Ramón Guzmán Ramos
La toma del cielo por asalto
Sábado 30 de Septiembre de 2017
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A comienzos de julio de 1917 se reunió en Petrogrado el I Congreso de los Soviets de Toda Rusia, cuyas sesiones duraron tres semanas. Trotsky planteó allí que no tenía sentido tratar de convertir al gobierno en una cámara de conciliación de las clases sociales. Al mismo tiempo, los bolcheviques convocaron al VI Congreso Nacional de su partido. Lenin fue acusado de ser un agente alemán y se vio obligado a ocultarse. Trotsky lo defendió. Parecía que las puertas de la contrarrevolución comenzaban a abrirse. La noche del 23 de julio Trotsky y Lunacharsky fueron arrestados y trasladados a la prisión de Kresti. En la cárcel Trotsky tomó por fin su decisión y se unió a los bolcheviques, quienes lo incorporaron directamente a su Comité Central. Mientras tanto, se produjo el segundo gobierno de coalición encabezado por Kerensky, quien nombró al general Kornílov como comandante en jefe del ejército ruso. Pero Kornílov se volvió contra Kerensky y contra la revolución. Se encargaría de encabezar la contrarrevolución de los blancos. El 4 de septiembre Trotsky fue puesto en libertad bajo fianza. Uno de los acuerdos del Partido Bolchevique fue llevar hasta las filas de los soldados una intensa campaña de agitación política para convencerlos de que se unieran a la revolución. Y fue esta agitación la que derrotó a Kerensky en sus primeros intentos de atacar a la revolución. El segundo gobierno de coalición se vino abajo. Los bolcheviques aumentaban su presencia y su fuerza en los soviets. El 23 de septiembre el Soviet de Petrogrado eligió a Trotsky como su presidente.

Lenin fue acusado de ser un agente alemán y se vio obligado a ocultarse.
Lenin fue acusado de ser un agente alemán y se vio obligado a ocultarse.
(Foto: Especial)



Los soviets se habían convertido en ese momento en un poder dual de facto. Ellos representaban los intereses históricos de la clase obrera y de la revolución socialista en ciernes. Era una situación que no se podía prolongar indefinidamente. La cuestión de la insurrección armada contra un gobierno débil, que le abría el camino a la contrarrevolución, que no estaba cumpliendo sus promesas al pueblo, que mantenía a Rusia en la guerra, se imponía como una necesidad inaplazable. Lenin propuso que fueran los bolcheviques los encargados de organizarla. Trotsky, por su parte, planteó que una insurrección tendría que ser legitimada con la participación de la clase obrera, en este caso con los soviets. La insurrección tendría que pasar por los órganos representativos del proletariado. Sinóviev y Kámenev se oponían de plano a cualquier intento de llevarla a cabo. El 9 de octubre el Soviet de Petrogrado creó el Comité Militar Revolucionario, encargado en principio de defender la ciudad ante un ataque de las guardias blancas o de los ejércitos extranjeros. Trotsky fue puesto a la cabeza de este órgano armado que habría de jugar un papel central en la insurrección.

El gobierno de Kerensky, ante la posibilidad de un ataque alemán, proponía trasladar la sede del poder de Petrogrado a Moscú. Esto dio pie a que el Soviet lo denunciara y se preparara a defender la ciudad. El camino de la insurrección se allanaba. El 16 de octubre los regimientos de la guarnición declararon que desobedecían las órdenes de Kerensky y permanecerían en Petrogrado. Sinóviev y Kámenev intentaron boicotear el acuerdo sobre la insurrección y dieron a conocer los planes en el periódico de Gorky. Lenin tronó contra ellos y exigió su expulsión del partido pero no se aceptó su propuesta. El Soviet dio instrucciones a la guarnición de que sólo obedeciera las órdenes firmadas por el Comité Militar Revolucionario.

Durante la noche del 24 al 25 de octubre Trotsky dio su “Orden número uno”: “El Soviet se encuentra en peligro; preparen al regimiento para la acción”. En las siguientes horas los soldados del Soviet se posesionaron de los principales puestos estratégicos de la ciudad y tomaron por asalto el Palacio de Invierno. Lo hicieron de manera incruenta. Sin derramamiento de sangre, el 25 los bolcheviques se habían adueñado del poder y de la ciudad. Finalmente, como lo había previsto Trotsky, la insurrección se dio a través de los soviets (aunque instrumentada por los bolcheviques, como a su vez lo previó Lenin). En vez de ministros, el nuevo gobierno estaría formado por comisarios del Pueblo. El primer compromiso de la revolución con el pueblo fue darle paz, tierra y pan. Según la concepción teórica del socialismo, que los jefes de la revolución habían sustentado desde su juventud, la propiedad nacional y en última instancia internacional, y la planificación central de la producción y la distribución, ocupaban un lugar predominante. Pero la revolución se encontró con una economía en situación de desastre, con una clase proletaria en minoría, con su atraso industrial que no ofrecía condiciones para la construcción del socialismo. Los bolcheviques, sin embargo, confiaban más que nunca en que se produjera la revolución proletaria en Europa.

