Alejandro Vázquez Cárdenas
Tomar decisiones. No todos pueden
Miércoles 18 de Octubre de 2017
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Un funcionario, un gobernante, está obligado a tomar decisiones. Puede que no le agraden o que éstas sean impopulares, eso no importa, es su obligación y para eso le pagan. No es alternativa quedarse paralizado o minimizar el problema, eso es de cobardes. Al tomar posesión del puesto juró “cumplir y hacer cumplir la Constitución”.

Repetiré un relato, contado en otra entrega, aclarando que ignoro si la historia es verídica, pero de que es altamente ilustrativa, sí que lo es. Un profesor universitario les planteaba todos los años a sus alumnos un dilema moral: “Imaginemos –decía– que usted es un gobernador británico en India, en tiempos del Imperio, y que recibe una información acerca de que en unas horas se va a producir algo que era bastante común en el siglo XIX, el sacrificio humano de una mujer a manos de una secta. Tiene tropas a mano pero hay poco tiempo para una operación preventiva, y sabe que si envía a los soldados se producirán muchos muertos entre la secta, ya que resistirán con ferocidad y saña. ¿Qué haría usted?”.

Manifestación normalistas FNLS
Manifestación normalistas FNLS
(Foto: Carmen Hernández )

Contaba el profesor que los alumnos que se presumían "de izquierda", mayoritariamente se resistían a tomar una decisión. La respuesta habitual que daban era que, en primer lugar, los británicos no tenían nada que hacer en la India. Esa y otras respuestas por el estilo eran la mejor solución para no tener que hacer lo que más temían: tomar una decisión concreta.

El error de estos abstencionistas morales es bien claro: no podemos elegir las condiciones en las que tenemos que tomar nuestras decisiones. Sería ideal, pero lamentablemente no podemos. Las condiciones nos vienen impuestas. Si un experto nadador ve a una persona que se está ahogando en un mar embravecido, puede tomar dos decisiones: arrojarse por él, arriesgando la vida, o considerar que el riesgo de muerte es muy grande y por lo tanto decidir no hacerlo. Lo que no se puede hacer es justificar la inacción con el argumento de que, en primer lugar, la persona que se está ahogando no debería estarse bañando en ese lugar. Se debe tomar la decisión con las condiciones que hay, no con las que nos gustaría que hubiera.

Esa falta de valor se observa más de lo quisiéramos en nuestro país en el manejo de esa infinidad de problemas que agreden a nuestra sociedad y nadie ha querido resolver. Para el ciudadano común es inaceptable el temor que muestran los responsables de aplicar la ley al querer disfrazar su miedo como prudencia. Evitar tomar una decisión dura o dolorosa queriendo justificarse con el sobado argumento de que "en este momento no se dan las condiciones" no es más que una claudicación moral y una cobardía absoluta.

La mayoría de las veces no es fácil tomar decisiones, pero ese es precisamente el trabajo de los funcionarios; hay que elegir la alternativa más adecuada aceptando las circunstancias como son, no como nos gustaría que fuesen. La táctica del avestruz ignoro si les sirva mucho a los avestruces, pero a los humanos jamás nos ha servido de nada.

¿Cuántas veces hemos visto crecer un problema por no atenderlo a tiempo? Situaciones que bien manejadas inicialmente con la simple aplicación de la ley se podrían haber resuelto a un costo mínimo, por miedo se dejan crecer hasta evolucionar a prolongados y severos conflictos con costos y pérdidas importantes. Ejemplos en México hay muchos y en Michoacán tenemos bastantes, el más visible en estos días es la absoluta impunidad con que se mueven y delinquen las hordas de agresivos “normalistas” y los integrantes de esa espectral y delirante organización autodenominanda Frente Nacional de Lucha para el Socialismo (FNLS). Es evidente que estas agrupaciones no se manejan solas, alguien con suficientes recursos los está manipulando para descarrilar las remotas posibilidades de una candidatura a la Presidencia del actual gobernador Silvano Aureoles. Y el C. gobernador ha mandado la señal de que los delincuentes pueden tranquilamente hacer lo que les dé la gana. Equivocadamente alguien de los altos niveles de gobierno piensa que serán calificados como “represores” si aplican la ley, pero aplicar la ley no es represión.

Si se desea terminar con eso deben cumplir la ley e ir tras los que manejan los hilos, aunque sean de su mismo partido o de su aborto, Morena. El gobernador y su grupo saben quiénes son. Recuerden, el miedo es un pésimo consejero.

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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