Carlos Enrique Tapia
Migración México-EU
Francisco en el país de las apariencias
Miércoles 17 de Febrero de 2016
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El Papa Francisco inició su periplo por nuestro país el viernes pasado por la noche. El oportunismo de los políticos destacó. Es el caso del gobernador de Chiapas, aunque no se quedaron atrás otros. Vivimos en un país Estado-nación laico, donde la extrema tolerancia con la corrupta clase política mexicana no sorprende.

Mientras gobernantes y políticos usaron su posición de privilegio para acceder a Francisco, en las calles de la Ciudad de México, Ecatepec, Chiapas y Morelia –se escribe esta columna previo al viaje del Papa a Ciudad Juárez, último lugar del periplo– se arremolinaba la gente, los mexicanos, creyentes o no, para ver a Francisco.

Evangelizar no es alcanzar la gloria, tampoco convierte a nadie en funcionario o empleado de la Iglesia. Hay que actuar, transformar, intervenir.

Francisco es el representante 266 de una Iglesia católica cuestionada, vapuleada y que tiende a abrirse y cerrarse acorde con los intereses personales y las agendas políticas del Papa en función y los grupos de poder al interior de la Curia romana. Llegó a un país donde las apariencias de paz y hermandad están teñidas por la violencia y la corrupción.

Entre el sábado y el martes, en sus homilías ha lanzado llamados, acusaciones y oraciones que cuestionan, tanto el actuar de la jerarquía eclesiástica católica mexicana como de los políticos de este país. La desigualdad, la marginación, los desaparecidos, los migrantes, la violencia delincuencial, han dado motivos a cuestionamientos.

Despojo y exclusión de los indígenas son solamente una cara de hechos y procesos históricos que continúan su accionar en este país de apariencias. Las élites económicas y los políticos, ahora cobijados por las supuestas “reformas estructurales”, están profundizando el saqueo, la violencia y la depredación socioambiental.

Ahora bien, esta visita papal tiene un sello ajeno al boato y elitismo del cardenal Corripio Ahumada. En todos lados hizo presencia pero ya no como el gran impulsor. Por ello no han sido más notables las élites económicas y políticas, pero sí la gente común. En Chiapas comió con algunos indígenas, no con los actores que dicen gobernar ese estado.

Con todo, los gobiernos federal y estatales remozaron este México de las apariencias. Calles, avenidas, fachadas, estadios, sitios de todo tipo, salieron de la chistera de los recursos públicos para aparentar primermundismo, el país de los otros, mientras el Papa urgía a pedir perdón a los indígenas, a evitar su exclusión y marginación.

En Morelia, su homilía revisó el “Padre nuestro”, tomando la figura de Vasco de Quiroga, haciendo énfasis en la importancia de las vocaciones y evitar la tentación y resignación. Evangelizar no es alcanzar la gloria, tampoco convierte a nadie en funcionario o empleado de la Iglesia. Hay que actuar, transformar, intervenir.

Francisco ha sido puntual respecto a los problemas que aquejan a nuestro país: delincuencia, corrupción, narcotráfico, desaparecidos, exclusión y explotación indígena. También ha referido la soberbia, el abuso y la depredación como actos que motivan, entre las élites, la precariedad, marginación y pobreza.

Los medios han saturado el espectro radio-eléctrico con la imagen y recorridos del Papa en México, lo que funciona como una cortina de humo ante la situación que realmente se vive en el país. El país de las apariencias está siendo usado mediática y políticamente para hacer un lado esos problemas que el Papa señala constantemente en sus homilías.

En Chiapas homenajeó al obispo Samuel Ruiz García, un hombre de la Iglesia católica atacado y denostado por el anterior Papa y sus colaboradores por su trabajo por los pobres, acción reivindicada continuamente por Francisco. En Michoacán alabó a Vasco de Quiroga, quien históricamente hizo de su apostolado acción en favor de los indígenas.

Sin duda es una visita histórica, no sólo a México, sino también a Michoacán. No hay milagros, a menos que el vuelco de los medios produzca alguno; lo que sí deja es la necesidad de que la Iglesia católica realmente toque a la gente y sea tocada por la gente. Los lujos y boato deben ser proscritos. Evitar tentaciones y resignación.

Igualmente, los michoacanos, en esta demostración masiva por estar en los caminos que aún le faltan por recorrer a Francisco este día, están ante un hecho histórico que debería tocar sus corazones, su vida, para cambiar y transformar no sólo su circunstancia personal, familiar y privada, sino sacudirse la rémora de los políticos corruptos.

He ahí el significado histórico de esta visita a Morelia, a Michoacán. En opinión de este escribano, Francisco llama a concientizar, a rehacer la vida comunitaria, a tocar a la Iglesia católica, a transformar. Los cambios en la vida espiritual son lentos pero ojalá los morelianos dejen el egoísmo, la egolatría y el individualismo, por una vida comunitaria.

Obviedades. Única. Y Rodrigo Vallejo, el cuate de La Tuta, se paseó en el encuentro-misa que el Papa Francisco tuvo en el Estadio Venustiano Carranza con religiosos y religiosas. Indignante y reprobable. ¿Cuál Iglesia católica le permitió entrar a una celebración eucarística en busca de qué? No es un asunto del Papa, pero sí de sectores de la jerarquía eclesiástica que al parecer le ofrecen un manto de indulgencias y privilegios a un personaje tan cuestionado.

Sobre el autor
Antropólogo social, doctor en Historia. Colabora en Cambio de Michoacán desde 1996, con una breve interrupción en 2001-2003. Se especializa en estudios migratorios, en particular la historia y problemática actual de la migración México-Estados Unidos, Michoacán-Estados Unidos, y problemas relacionados con políticas públicas, desarrollo socioeconómico, tendencias políticas y partidistas, participación ciudadana. Por ello dedica también sus columnas a entender y analizar el rumbo social, económico, político y cultural de Michoacán y México en general, desde una perspectiva crítica y ciudadana.
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