de la representación proporcional.
Ahora en tiempo donde se exige mayor paridad en la representación, cuantas mujeres actualmente en los congresos han logrado su acceso a través de la representación proporcional.
(Foto: Cuartoscuro)

Y lo vuelvo a decir, “sin haber deliberado sobre los efectos”.

Son dos las principales razones que me llevan a sostener lo anterior.

Primeramente, el hecho de que en varios momentos he insistido en que las instituciones políticas y jurídicas no son plantas sin tierra y, por tanto, se alimentan de un sustrato social, económico y cultural que les rodea.

Si se quiere en palabras más técnicas y específicas, cuando la Corte Interamericana de Derechos Humanos resolvió el asunto Castañeda Gutman sobre las candidaturas independientes, sostuvo que el sistema interamericano no definía un sistema electoral único, sino que, en todo caso, cada país, y en ese caso México, debía decidirlo con base en sus aspectos culturales, sociales, económicos y políticos, entre otros.

Y a eso me refiero, para tomar una decisión como las que se han sugerido se requiere considerar varios aspectos, no es tan simple el asunto.

La segunda razón que me hace resistirme a la reformitis sugerida es que, desde mi punto de vista, he crecido con la idea de que los sistemas electorales se construyen y modifican, se diseñan y rediseñan, y en ese contexto, uno de los elementos que siempre hay que tener en mente (y así sugieren instancias internacionales), es el ineludible hecho de que producen consecuencias, producen efectos. Buenos o malos, pero al final producen efectos.

Por ejemplo, la segunda vuelta busca un efecto, las candidaturas independientes producen otro, el modelo de financiación otro, y así sucesivamente.

Si no fuera así, entonces tendríamos en todos los sistemas electorales del mundo la figura de las candidaturas independientes, y no es así. Si no fuera así, en todos los sistemas del mundo la financiación sería privada. Si no fuera así, no habría países con sistemas proporcionales.

Pero no es así, y hay modelos, y hay diferencias, y unos tienen y otros no. Y entonces vienen las siguientes preguntas obligadas: ¿a qué se deben esas diferencias?, ¿por qué ellos sí y nosotros no, o viceversa?
Y es aquí donde hay que abrir la deliberación en todas sus formas y espacios posibles. Tenemos que discutirlo, y sobre todo preguntarnos, y preguntarles a los que afanosamente las impulsan, hacía dónde están mirando.

Que quede claro: no estoy en contra del cambio ni de eventuales reformas, creo que varias son, además de deseables, necesarias. Claro que hay que discutir, dialogar, deliberar y reflexionar, pero con todas las piezas sobre la mesa, entre ellas, destacadamente los efectos de las reformas que ahora se impulsan.

Más específicamente permítanseme algunas reflexiones adicionales.

Por ejemplo, en el caso de la llamada segunda vuelta electoral, tan claro que no todos los países la tienen, y claro que su operación no es la misma en países con sistemas bipartidistas que en sistemas pluripartidistas, incluso si de por sí nos está doliendo el tema de los dineros, y el tema de la logística no es menor, ahora pensar en dos jornadas electorales ya nos pone a pensar, pero además, incluso si se quiere más específicamente, pensemos por ejemplo en San Luis Potosí, donde a partir de una realidad que tuvieron hace años decidieron implementar la segunda vuelta a nivel municipal, pero después de unos años más, y como consecuencia de efectos que estaba produciendo, decidieron eliminarla. Produce efectos, buenos o malos, pero al final produce consecuencias.

Otro tema, por ejemplo, es el de la financiación, y más allá de que la discusión se da en un contexto sensible, también hay modelos, pura financiación pública, o pura privada o mixta. Es cierto, hay sistemas donde no hay financiación pública, y entonces ciertamente son los militantes los que aportan, pero también los empresarios, los poderes fácticos, los poderes invisibles, las trasnacionales, y muchos otros sectores. ¿Y eso qué puede producir? Pues habrá que ver, y eso es lo que tiene que deliberarse. ¿A quién terminarán representando los políticos?

Ahora, caso y situación totalmente distinta tiene que ver con los montos de financiamiento, por lo que también hay que delimitar bien los términos de las discusiones.

Y por último también está el tema de los plurinominales. Pero aquí también habrá que ver qué nos duele, es decir, lo que no nos gusta es que sean listas bloqueadas y cerradas, pues entonces hágasele como en otros países con listas abiertas y no bloqueadas, pero valoremos la figura y no la demeritemos así porque sí.

Una sola reflexión. Nos hemos preguntado, ahora en tiempos donde se exige mayor paridad en la representación, cuántas mujeres actualmente en los congresos han logrado su acceso a través de la representación proporcional. Por eso algunos las defienden como mecanismos para garantizar el acceso a la representación política de las minorías.

Más aún, si realmente fuera mala la proporcionalidad, ¿por qué entonces hay países que prescinden de sistemas mayoritarios y son puramente proporcionales?

Entonces, ¿qué pasaría si en lugar de eliminarlas mejor las combinamos con acciones afirmativas, por ejemplo, que los espacios de representación proporcional estén reservados para jóvenes, mujeres, indígenas, o movimientos de LGBTA, o cualquier otro grupo? Ya algunos partidos políticos internamente lo hacen en México.

Así pues, lo que quiero decir con todo esto es que no es fácil hacer cambios desde los espacios de lo meramente político, si no se miran con cuidado los efectos o consecuencias, y basta ver lo que ahora estamos viviendo con nuestro sistema nacional que aún está en proceso de ajustes y desajustes. Por eso termino insistiendo: dialoguemos, deliberemos, discutamos, critiquemos y reflexionemos, pero lo más ampliamente posible y con todas las canicas puestas sobre la mesa. Al tiempo.

Correo: ihurtadomx@hotmail.com
Twitter: @nachoelectoral
Facebook: Ignacio Hurtado Gómez

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

Tiempos de deliberación democrática

La Revocación de Mandato y la SCJN

Día del democrático taco y la reivindicación de la salsa

Violencia política contra la mujer por razones de género

¿Por qué los órganos autónomos?

Reflexiones constitucionales

Repensando la democracia municipal

¡Es la cultura democrática, o la cultura política, o la de la legalidad, o la educación cívica!, ¡la que sea!

Pacto deliberativo por la UMSNH

La democracia a debate en 2018

Twitter, entre lo público y lo privado

¿Reformar por reformar lo político-electoral?

Reglas para la cancha pareja para las elecciones de 2018

Lo de hoy es ser anti establishment

La Enccívica

Sergio García Ramírez en Michoacán y los derechos humanos

¿La felicidad como derecho?

Ser hombre y ser mujer, Encuesta Nacional de Género

A 202 años de Ario de Rosales y 25 de Justicia Electoral en Michoacán

Encuesta de Cultura Constitucional

Encuesta de Cultura Constitucional

Encuesta de Cultura Constitucional

Quo vadis?

Constitución de Apatzingán de 1814

¿Un nuevo constitucionalismo para Michoacán?

Sentencias II

Democracia, transparencia y reelección

Falsas promesas de la democracia

La aceptabilidad de la derrota

Inseguridad, Palermo y cultura de la legalidad

Resiliencia social

Día del democrático taco y la reivindicación de la salsa

Debilidad institucional y exigencia social

Día Internacional de la Felicidad

Reivindicar a Ario 1815. Justicia y felicidad

La verdadera Reforma Educativa

La reelección en Michoacán

Es la impunidad…

Aula nobilis