Sábado 14 de Octubre de 2017
A- A A+

El 28 de mayo de este año, durante una reunión del Consejo Nacional Indígena (CNI) celebrada en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, María de Jesús Patricio Martínez, conocida por todos como Marichuy, originaria de Tuxpan, Jalisco, nacida en 1963, indígena nahua y médica tradicional, defensora de los derechos humanos, simpatizante del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) desde que éste apareció en el sureste mexicano a principios de 1994, fue elegida como vocera del Concejo Indígena de Gobierno para las elecciones federales de 2018. El 7 de octubre pasado presentó su registro como candidata independiente a la Presidencia de la República ante el INE.

María de Jesús Patricio Martínez, conocida por todos como Marichuy, originaria de Tuxpan, Jalisco, nacida en 1963, indígena nahua y médica tradicional, defensora de los derechos humanos, simpatizante del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)
María de Jesús Patricio Martínez, conocida por todos como Marichuy, originaria de Tuxpan, Jalisco, nacida en 1963, indígena nahua y médica tradicional, defensora de los derechos humanos, simpatizante del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)
(Foto: Cuartoscuro)


La decisión del CNI-EZLN de participar en el presente proceso electoral con una candidata indígena generó diversas reacciones en el ámbito político y en la opinión pública. Las críticas más airadas e intolerantes fueron, curiosamente, de una parte de la izquierda institucional ubicada en Morena, y simpatizantes. Lo menos que se dijo fue que se trata de una candidatura que le hace el juego al gobierno y que tiene como propósito no confesado dividir los votos y las simpatías que pudieran generarse en favor de la candidatura de Andrés Manuel López Obrador. Las más suaves se refieren al hecho de que el EZLN ha estado ausente de la realidad mexicana cuando el país se ha quedado entrampado entre las redes de corrupción, violencia e impunidad del sistema político que nos gobierna.

Casi todos coinciden en señalar que la candidatura independiente de Marichuy no tendrá un efecto directo en la disputa real por la Presidencia de la República. La propia vocera del CNI ha asegurado que no se lanzan a una campaña a la manera tradicional, como hacen los partidos, que en cada proceso electoral se reparten las posiciones de poder de acuerdo con el peso específico que cada uno alcanza. La campaña indígena no va por votos y tampoco aspira a ocupar la silla presidencial. De manera que, afirman sus críticos, no pasará de ser una campaña de tipo testimonial, cuyo único propósito es volver a colocar la cuestión indígena en la atención de la sociedad mexicana. Aun así agregan los morenistas que no dejan de preocuparse, podría tener impacto en un porcentaje considerable de la población indígena que de otra manera se hubiera inclinado por la candidatura de AMLO.

Hay que decir que la candidatura independiente de Marichuy ha puesto de nuevo en evidencia los rasgos racistas y de odio que no han dejado de caracterizar a una parte importante de la población mexicana. No sólo se le desprecia y se le insulta en las redes sociales por ser una mujer indígena que se atreve a dejar su ámbito tradicional y se registra como candidata independiente, sino por pretender que pudiera llegar a gobernar al país. Pero no sólo las personas dan muestra de esta característica infame. Una institución bancaria, en violación flagrante de las leyes que la rigen, se negó a abrirle la cuenta que ocupaba como requisito para su registro, aunque Marichuy ha declarado que no recibirá recursos públicos. La campaña se habrá de financiar con los recursos que aporten las comunidades del CNI.

Los partidos políticos con registro tienen una visión muy peculiar de lo que son las elecciones en nuestro país. A ellos sí les importan los votos porque formalmente son los que otorgan los triunfos tan peleados. En teoría, el voto ciudadano tiene este poder. En los hechos, sin embargo, sabemos que los propios partidos han devaluado e infamado el voto de los ciudadanos hasta niveles inconcebibles. Los enormes recursos económicos que reciben los usan para ponerle precio al voto, para emprender campañas de odio y engaño, para comprar funcionarios de casilla y alterar las cifras en la parte del proceso donde sea posible, y para sembrar confusión y temores entre amplias capas de la población. En el sistema político que tenemos, el voto, como cualquier otra mercancía, se puede comprar, regatear, deformar, clonar, desaparecer. A final de cuentas, la presencia del votante en las urnas es sólo para darle legalidad al engaño, a la manipulación y al fraude.

No es el tipo de voto, por cierto, al que la candidatura indígena apelaría. Tampoco el camino lleno de lodo y de infamia que recorren los partidos a la hora de hacerse pedazos –y hacer pedazos al país– por el poder. Es otra la visión y la intención del CNI-EZLN al participar en esta coyuntura política. Ellos aprovechan una vía institucional para demostrar desde allí mismo que es obsoleta, que no funciona –si es que alguna vez lo hizo– en interés de la sociedad. Los partidos políticos organizan y movilizan a sus seguidores exclusivamente para los tiempos de guerra sucia electoral. El propósito de la candidatura indígena es el de emprender un amplio movimiento que sirva para mostrar las realidades que padece la gente marginada y despreciada de este país, y para demostrar, al mismo tiempo, que hay una salida de emancipación que la propia gente puede construir desde abajo en la medida que se mueve y se organiza.

