Aquiles Gaitán
Recuerdos a la luz de la luna
Martes 10 de Octubre de 2017
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La luna de octubre es una luna esplendida que nos invita a la contemplación, que nos llena los ojos de luz, que nos lleva a la reflexión, que nos hace soñar, invocar recuerdos, nadie mejor que Federico García Lorca encontró en la luna una musa inspiradora: “La luna tiene un sueño de grandes abanicos”, “juego de luna y arena”, “moreno de verde luna”, “ni los cristales de luna relumbran con ese brillo”, “su luna de pergamino”, “la luna vino a la fragua con su polisón de nardos”, “mueve la luna sus brazos y enseña, lúbrica y pura sus senos de puro estaño”, “huye luna, luna, luna, si vinieran los gitanos harían de tu corazón collares y anillos blancos”. Escribo esta noche bajo la luna llena, los recuerdos me llevan al 9 de octubre de 1956 en que Ario de Rosales dejó su categoría de “villa” para ser elevado a la categoría de “ciudad”, una nimiedad sucedida hace 61 años, a 461 años de su fundación por fray Juan Bautista Moya, cuyos restos reposan en el Templo de San Agustín, en Morelia.

En nombre de todos los arienses asesinados aquel día, sea mil veces maldito Agustín de Iturbide.
En nombre de todos los arienses asesinados aquel día, sea mil veces maldito Agustín de Iturbide.
(Foto: TAVO)

Dicen que para habar de Ario hay que vivir ahí, es cierto, pero los que nacimos ahí y ahí nos criamos, los que nutrimos nuestra cultura cívica en el pueblo liberal de franca tradición revolucionaria, tenemos además de derecho de nacencia, el derecho a pensar, decir y hacer con los principios ideológicos de nuestros padres, abuelos y antepasados; es cierto que no todos pensamos igual, pero los arienses de entonces y todos lo sabemos, en el momento de las definiciones estuvieron por la independencia, apoyaron con acciones y recursos la gesta insurgente, no olvidemos que Ario fue un centro comercial de la arriería, los arrieros jugaron un papel muy importante en las comunicaciones y el comercio de aquel tiempo, a través de ellos se movieron armas, municiones, víveres y comunicaciones; recordemos que el archivo del Congreso de Chilpancingo y del Supremo Tribunal de Ario lo transportaban arrieros de Ario cuando lo confiscaron.

Hoy estamos ante una realidad que no nos espanta, simplemente es la realidad y hay que entenderla así como es la realidad con su verdad a cuestas: Ario no tiene fuentes de empleo para tantos jóvenes que se forman en sus escuelas, todos quisiéramos tener entre nuestros hijos profesionistas, pero es una utopía, ese paradigma ya no es posible, los hijos profesionistas ya no regresan a Ario en su mayoría porque no hay empleo para tantos, pero la mente y el corazón están ahí, pensando y sintiendo como si ahí viviéramos, y hablo con el sentimiento de todos los que nacimos ahí, que no vivimos ahí y que queramos o no, somos migrantes, pero queremos a nuestro pueblo y por supuesto, su desarrollo y prosperidad; a los jóvenes del pueblo, prepárense, trabajen, ahorren, que el futuro ya no es para los mejores, es para los excelentes.

Ario, Santiago Ario, hasta el 4 de marzo de 1858 en que cambió su nombre por Ario de Rosales en honor al héroe de Calera, Zacatecas, mariscal Víctor Rosales, que vino a dar la vida por la patria en este municipio, en el Rancho de la Campana, tenencia de Urapa. En la revolución de independencia Agustín de Iturbide arrasó nuestro pueblo, lo incendió y masacró a la mitad de su población. Sus habitantes, horrorizados de las tropelías de los soldados españoles, se dieron a la fuga emigrando a distintos puntos; la fatalidad quiso que un número considerable de vecinos fuera a refugiarse a un lugar de la Hacienda de Santa Ifigenia, llamado desde ese entonces Barranca de las Ánimas por la horrible carnicería que cometieron los realistas con la gente que ahí se encontraba, no perdonando ni a los niños, quedando insepultos todos los masacrados. Otros se trasladaron a la Barranca Honda y al Cerro de la Barra, donde permanecieron algunos meses para volver después al lugar antiguo de su residencia.

Don Vicente Riva Palacio en su libro El Cerro de las Campanas describe la batalla y la tragedia: “Enviado por el virrey Calleja, se presenta en Ario el coronel Agustín de Iturbide. Los combates principian en la Calzada de Canintzio y siguen por la Calle Real, generalizándose en la plaza publica; pero la mayor parte de la lucha se concentra en los dos fortines ubicados al sur de la misma, en ambas calles laterales, sus defensores, agotada la pólvora, salen a luchar cuerpo a cuerpo… el combate prosigue en El Guajolote y termina en la Cuesta de Zintzongo.

“Los incendios se multiplicaron como la rosa de los vientos… grandes llamaradas se levantan de las construcciones que circundan la plaza, iluminando los rostros descompuestos de los ahorcados… en las calles los cadáveres dan testimonio de la cruenta lucha, en las casas reina la desolación… cadáveres sobre los que había pasado el vendaval de la rapiña y la lujuria, seres humanos que no tenían más culpa que desear ser libres…

“El orgulloso coronel realista evacuó la plaza, mejor dicho, el lugar en que estuviera asentado el pueblo, detrás del último soldado no quedaba nada ni nadie, sólo el silencio y la muerte”.

En nombre de todos los arienses asesinados aquel día, sea mil veces maldito Agustín de Iturbide.

Detallo y traigo a la memoria este episodio de la historia de nuestro pueblo para que no se olvide nunca que Ario fue un pueblo mártir y un pueblo heroico, que el ejemplo de nuestros ancestros sirva de impulso a las nuevas generaciones de arienses que tienen como reto llevar a Ario al progreso y al desarrollo; ya sabemos que sólo generando empleos e inversiones se puede ignorar. ¿Las huertas de aguacate son las solución? Ya vimos que no, todo lo contrario, porque las huertas en su mayoría no son de gente de Ario y las utilidades se van para otro lado; los ranchos los vendimos baratos para irnos a buscar la vida a otra parte. Sin embargo, existen recursos que hay que aprovechar, lo único que nos falta es organización, es imaginación, es voluntad política y esa ojalá la tenga quien gane las elecciones que se avecinan; sea quien sea, deberá comprometerse con el desarrollo del pueblo, por el rescate de lo nuestro, después de todo Ario es un municipio con territorio, pueblo, gobierno y autonomía. El pueblo pide respuestas y opciones de trabajo para que los jóvenes no tengan que irse a trabajar a otro lado, el territorio requiere simplemente orden y limpieza, requerimos una planta de tratamiento de agua y un basurero digno, todos queremos gobiernos honestos que vean por el pueblo, que le sirvan al pueblo y no se sirvan del pueblo, Ario es y será un pueblo noble y sus hijos donde quiera que estemos llevaremos su historia en la memoria y el ánimo de poner su nombre en alto.

¡Arriba Ario! Por los siglos de los siglos.

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