Rafael Mendoza Castillo
Escribir, ¿para qué?
Lunes 18 de Abril de 2016
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Las Fotomultas
Las Fotomultas
(Foto: Disse)

Alguien escribe para expresar una emoción, un sentimiento. Otros escriben para denunciar una injusticia, describir una situación social o explicar un fenómeno de la naturaleza. También se escribe para narrar algo de la conciencia, de lo real externo o de las acciones, comportamientos que manifiestan los seres humanos. Así, la escritura es una invención humana y gracias a ella nos instalamos en la memoria histórica (olvidar y recordar).
Muchas veces se escribe para decir una mentira, una verdad, o también para ocultar o reprimir algo. Nunca se escribe para nada, siempre es para algo, ya sea consciente o inconsciente. Toda escritura tiene un sentido y un significado. Estos últimos establecen mediaciones con el mundo sociohistórico y natural.

En lo personal, me gusta escribir para preguntarle al mundo, al orden donde nací, donde vivo, con la finalidad de incomodarlo. Con la idea de develar su sentido, su orientación, hacia dónde se encamina, qué quiere, qué desean los grupos o clases dominantes. Pero también, qué desean las clases subordinadas o explotadas. Se puede escribir para ocultar el interés privado de los dominantes, o también colocarse en el interés común de las clases subalternas. El que elige, se elige.

No existe escritura pura. Se observa que escribir no es un acto humano neutral o carente de intenciones. Me inclino a decir que la escritura se inscribe en una relación social o forma social, que intenta liberar o subordinar toda escrituración acerca del mundo. A veces el autor y su escritura reproducen las reglas y mecanismos del orden constituido (escritura reiterativa). Y, en otros casos, el autor y su escritura entran en desacuerdo con dichas reglas (escritura disruptiva). Se puede escribir para la libertad o para seguir siendo esclavos.

En este momento histórico vivimos o sobrevivimos en una relación social liberal, neoliberal, capitalista, la cual busca la acumulación desmedida de las ganancias del capital; es decir, le apuesta al valor de cambio, del excedente o plusvalía. Lo humano se coloca como un medio para alcanzar lo anterior. Es indudable que no existe un determinismo o causalidad de esa forma social sobre la escritura y su autor dado que existen mediaciones como percepciones, acciones, representaciones, conceptualizaciones que permiten emanciparse o identificarse con la formación social vigente.

Lo anterior permite la condición de libertad para negar cualquier orden social que produzca desigualdades sociales, esclavitud, corrupción, impunidad, torturas, represiones, como lo es el actual sistema y régimen político prianista. Pero también existe la condición del conformismo de continuar sosteniendo el orden social vigente.


Una escritura puede incomodar una conciencia, una realidad o una acción, y encaminarlas hacia la liberación de una represión, violencia, esclavitud, de explotación.

Pero si la escritura y su autor se colocan en una relación de conocimiento ante el mundo de la conciencia, de la acción y de la realidad con un sentido de rebeldía, de crítica, de coraje, de inconformidad, en la creencia de que existen otras opciones de futuro, entonces, el hacer acontecer es posible y el dejar hacer pierde terreno.

Es cierto que la escritura no es un reflejo mecánico de la relación social capitalista o de cualquier otra forma social, pero tampoco es correcto afirmar que aquella es ajena al mundo donde se escribe o se habla. Además, decir que la escritura es pura. El lugar de conciencia, de objetividad y de acción, donde se coloca el que escribe, produce un tipo de relación de conocimiento acerca del mundo.

Así, tenemos escritores que dejan el mundo como está y otros que desean transformarlo. Unos ocultan verdades, ocultan la relación de explotación, con lenguajes mentirosos, engañosos, y otros usan lenguajes para desenmascarar las “verdades históricas “ del poder de dominación y explotación vigente.

Recordemos que los lenguajes de la conciencia, el lenguaje de la acción y los lenguajes de la realidad, forman parte de la constitución del mundo humano, histórico, social, cultural (exocerebro) y se inscriben en una totalidad, es decir, se dialectizan (contradicción). Sin embargo, el poder y el capitalismo corporativo, mediático, empresarial, militar, policiaco, los fragmentan, los separan, los parcializan.

De ese modo, el capitalismo y sus escritores, locutores, en prensa, radio, televisión, le apuestan al subjetivismo, al pragmatismo o al objetivismo. En el primer caso, la creencia por encima del objeto; en el segundo, la práctica repetitiva donde todo vale, y en el último, el objeto domina. En estos casos la verdad se fragmenta, el espectador se confunde. De eso se trata el juego del robo y el despojo.

Por último, deseo invitar el pensamiento de Mario Benedetti: “Tuve la impresión de que asistía a un patético canto de cisne del escritor puro. Para bien o para su mal, el escritor latinoamericano (acaso como consecuencia de sus cateos en profundidad, de su sensibilidad especialmente entrenada, de sus intuiciones en permanente confrontación) no puede ya cerrar las puertas a la realidad, y si ingenuamente procura cerrarlas, de poco le valdrá, ya que la realidad entrará por las ventanas”. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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