Martes 17 de Octubre de 2017
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Entre la corrupción y la perversidad la diferencia es de centavos, o de pesos, o de miles o de millones; entre corrupto y perverso hay un solo paso, ese llamado cinismo. Creen que nadie lo sabe, que nadie sabe dónde escondieron un cadáver si dejaron un chorreadero de sangre, que nadie sabe que eran pobres y hoy son inmensamente ricos, que viven en mansiones, que se transportan en coches de lujo y viven con ostentación de su riqueza. Desde los videos de aquel personaje que se hizo humo y nada, llamado Ahumada, de El Señor de las Ligas y su liga con la secretaria de Desarrollo Territorial y Urbano tránsfuga del PRD, los Duartes y demás calaña, la Casa Blanca y la de Malinalco, hasta las blancas palomas de la parroquia michoacana que se dicen aves que cruzan el pantano y no manchan su plumaje, nadie es culpable de nada.

De que están ricos, están ricos, ¿de dónde salió la riqueza? Jurídicamente pueden estar bien, contablemente pueden estar bien, pues se les califica de corruptos, no de tarugos; la extorsión convenenciera, el cohecho convenenciero, esos aparentemente no dejan huella, más que el reguero de sangre. La corrupcioncilla de los tránsitos, el Registro Civil, los policías, etcétera, son propinas al burócrata mal pagado que se atienen a los usos y costumbres hasta que los corren y no pasa nada, el que venga atrás que arríe. ¿Cómo le vamos a hacer para cambiar las condiciones en las que se da la corrupción pues el corrupto forma parte de ellas? Las obras públicas y las adquisiciones de bienes y servicios son, en los tres niveles de gobierno, los campos a establecer el cerco moralizador. Hay que explicar y enseñar cómo organizar el gasto público, la actual Ley General de Contabilidad Gubernamental y el marco normativo de la transparencia y la anticorrupción no son suficientes. Hay que debatir, cuestionar, proponer un mejoramiento continuo; hay que explicar y enseñar su contenido, a la burocracia propiamente dicha y a quienes llegan cada vez que cambia un gobierno del nivel que sea, finalmente es un trabajo burocrático de registro contable y estadístico que ayuda indiscutiblemente a su control, pero no lo acaba.

Creen que nadie lo sabe, que nadie sabe dónde escondieron un cadáver si dejaron un chorreadero de sangre, que nadie sabe que eran pobres y hoy son inmensamente ricos, que viven en mansiones, que se transportan en coches de lujo y viven con ostentación de
Creen que nadie lo sabe, que nadie sabe dónde escondieron un cadáver si dejaron un chorreadero de sangre, que nadie sabe que eran pobres y hoy son inmensamente ricos, que viven en mansiones, que se transportan en coches de lujo y viven con ostentación de
(Foto: TAVO)



La corrupción sigue su marcha, forma parte de la cultura de los pobres que quieren ser ricos, de los ricos que quieren ser más, del oportunista que extorsiona en la desgracia, del que cohecha para la cosecha. ¡Qué le vamos a hacer si la vida es así! Pero queremos un cambio y para eso tenemos que tener coherencia y ser efectivos, tampoco vamos a escribir la historia de la corrupción porque sería una obra monumental que para nada serviría más que para recordar la ignominia de los hombres públicos proclives a la rapiña y a la adoración del becerro de oro.

Andan buscando una persona que ocupe la dirección del sistema anticorrupción, quieren un ciudadano de alma pura, que no haya estado en ningún gobierno. ¿No sería mejor que se buscara uno que supiera todos los recovecos de la administración pública? Pero esperemos, analicemos los resultados a corto y mediano plazo y evaluemos los mismos. ¿Que no es suficiente la Auditoría Superior de la Federación?, ¿que no es suficiente la Auditoría Superior de Michoacán? Pues fíjese que no, a pesar de que son tantas las auditorías y tantas las observaciones, los alcances, la profundidad y las revisiones, no son suficientes para revisar el marco normativo, más los dobleces y los holanes que de él derivan, agregue usted los limitados recursos destinados para ellos, más el componente político de la integración de las plantillas del personal. Hoy se habla de la evaluación del desempeño como se habla de la prevención del delito, la educación ambiental o la cultura. Se escucha bien, su significado es noble pero sus resultados magros, ¿por qué?, por su imprecisión, por su falta de acciones claras y concisas, porque el tamaño de los gobiernos implica un órgano de supervisión, evaluación, fiscalización del tamaño de los mismos.

No basta saber si dos más dos son cuatro, ¿quién evalúa las reformas estructurales?, ¿a dónde vamos por ese camino?, ¿ese camino es el correcto?, ¿la educación pública es la adecuada?, ¿optamos por la tecnificación o la educación humana libre y racional?, ¿el Mando Único sirve para algo?, ¿el intervencionismo del gobierno federal resuelve los problemas de la inseguridad?, ¿la ineficiencia y el importamadrismo son formas de corrupción? Debemos encontrar nuevas formas de discutir nuestros problemas, nuevas formas de organización. Los partidos están orientados a lo electoral, la Universidad sumida, ¡a sus 100 años!, en su tragedia sindicalista y asistencialista; los municipios, con ayuntamientos aislados de los ciudadanos. ¿Qué hacer?, ¿quién organiza la discusión o el diálogo?

Enfrentar la corrupción, enfrentar la delincuencia, enfrentar la destrucción del medio ambiente, enfrentar la ineficiencia, implica un cambio de la realidad social, cultural y política que no está si no en nuestras manos, es decir, en nuestras acciones, en la participación de los ciudadanos en cada municipio en comités de defensa rural y urbana contra la delincuencia, en comités de defensa por el medio ambiente, en comités de defensa cultural, en comités de defensa ciudadana que cuiden desde sus territorios sus propios intereses, ¿y cuáles son sus territorios?, pues sus tenencias y colonias, los lugares donde viven, entonces sus municipios se verán fortalecidos. Con municipios fuertes tendremos un estado fuerte, con municipios débiles tendremos un estado débil; avanzamos, es cierto, hacia adelante, pero no sabemos si este camino nos lleva a alguna parte o si adelante hay un abismo.

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