Es a ras de suelo como se va construyendo el poder de los pueblos y las comunidades, como se unifican y se organizan los que han tomado conciencia de la necesidad de salir a luchar por un mundo diferente. Ellos apelan a la voluntad y la conciencia de cada persona, de cada comunidad, de cada sector de la sociedad con que entran en contacto para establecer un diálogo franco, auténtico, real. Su palabra dice lo que expresa su pensamiento, su corazón, lo que se mueve en las entrañas de su realidad. No es la palabra despojada de contenido que usan los políticos tradicionales para engañar, para engatusar, para manipular voluntades y conciencias. Ellos se proponen cambiar la naturaleza del voto. Del voto individual, aislado, pasivo, manipulable, ellos han pasado al voto como conciencia activa, como una entidad colectiva que se mueve en la tierra y en la historia con un sentido definido.

Ellos no esperan al día de los comicios para saber quién será el que gobierne al país de la misma manera que hasta ahora. Lo que hacen es construir un tipo de gobierno propio, autónomo, emanado de las entrañas mismas del movimiento. Es el Concejo Indígena de Gobierno, que se va constituyendo con concejales que son electos directamente en asambleas de los pueblos y comunidades que se integran. Marichuy es la vocera. No puede ser, como curre de este lado de la realidad, la que todo lo decide y sobre la que se concentran todos los poderes. Ha de ser, por eso, un gobierno en permanente formación y bajo una vigilancia estricta. Bajo una visión así no importa tanto qué ocurra en las elecciones de 2018. Un sector importante de la población mexicana ha demostrado que es posible construir un poder desde abajo, que incluya a todos.

Me parece que esta campaña reivindica, asimismo, una bandera que se hallaba tirada en el suelo. La bandera de la moral y la ética de quienes descubren que no se puede luchar por un destino distinto si no se camina con la verdad por delante. Es a fin de cuentas lo que esta campaña le muestra al país: cómo unirse, organizarse y moverse por cuenta propia para salir del infierno en que nos encontramos y levantar nuevas estructuras de participación que nos contengan a todos.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

Independentistas

La naturaleza del poder

Marichuy

La revolución en su laberinto

La toma del cielo por asalto

Una dictadura disfrazada

En defensa propia

Normalistas

Por la candidatura presidencial

Una utopía menor

La hora de Comala

El segundo más violento

Conflicto en Bachilleres

Arantepacua en el corazón de Bachilleres

Opacidad

Ingenuidad

Bono de fin de año

Frente amplio electoral

El socialismo irreal

País en vilo

Del pasmo a la resistencia

CNTE: Un balance necesario

Ícaro y el arrebato del vuelo

Y retiemble en sus centros la Tierra

Gobernabilidad cuestionada

El hombre como un ser erróneo

Adolescentes embarazadas

Rechazados

La necia realidad

¿Cuántas veces última?

La vuelta a clases

El enfoque crítico en educación

El Diablo no anda en burro

La imaginación y la subversión de la realidad

Entre la incompetencia y la demagogia

Educación para la vida

Las trampas del diálogo

Diálogo

El profesor Filemón Solache Jiménez

La mujer es la esclava del mundo

Culpables, aunque demuestren lo contrario

Razón de Estado y Estado sin razón

La amenaza y la represión como oferta de diálogo

Albert Camus y el mito de Sísifo

Albert Camus y el mito de Sísifo

El oficio de escribir y la emergencia de la realidad

Los brazos de Sísifo

Ayotzinapa: Tiempo funeral

La cultura al último

Estado de excepción

Cherán y su rechazo al Mando Único

Sección XVIII: El congreso inconcluso

C e s a d o s

Reminiscencias

Sección XVIII de la CNTE: El poder que desgasta

El amor en la boca del silencio

El amor en la boca del silencio

Francisco superstar

Partir de cero y quedarse allí

Comisionados sindicales

Cómo distraer a un país

Que paguen los que siempre pagan

El debate por la cultura

Democracia sin oposiciones

Normalistas de Michoacán: Las otras tortugas

Colectivos pedagógicos

Evaluación con policías y leyes a conveniencia

La violencia nuestra de todos los días

La suerte de Renata

La piedra de Sísifo

Contra la imposición

Ícaro y el arrebato del vuelo

La culpa la tiene el pueblo

El fin de las utopías

Congreso Estatal Popular de Educación y Cultura

La era de Pandora

El otro debate

La estrategia del endurecimiento

Yo soy 132

Evaluar para sancionar

Célestin Freinet

En busca de Jorge Cuesta

Iniciación a la lectura

Cherán y su relación con los partidos

Deslinde

Encuentros

Una vida

Después de la oscuridad