Lenin propuso que Trotsky encabezara el gobierno, pero Trotsky se negó y fue el propio Lenin quien se hizo cargo de esa responsabilidad. Trotsky se convirtió en el comisario de Relaciones Exteriores de la revolución. La relación entre Lenin y Trotsky era ya una relación de mutua confianza, cordialidad y respeto, aunque no de intimidad personal. Trotsky reconocía con indudable sinceridad la jefatura de Lenin. Lo hacía sin el menor asomo de adulación y sin renunciar a su propia independencia, pero con evidente remordimiento por su pasada equivocación al subestimar a Lenin como revolucionario y como dirigente. Lenin, por su parte, hacía todo lo posible porque Trotsky se sintiera en el partido bolchevique como si siempre hubiera pertenecido a él. El nuevo gobierno era de composición bolchevique exclusivamente, pero se les abrió un espacio a los socialrevolucionarios. A la larga, sin embargo, los bolcheviques terminarían ocupando de manera hegemónica todas las posiciones del gobierno. En vez de la dictadura del proletariado, lo que estaba produciendo la revolución era la dictadura de un solo partido. Si bien era cierto que el Partido Bolchevique era el único que representaba los intereses históricos del socialismo, al quedarse solo en el escenario nacional como partido gobernante se hundía en una más de esas contradicciones que llevarían a la revolución a un callejón sin salida.

Los bolcheviques habían prometido al pueblo ruso la paz, de manera que llamaron a las naciones beligerantes a una negociación. El 27 de diciembre Trotsky acudió a Brest-Litovsk con ese propósito. El primer reproche que recibió fue que Rusia era un país atrasado y que su posición en la guerra no era nada favorable. ¿Con qué posición de fuerza acudía entonces a las negociaciones? Trotsky respondió que “la situación de un país y lo que éste representa para el mundo no se mide solamente mirando el estado en que actualmente se halla su aparato técnico, sino también por las posibilidades todas que en él se encierran”. Y ningún país podía determinar su destino mientras estuviera ocupado por tropas extranjeras. Le reprocharon también que el gobierno bolchevique se hubiera impuesto por la fuerza. Y él hizo la distinción entre una fuerza que surge del interior de una nación para determinar su destino y una fuerza externa que impone su voluntad.

El 5 de enero de 1918, sin resultados en las negociaciones, Trotsky emprendió el regreso a Rusia. El 8 de enero el Comité Central Bolchevique entró de lleno al debate sobre la paz y la guerra y la postura que el gobierno revolucionario debería asumir. Trotsky proponía que ni la guerra ni la paz, esto es, interrumpir la guerra y no firmar la paz y desmovilizar al ejército. Lenin estaba a favor de aceptar las condiciones de los alemanes y darse un respiro para reorganizar las fuerzas militares y reconstruir la economía. El 3 de marzo Sokólnikov firmó el Tratado de Brest Litovsk bajo las condiciones humillantes que impuso Alemania. Trotsky se negó a hacerlo él mismo para no estampar su firma en un documento humillante. Los bolcheviques habían llegado al poder y se proponían encauzar la revolución por la senda del socialismo. Pero las condiciones de la realidad se les mostraban adversas a cada paso. El ideal del socialismo parecía alejarse en el horizonte, aunque los bolcheviques no estaban dispuestos a abandonar el timón ni el barco mientras tuvieran fuerzas. ¿La revolución había sido prematura?, se preguntaban en su fuero interno los dirigentes. Marx y Engels habían escrito en varias ocasiones sobre el destino trágico que aguarda a los revolucionarios que llegan “antes de tiempo”. El respiro que necesitaba Lenin para emprender la reconstrucción del país fue interrumpido abruptamente por el reinicio de las hostilidades de las potencias extranjeras. Fue hasta ese momento que decidieron armar a la revolución. Trotsky fue nombrado comisario de la Guerra y presidente del Supremo Consejo de Guerra, encargado de organizar –prácticamente de la nada– al Ejército Rojo.

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