Jerjes Aguirre Avellaneda
Los mexicanos: ¿por qué luchar?
Viernes 20 de Octubre de 2017
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¿Cuáles son las motivaciones, las realidades, ideas y los principios en los que creen los mexicanos? La respuesta revela un vacío de convicciones y la ausencia de un proyecto nacional, de soberanía y vigencia de la justicia, reconociendo el derecho de todos a una existencia con satisfacciones y dignidad.

Hoy:
-Ya no se cree en la historia puesto que ha sido abandonada en el olvido.

-La pérdida de la soberanía se ha vuelto una práctica cotidiana.

-Ya no se cree en la democracia como gobierno del pueblo y para el pueblo.

-Tampoco se cree en el gobierno como representante de todos los intereses de la sociedad.

No hay en el horizonte un modelo, un sueño, un conjunto integrado de valores, que sean capaces de movilizar la fuerza de las grandes mayorías nacionales. En la cotidianeidad se disuelven los rumbos, perdiéndose la conciencia de lo que son y quieren ser los mexicanos.

México está registrando los efectos de la aplicación del modelo neoliberal. Lo que vive es el resultado de entregar la conducción del país a los intereses empresariales internos en alianza con los intereses trasnacionales
México está registrando los efectos de la aplicación del modelo neoliberal. Lo que vive es el resultado de entregar la conducción del país a los intereses empresariales internos en alianza con los intereses trasnacionales
(Foto: Cuartoscuro)



La inmediatez y los problemas de coyuntura sacrifican lo importante y trascendente. Por eso conviene reflexionar en torno de cuestiones como las siguientes:

-¿Cuál es el saldo para México de su proceso democrático? ¿Es más independiente y soberano? ¿Cuáles han sido los errores? ¿Qué debe hacerse para corregirlos?
-¿Es suficiente la alternancia para abatir la pobreza y ampliar las oportunidades?
-¿Hay prosperidad con seguridad para el futuro?
-¿Se ha fortalecido la dignidad y el orgullo nacional?
-¿Se practica la democracia con conciencia de la libertad para elegir entre opciones?

Las respuestas podrían conducir a la urgencia de encontrar caminos nuevos, convenciendo a las mayorías de su papel como hacedoras de su propia historia. La democracia no es el sistema de manipulación mediática, tampoco es una mercancía que se puede vender al mejor postor. No tiene equivalencia en dinero, como tampoco es negocio para empresarios y ricos, es la forma de vida que preserva a la nación y otorga libertad consciente a los ciudadanos.

México está registrando los efectos de la aplicación del modelo neoliberal. Lo que vive es el resultado de entregar la conducción del país a los intereses empresariales internos en alianza con los intereses trasnacionales. Las grandes energías nacionales han sido subordinadas a los intereses privados. Las oportunidades y la movilidad social se han clausurado para los más. No hay salidas visibles y permanentes a la pobreza de las mayorías.

El sistema electoral mexicano se ha ciudadanizado pero los ciudadanos han sido despolitizados. Los partidos políticos producen candidatos leales a los intereses de pequeños grupos de modernos caciques o empedernidos caudillos. Las voluntades electorales se manipulan con el uso de los medios masivos de comunicación sustituyendo la propuesta social por la “imagen mediática”.

La honradez en el ejercicio del gobierno, en todos los niveles, debe estar vigilada por el ejercicio del derecho revocatorio como corresponde a una democracia con el más amplio y permanente poder ciudadano.
Asimismo es un imperativo de amplio reconocimiento la facultad del Estado para condicionar, limitar e inclusive suprimir la posibilidad de que los medios masivos de comunicación distorsionen la realidad, manipulen la conciencia colectiva y promuevan la enajenación desnacionalizadora.

Las organizaciones de los trabajadores urbanos y rurales han sido mediatizadas en su papel de grandes fuerzas históricas. La pobreza rural y urbana es cada vez mayor. Los misérrimos salarios, junto a la gran acumulación de ganancias, origina la gran desigualdad de este tiempo.

Un pueblo sin el control de sus recursos energéticos es un pueblo necesariamente dependiente de intereses ajenos. El petróleo y la electricidad han sido históricamente factores esenciales en el desarrollo independiente de México. Por su propia naturaleza, el manejo de estos recursos es incompatible con el interés privado. Por eso tanto el petróleo como las diferentes fuentes de energía deben recuperarse para el total dominio de la nación con administraciones nacionales que además de la honradez y transparencia nunca pierdan el rumbo de servicio a la misma nación.

Respecto de la educación pública, debe protegerse de las veleidades de gobernantes estatales y liberarla de la inercia de la burocracia sindical. Descentralizada no logró superar el atraso que sufre en la mayoría de las entidades. La descentralización en materia educativa como se practica ya no es defendible.

Al mismo tiempo, el laicismo del Estado mexicano debe mantenerse íntegro, sin concesiones a pretexto de la libertad religiosa de los creyentes. La libertad de creer de cada mexicano es inobjetable, pero de ahí no debe pasar al nivel de práctica política.

Aparte sigue estando el problema de la tierra, que como patrimonio de los campesinos no puede darse por perdido a causa de la derrota que sufrieron por la agresión salinista que destruyó la organización ejidal y comunal. Sigue siendo plenamente viable el desarrollo rural sustentable en el aprovechamiento y conservación de los recursos a partir del trabajo organizado de los propios campesinos, a la vez que se corrige la injusticia histórica con los pueblos indios, aceptando su aspiración a vivir de acuerdo con sus raíces culturales, democráticas y populares.

La salud pública debe entenderse como una prioridad de vida con investigación científica, presupuestos suficientes y apoyo político. Ningún enfermo abandonado, como tampoco ninguna muerte por enfermedades curables. La salud en un derecho básico de los mexicanos, independientemente de edad, sexo, condición social e identificación política o religiosa.

Es obligación irrenunciable el cuidado del medio ambiente. Demasiado ha sido el daño provocado al suelo, la vegetación, la diversidad animal y el clima. Los procesos de desertificación continúan, los bosques se eliminan y diferentes especies animales se extinguen. Los climas se alteran y la contaminación del agua y del aire, del conjunto del medio ambiente están revirtiéndose contra la misma población. La sociedad entera necesita intervenir en el cuidado y conservación de su medio ambiente, poniendo en práctica todas las medidas que este propósito requiera.

Evidentemente el patriotismo y el nacionalismo se disuelven y la identidad propia tiende a desaparecer. Hoy por hoy los entusiasmos nacionales son inexistentes, el gran proyecto nacional ha sido sustituido por el crecimiento del producto interno bruto, el ingreso per cápita, los tipos de cambio, las tasas de interés y las ganancias bursátiles, como criterios tecnocráticos que los poderosos sustentan como incuestionables porque así protegen sus privilegios y su dominio.

La lista de los pendientes es amplia y debiera representar el contenido fundamental de las preocupaciones para el año que viene. El futuro del país no puede verse como simple “grilla” “para hacer como que se cambia”, sino como oportunidad de cambios verdaderos para la fortaleza de México.

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